SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.26 número30PresentaciónPresentación de la entrevista a Manuel García Pelayo: preliminary words índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Articulo

Indicadores

  • No hay articulos citadosCitado por SciELO

Links relacionados

  • No hay articulos similaresSimilares en SciELO

Bookmark

Politeia

versión impresa ISSN 0303-9757

Politeia v.30 n.30 Caracas ene. 2003

 

Reseña histórica de la revista Politeia 
A review of Politeia


Diego Bautista Urbaneja



   La aparición del primer número de la revista Politeia, en el año 1972, marca una de las dos grandes expresiones del proceso de maduración que, bajo la dirección del maestro Manuel García-Pelayo, venía teniendo lugar en el Instituto de Estudios Políticos de la Universidad Central de Venezuela. La otra expresión, de la cual no nos ocuparemos aquí más que muy brevemente, es la fundación de la Escuela de Estudios Políticos, que se añade en ese año a la Escuela de Derecho para dar lugar a las dos escuelas de las cuales se compone la actual Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas, antes conocida simplemente como Facultad de Derecho de la UCV.

   El Instituto de Estudios Políticos había sido fundado en 1958, bajo la dirección del ya prestigioso profesor español Manuel García-Pelayo, cuyo libro Derecho constitucional comparado, publicado en 1956, era referencia fundamental de los estudios de derecho constitucional en varios países latinoamericanos, y desde luego en Venezuela. Se pone en marcha, bajo la batuta del destacado intelectual, un proceso de formación de un grupo de jóvenes profesionales de vocación académica del país que, provenientes de otras ramas universitarias, se adentran en el conocimiento de las modernas ciencias políticas y sus diversos ámbitos de aplicación. Abogados, historiadores, internacionalistas, sociólogos, ingresan así al Instituto, para especializarse en alguna rama de las ciencias políticas, y a familiarizarse con su situación para el momento y sus tendencias más dinámicas. Juan Carlos Rey, Humberto Njaim, Graciela Soriano, Hans Leu, Haydée Farías, Maruja Delfino, José Brito González, en una primera camada, y un poco más tarde, Alphonse Dietmann, Hernán La Riva, Andrés Stambouli, Ricardo Combellas, Pedro Martínez, Freddy Vivas, María Elena Araujo, y quien esto escribe, reciben el beneficio de estudios en importantes universidades extranjeras y/o el privilegio de contar con la tutoría personal del eminente don Manuel, para conformar la base docente e investigativa de las ciencias políticas del país, o de la parte de ellas que tienen su centro en la Universidad Central de Venezuela.

  Ese proceso, mayormente silencioso a lo largo de una década, estalla en la década de los setenta. Ya el Instituto había venido publicando la importante revista Documentos, valioso acervo documental del acontecer político y jurídico-constitucional, nacional e internacional, pero es con su revista anuario Politeia, que el Instituto da a conocer por primera vez, en forma notoria y a partir de allí regular y sistemática, la capacidad analítica y el tipo de conocimiento que en él se había estado fraguando.

   Poco después, en 1973, se funda la Escuela de Estudios Políticos, en muy buena medida por los investigadores del Instituto, que añaden ahora la docencia a la labor investigativa y formativa. De allí surgen los politólogos graduados en la UCV, que forman hoy por hoy una de las principales canteras de los profesores e investigadores que dan vida a la disciplina de la ciencias políticas en el país, tanto en la UCV como en otras universidades venezolanas.

  Politeia, a lo largo de los treinta años de trayectoria que ahora celebramos, ha sufrido una serie de transformaciones que sirven para mostrar el proceso de maduración de la ciencia política en el país.

  Recuerdo muy bien el alborozo con el que fue recibido el primer número. Había un gran esmero en el diseño de la portada, que hasta tenía la propiedad de un gracioso efecto visual, según uno moviera el volumen de la manera requerida. Ese esmero se mantuvo durante los primeros números del anuario, cuyas portadas tenían un fondo negro sobre el cual se superponía un atractivo dibujo que hacía de cada uno de esos primeros números un bello ejemplar. Esto dio luego paso a un diseño más uniforme, impersonal y, si se quiere, más discreto, del tipo que ahora conocemos. Rescato en la memoria el hecho de que la aparición de cada número del anuario era en aquellos años un acontecimiento de gran significación para los miembros del Instituto, y lo contemplábamos entusiasmados como una preciada muestra de un valioso proceso irreversible.

  En cuanto al contenido de aquellos primeros números, se refleja en él lo que era la actividad intelectual del Instituto y de sus diversas secciones: ciencia política, historia, relaciones internacionales... Se trata de un contenido heterogéneo, de gran calidad y donde se ve, más que en las etapas posteriores, la orientación universalista, histórica y en cierto modo inclinada a la erudición que daba al Instituto por aquellos tiempos la impronta del profesor García-Pelayo, así como la etapa formativa, de acumulación inicial en la que se encontraba. Para poder hablar de caudillismo, para lo cual habría tiempo, era necesario tener primero un pleno dominio de lo que fue el feudalismo. Pero ya en aquellos números iniciales aparecen trabajos que serán clásicos de la politología venezolana, como el de Juan Carlos Rey sobre el sistema de partidos venezolano, aparecido en el primer número de la revista.

   Más tarde, pero todavía dentro de esta que podríamos considerar primera etapa de la revista, aparecen trabajos de la profesora Farías, de Brito González, Pedro Martínez, Andrés Stambouli, Ricardo Combellas, Humberto Njaim, del autor de estas líneas, entre otros, que constituyen aportes importantes y duraderos –varios de ellos ya clásicos– al conocimiento de la historia política y del sistema político venezolanos.

   Esto se señala para dar cuenta de una preocupación por aplicar los conocimientos que se van adquiriendo en la política nacional, al tiempo que se mantiene y atiende una temática más universal y de contenido fuertemente histórico.

   Un par de números de Politeia merecen especial mención: el 3 y el 4. La merecen en el sentido de que están basados en dos seminarios realizados en el Instituto, uno sobre la sociedad científico-tecnológica y el otro sobre el pluralismo. Es de señalar la experiencia de una estrecha vinculación entre la actividad colectiva del Instituto y su principal publicación anual.

   La tendencia que se hacía sentir, aunque fuera de forma muy sutil, era hacia una cada vez mayor orientación hacia temas nacionales y hacia enfoques cada vez más politológicos, con menor presencia de la historia o de la filosofía política. Ya para los números 7 y 8 de la revista es claro el predominio de la temática nacional. Esto se acentúa cuando toma la dirección del Instituto de Estudios Políticos Juan Carlos Rey, en el año 1979. El Instituto se compromete con un proyecto colectivo diseñado por el nuevo director, proyecto llamado Eficiencia y Eficacia en el Sistema Político Venezolano, Efiven, que aunque de discutibles resultados en sí mismo, marca una reorientación explícita de las actividades del Instituto en los sentidos antes señalados.

   Politeia refleja esa reorientación en curso. Tanto el Instituto como su anuario ponen en un segundo lugar la historia y la filosofía para engancharse prioritariamente con formas más estrictas de politología. Eso mismo ocurre en otros centros académicos dedicados a la ciencia política, que empiezan a desarrollarse en otros lugares del país. Refleja así el estado de la ciencia política venezolana, una ciencia política cada vez más politológica y cada vez más orientada al estudio de los problemas y del acontecer político del país, siguiéndolo en ocasiones de manera muy ceñida, como en el caso de los números 9 y 13, dedicados a las elecciones de 1978 y al sacudón del 27 de febrero de 1989, respectivamente.

   Para adquirir una mayor madurez e intensificar sus relaciones con el resto de la actividad académica del país, la revista perfecciona gradualmente sus procesos de selección de colaboraciones. Igualmente, desarrolla sus relaciones con otros centros académicos, sobre todo –pero no sólo– del país, dedicados al cultivo de las ciencias políticas. Ello se expresa en una procedencia más diversa de los autores y en una ampliación de la temática con la que se aborda el análisis del sistema político venezolano. Esto es lo que el actual lector de Politeia puede constatar al examinar el contenido de los volúmenes que lleguen a sus manos.

   Esto contrasta con el carácter mucho más “hecho en casa” de los primeros números. En ellos era muy alta la proporción de trabajos elaborados por miembros del Instituto o de académicos de muy alta calidad muy vinculados a él. Recordemos el caso, tanto por lo inolvidable de su persona como de su altísimo calibre académico, de Carlos Guerón. También las relaciones académicas personales del Diector del Instituto o de otros miembros de él, jugaban su papel en la publicación en el anuario de trabajos de autores no pertenecientes al Instituto. La calidad de los trabajos se daba por descontada –y en efecto, era por lo regular claramente satisfactoria– y, en todo caso, la decisión de si alguno no calzaba los puntos necesarios para figurar en el producto estelar del Instituto quedaba en manos del Director y de sus principales colaboradores.

   En tal sentido se puede tal vez decir que la actual Politeia está más en conexión con el estado general del conocimiento político y con la cultura política del país, que lo que lo estaba la Politeia de los primeros años. En sus primeros años, aquella revista hablaba un lenguaje desconocido, por decirlo así. Por ejemplo, el artículo pionero de Rey sobre el sistema de partidos aplicaba enfoques analíticos que casi nadie conocía. Apenas en 1976 –y excúseseme la referencia personal– ponía yo al alcance de los venezolanos el recién aparecido enfoque en el campo de la historia de las ideas políticas, de lo que luego se conocerá como la Escuela de Cambridge. Graciela Soriano desarrollaba los conceptos iniciales de toda una nueva área en formación: la de las formas políticas. Mucho, en fin, de lo que en aquellas Politeia se decía, era verdaderamente nuevo y sobresaliente. Era el momento de trazar las coordenadas y los paradigmas iniciales de una disciplina que no existía en el país. Hasta no hacía mucho, ciencia política venía a ser en Venezuela algo así como derecho constitucional, situación expresada en el hecho de que lo que hoy se gradúa con el título de Abogado se graduaba con el título de Doctor en Ciencias Políticas. Pero la aparición y continuidad de cosas como Politeia y de escuelas y posgrados de estudios políticos en varias universidades del país a lo largo de la década de los setenta, cambia esa situación, que hoy por hoy es completamente distinta. Existen miles de politólogos en el país. Varias revistas de ciencias políticas de calidad se publican en varias de las principales universidades y personas como Alfredo Ramos Jiménez despliegan una intensa y encomiable actividad editorial en ese campo. Hay, pues, una comunidad dialogante que le permite a Politeia participar e involucrarse en un mundo que antes poblaban muy pocos más.

   En tal sentido, el número 11 de la revista, correspondiente al año 1982, marca un cambio que vale la pena subrayar. En él se hacen presentes de manera significativa los aportes de la primeras promociones de politólogos graduados en la Escuela fundada pocos años antes. Aparecen allí trabajos de Ángel Álvarez, Reinaldo Wulff, Luis Salamanca, Miguel Vanderdijs, Carlos Romero. A partir de allí, la presencia de los nuevos politólogos del país en la revista será un dato constante, como era natural que ocurriera.

   De todos modos, la revista mantiene una pluralidad temática, que siempre abre la posibilidad de una fuerte presencia de trabajos históricos y de una perspectiva más universal, que se constata con examinar los índices de los números correspondientes a una etapa de mayor maduración de la ciencia política en el país. Siempre está abierta la puerta para cambios de juego: el número 20 se dedica de un todo al tema del personalismo político latinoamericano, a partir de un conjunto de seminarios conducidos por la profesora Graciela Soriano. Es que al intentar hacer la historia de Politeia, no estamos hablando de una trayectoria lineal, ni que responda de manera uniforme a criterios dominantes en las distintas etapas de su trayectoria. Por otra parte, cada director del Instituto pone algo de su impronta en la revista, sin que pueda decirse que la sucesión de directores responda a alguna lógica distinta a la de los méritos individuales de cada director. La cadena Rey-Njaim-Combellas-Álvarez-Salamanca no dibuja el desarrollo acumulativo de una tendencia intelectual específica.

   A partir del año 1999, Politeia pasa de ser una publicación anual a ser una publicación semestral. Ello le da más agilidad y la posibilidad de abordar más temas e incluir una gama más amplia de autores. Es actualmente una edición pulcra, ágil, sometida a procesos formales de selección de colaboraciones, que se lee con gran provecho. Es la culminación normalizada de una meritoria trayectoria, que resulta en el alto prestigio del que goza y ha gozado. Valga señalar que el número 26, correspondiente al primer semestre del año 2001, estuvo dedicado a conmemorar los 25 años de la aparición de uno de los libros más importantes e influyentes del fundador de Instituto de Estudios Políticos y de su revista Politeia, Manuel García-Pelayo: el ya mencionado y clásico Derecho Constitucional Comparado.