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Politeia

versión impresa ISSN 0303-9757

Politeia v.30 n.38 Caracas jun. 2007

 

Suárez Figueroa, N. (2006). Punto Fijo y otros puntos. Los grandes acuerdos políticos de 1958. Caracas: Fundación Rómulo Betancourt. Serie Cuadernos de Ideas Políticas Nº 1. 91 p.

LO IMPOSIBLE, POSIBLE

El Pacto de Punto Fijo no ha tenido suerte histórica, y no mucha como tema de investigación en la ciencia política. Destacan algunos trabajos como el de Arroyo Talavera (1988), Guevara (1989), López Maya (1989), Rey (1989), Vallés (1995) y Álvarez (1996), pero los estudios realizados acerca de este importante acuerdo político mayormente tienen un sentido histórico. Describen cómo se llegó a la firma del acuerdo el 31 de octubre de 1958.

El trabajo de Suárez Figueroa no es la excepción; sigue la línea histórica. Sin embargo, su aparición y la manera en que el autor describe las fases que hicieron posible el pacto, merecen que el tema de los acuerdos políticos –y el de Punto Fijo en particular, pero desde otra perspectiva– tengan renovada vigencia en la investigación politológica venezolana.

El historiador comienza su ensayo al afirmar que “Hay una historia por escribir de Venezuela que podría tener como designio esencial investigar la manera como han hecho acto de presencia en ella dos modos contrapuestos de conducta político-social: la concertación y el enfrentamiento” (p. 5). Y más adelante agrega, “(...)Las etapas de unidad nacional han sido más bien excepcionales. Y que, para desgracia de muchas generaciones de venezolanos, a lo largo de ese tiempo se construyó una suerte da ancho cementerio que encierra los cadáveres de las oportunidades perdidas para el diálogo, el acuerdo, y la cohesión, elementos sobre los cuales habrían podido cimentarse regímenes políticos que aportaran para el país a un tiempo paz, libertad, y progreso”.

En su ensayo, Suárez Figueroa destaca los aspectos que hicieron posible la concertación, al mostrar los elementos del pacto y del programa mínimo de gobierno (firmado el 6-12-58), y cómo los diferentes actores –principalmente los políticos– fueron configurando las condiciones para llegar a sendos acuerdos. La principal lección que se saca de lo reseñado por Suárez Figueroa es que, al menos desde el punto de vista histórico, lo que hizo posible al Pacto de Punto Fijo fue un gran consenso nacional –el llamado “espíritu del 23 de enero”– centrando en superar lo que para esa generación era la causa principal del atraso venezolano: la inestabilidad política. Ese consenso no sólo era político, sino cultural: todos los sectores –incluyendo los comunistas, como lo documenta Suárez Figueroa en su texto– coincidían en un proyecto de modernización para Venezuela.

El legado de Punto Fijo no puede medirse en términos del programa mínimo, el cual, por cierto, se cumplió en sus objetivos estructurales (creación de Pdvsa, institucionalización de las FAN, nacionalización de los recursos energéticos, creación de una industria pesada básica nacional, educación masiva y de calidad, alternabilidad en el poder, infraestructura nacional, estabilidad económica, promoción de la salud, urbanizar, impulso a la cultura), sino en su principal aporte al país: la paz social, atributo que para la Venezuela de 1958 era un lujo. Hizo de lo imposible, lo posible.

Punto Fijo no puede –ni debe– ser revivido. Cumplió su etapa. Sí hay que revivir el espíritu que lo animó. Es la conclusión a la que se llega al finalizar las páginas del ensayo de Suárez Figueroa.

Venezuela vive hoy tiempos de enfrentamiento. Una diferencia fundamental con la época de Punto Fijo no es solamente que no hay consenso sobre cuál proyecto de país es el más adecuado, sino que la propuesta que hoy gobierna busca romper con las bases de lo que Germán Carrera Damas denomina el “proyecto nacional”. La élite social venezolana del siglo XX confeccionó un concepto que hizo posible agregar las diferentes ideologías políticas: el Estado democrático y social de derecho (EDSD. La Constitución de 1999 agregó, luego de “derecho”, la palabra “justicia”). Este concepto fue la constante del proyecto democráticoliberal impulsado por la Generación del 28, cuya primera expresión política fue el Programa de Febrero (1936). Había diferencias en los métodos –“de arriba hacia abajo” o “de abajo hacia arriba”– pero no en el principio: un país moderno.

Los diseñadores de Punto Fijo no enfrentaron lo que hoy vive la sociedad venezolana: la ruptura de sus bases programáticas, al buscar sustituir el EDSD por el Estado socialista, tal como lo definió la propuesta de cambios a la Constitución sancionada por la AN el día 2-11-07. La diferencia es que el EDSD fue producto del acuerdo –es lo que demuestra Suárez Figueroa– pero el Estado socialista es producto de una imposición presidencial. Nunca se ha definido y, por sus acciones, parece acercarse más a las experiencias del socialismo estalinista del siglo XX.

¿Cómo reencontrarse en un país ya no dividido por cuestiones de método, sino por motivos principistas? ¿Cómo construir acuerdos cuando un “nuevo” modelo de Estado pretende imponerse? Venezuela es hoy una sociedad más compleja, cuantitativa y cualitativamente. También, es un país dividido en sus concepciones de lo que es el proyecto nacional. ¿Es posible una conciliación? Los artífices de Punto Fijo no afrontaron esta interrogante. No eran los principios los que estaban en juego, sino los métodos. Hoy no hay acuerdo ni en los principios ni en los métodos. ¿Habrá paz social en la Venezuela del futuro?

Esta interrogante revela una carencia del trabajo de Suárez Figueroa: examinar las voces disidentes del pacto y del programa mínimo. No era el objetivo del autor abordar esta discusión, pero la realidad del momento que vive Venezuela lo obliga. Porque los acuerdos del futuro van a nacer a partir del disenso, no del consenso, como fue el caso de Punto Fijo. Tal vez Suárez Figueroa nos sorprenda en el futuro con un estudio en este sentido. Un punto de partida para ese acuerdo del futuro, puede ser la idea de “democracia consoncional” (Lijphart, 1996).

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

1. ÁLVAREZ, A.E., coord. (1996). El sistema político venezolano: crisis y transformaciones. Caracas: UCV.

2. ARROYO TALABERA, E. (1988). Elecciones y negociaciones: los límites de la democracia en Venezuela. Caracas: Pomaire/Conicit.

3. GUEVARA, P. (1989). Concertación y conflicto. Caracas: Universidad Central de Venezuela.

4. LIJPHART A. (1996). “The puzzle of Indian democracy: A consociational interpretation”. American Political Science Review, 90, 258-268.

5. LÓPEZ MAYA, M. (1989). De Punto Fijo al Pacto Social: desarrollo y hegemonía en Venezuela (1958-1985). Caracas: Fondo Editorial Acta Científica Venezolana.

6. REY, J.C. (1989). El futuro de la democracia. Caracas: IDEA.

7. VALLÉS, O. (1995). Los antecedentes programáticos del Pacto de Punto Fijo. Proyectos de consolidación democrática. Politeia, nº 15, 289-302.

Profesor Ricardo Sucre

Escuela de Estudios Políticos y Administrativos,

Universidad Central de Venezuela