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Boletín de la Sociedad Venezolana de Espeleología

versión impresa ISSN 0583-7731

Bol. Soc. Venezolana Espel. v.37 n.37 Caracas dic. 2003

 

ESTUDIO DE LOS CONTEXTOS CULTURALES DE LA CUEVA DEL CAÑO ORE, EDO. BOLÍVAR

Alicia GALARRAGA1,2, Maritza GARICOECHEA2, María Gabriela MONTOTO1, Franz SCARAMELLI3,4 y Kay TARBLE1,3

1Universidad Central de Venezuela, Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, Escuela de Antropología, Departamento de Arqueología, Etnohistoria y Ecología Cultural, Caracas 1053. Venezuela.

2Universidad Central de Venezuela, Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, Escuela de Antropología, Departamento de Antropología Física, Caracas 1053. Venezuela.

3 University of Chicago, Dept. of Anthropology, Chicago, IL 60637, USA.

4Sociedad Venezolana de Espeleología, Departamento de Antropoespeleología. Apartado 47.334, Caracas 1041A, Venezuela.

RESUMEN

La Cueva Caño Ore, ubicada en el Orinoco medio, estado Bolívar, contiene una variada gama de manifestaciones arqueológicas incluyendo pinturas rupestres, cerámica, hoyuelos y entierros. El análisis estilístico de la cerámica y de las pinturas permite establecer la utilización esporádica de la cueva desde hace dos milenios. Por su parte, los entierros corresponden al período republicano (última mitad del siglo XIX). El análisis de los entierros revela diferentes prácticas mortuorias, tanto primarias en fardos, como secundarias en cestas de carga o cacures. Se pudo determinar, a través de un estudio de las patologías dentales y óseas, aspectos sobre la dieta y las enfermedades sufridas por uno de los individuos enterrados en la cueva.

Palabras claves: arte rupestre, cerámica, osteología, paleopatología, prácticas mortuorias.

ABSTRACT

Study of the cultural contexts in the Caño Ore Cave, Bolívar State.

The Caño Ore Cave, located in the Middle Orinoco region, Bolívar State, contains a variety of archaeological remains including rock art, pottery, shallow grinding basins, and burials. The stylistic analysis of the ceramics and rock art points to a sporadic utilization of the cave over the past two millennia. The burials, however, date to the Republican Period (latter half of the Nineteenth Century). The analysis of the burial contexts reveals two types of burial practice: primary burials in funerary bundles made of bark strips and secondary burials in basket carriers or cacures. Osteological and dental evidence was recorded for one of the individuals, allowing inferences as to age at death, sex, diet and pathologies.

Key Words: rock art, ceramics, osteology, paleopathology, burial practices

Recibido en enero de 2004

INTRODUCCIÓN

En el Orinoco Medio se han localizado un gran número de cuevas de particular interés antropoespeleológico, en vista de su variado contenido cultural que incluye arte rupestre, entierros, cerámica, lítica, y otras evidencias de utilización humana. En trabajos anteriores se han publicado los resultados de las prospecciones realizadas en la zona, con descripciones de las características generales de estos abrigos, y su contenido cultural. (Ver Catastro SVE 1996; Perera, 1971; Perera, 1991; Scaramelli, 1990; Scaramelli, 1992; Scaramelli & Tarble, 1993a; Scaramelli & Tarble ,1993b; Scaramelli & Tarble, 1996; Tarble & Scaramelli, 1993a; Tarble & Scaramelli, 1993b; Greer, 1995). También se han clasificado los contextos espeleológicos y culturales, con énfasis en consideraciones estilísticas y funcionales (Tarble, 1991; Tarble & Scaramelli 1999). Sin embargo, hasta el momento, se han realizado pocos análisis en profundidad de contextos específicos (Perera & Moreno, 1984). En un esfuerzo de remediar esta situación, en julio 2002 se llevó a cabo una visita a la Cueva Caño Ore (SVE Bo.68), con la finalidad de recabar información detallada sobre los restos culturales allí encontrados, desde la perspectiva de la arqueología y de la antropología física. En este informe haremos una presentación de los resultados en tres secciones. En la primera, se ofrece una descripción de la cueva como contexto arqueológico, donde se exponen los detalles sobre el contenido cultural y la descripción de la disposición espacial de las evidencias.

En la segunda sección, se describen las pinturas rupestres halladas en la cueva. En vista de la variedad de estilos pictóricos presentes, se describen las pinturas, tomando en cuenta los atributos tecnológicos de las mismas, así como de su ubicación dentro del contexto parietal. También se presenta una descripción de los contenidos formales de los motivos, y se analizan las características estilísticas que podrían informar sobre la cronología de las mismas. Se hace una comparación con los estilos ya establecidos para el Orinoco por Greer (1995) y con las variaciones estilísticas de las pinturas rupestres localizadas en la cueva del cerro Gavilán, donde la estudiante tesista María Gabriela Montoto está realizando un análisis estilístico detallado.

En la tercera sección del trabajo, enfocada desde la perspectiva de la antropología física, se ofrece una descripción de los contextos funerarios y la identificación de los restos óseos de dos de los entierros depositados en la Cueva Caño Ore. Se describen las características de los huesos a fin de determinar la edad, sexo y patologías presentes. Este análisis se enmarca en un estudio más amplio de la estudiante tesista Alicia Galarraga, supervisado por la Prof. Maritza Garicoechea, sobre los cambios en la dieta ocurridos en la población local a raíz del contacto europeo.

RESULTADOS

Descripción de la cueva y de los restos culturales

La cueva se localiza al norte del río Parguaza y al sur del río Caripo, a poca distancia de la carretera Caicara/Puerto Ayacucho. Se desarrolla en un afloramiento de granito rapakivi de forma dómica de unos 70 m de altura, próxima al caño Ore. La cavidad se ubica a 40 m de altura sobre la llanura basal (Foto 1, ver reverso de portada). Su acceso presenta cierta dificultad, pero desde la boca del abrigo puede observarse un panorama amplio (Foto 2, ver reverso de portada). La cavidad está constituida por un abrigo o cueva larga, con pendiente hacia el interior que se desarrolla sobre una cornisa. Tiene 58 m de ancho, 2.5 m en su parte más alta y una profundidad máxima de 12 m hacia su interior, desde la línea de goteo, y un poco menos desde el borde de la cornisa (Fig. 1). En un punto posee un pilar de roca que genera una especie de galería lateral y finaliza en un estrechamiento impracticable. Posee también una ligera pendiente en sentido longitudinal que determina un desnivel máximo de 3 m entre sus extremos E y W (CEN -Bol. Soc. Venezolana Espeleol. 30,1996:76-77).

En la cavidad, en la proximidad del punto D2 (Fig. 1), se encuentran 5 entierros humanos dispuestos en 4 fardos y 1 catumare (cesta de carga), además de restos óseos adicionales que yacen dispersos en una grieta entre bloques al lado del punto 43 (Idem.). En casi toda la extensión del techo del abrigo se presenta una amplia variedad de pinturas, aproximadamente desde el punto D1 hasta el punto D2.

El catumare y los restos óseos asociados a él se colocaron sobre una gran piedra en cuya superficie se presentan unos hoyuelos o depresiones en forma circular, aparentemente realizados por medio de abrasión. Estos hoyuelos son frecuentes en las cuevas de la zona, y deben haber sido utilizados para amolar algún tipo de sustancia (Cruxent, 1967). Sin embargo, no hallamos ningún rastro de contenido, ni de pigmento ni de otro tipo, que pudiera aclarar su utilización. Entre los Mapoyos, la tradición oral señala su uso como lugares donde "los españoles pisaban oro" (Von der Osten 1946 y notas de campo de Scaramelli de 1998). El único artefacto lítico hallado en la cueva consiste de un fragmento de una mano realizada a partir de un canto rodado; podría haberse utilizado como amolador en estos hoyuelos.

Asociado a los entierros Nos. 1 y 4, hallamos un bol de cerámica de manufactura industrial y un tiesto con impresión de cestería de manufactura local. Encontramos otros fragmentos cerámicos en el piso de la cueva, hacia la pared trasera, en el sector cercano al punto D1 (Fig. 1). Estas piezas corresponden a varios estilos cerámicos descritos para la zona; se encuentran muy fragmentadas, y se hallan dispersas en la superficie entre las pequeñas piedras que forman el piso de la cueva (Foto 3, ver reverso de portada). A continuación, describiremos los materiales según las características de pasta, decoración, forma y posible afiliación a estilos o series ya establecidas para la zona (Fig. 2). Se han agrupado las piezas en 6 grupos, según sus características. En la Fig. 2 ilustramos los bordes y las formas reconstruidas. Es interesante anotar que las formas corresponden mayormente a boles abiertos, lo cual sugiere que no hayan tenido un uso como urna funeraria, tal como las descritas para otras cuevas en la zona (Perera, 1971; Perera & Moreno, 1984).

 

Descripción de los restos cerámicos

1. Serie: Saladoide, Fase Ronquín Sombra (Roosevelt, 1981) o Estilo Cotua (Cruxent & Rouse ,1958)

Desengrasante: arena fina/mediana, abundante, de tamaño uniforme y distribución homogénea en la pasta

Textura: arenosa, friable

Color: superficie: 2.5YR 4/2; núcleo: 2.5 YR 5/6

Cocción: oxidación completa. Posible ambiente de reducción al finalizar la cocción, dado el color oscuro de la superficie en comparación con el núcleo

Tratamiento de la superficie: pulido; se observan las estrías dejadas por el guijarro utilizado como instrumento pulidor

Decoración: incisión de línea ancha en estado semi-endurecida, dispuesta en banda de líneas paralelas con líneas divisoras curvas, sobre la superficie de la pestaña en un bol abierto (Fig. 2-A). Los surcos incisos presentan restos de pintura rosada (7.5R 5/6), probablemente aplicado post-cocción, dada la poca adhesión a la superficie y la textura friable de la pintura. En otro tiesto se aprecian líneas anchas sobre la superficie (Fig. 2-B) sin relleno de pintura

Formas: Bol de boca abierta con pestaña engrosada en forma triangular, revertida

Nº de tiestos: 7

2. Serie: No establecida, similar a la Alfarería E definido para el sitio de Agüerito (Zucchi et al., 1984)

Desengrasante: arena muy fina

Textura: dura, poco friable

Color: 5YR 4/2

Cocción: bien cocida, pero en ambiente de reducción. Sonido claro al chocar

Tratamiento de la superficie: pulido

Decoración: no presenta decoración

Formas: no determinadas

Nº de tiestos: 2

3. Serie: No establecida. Coincide con los materiales que definen el Estilo Caripito (Falconi, 2003)

Desengrasante: caraipé, compuesto de pequeños trozos de corteza de árbol carbonizados y triturados

Textura: suave

Color: 7.5YR 6/3; 7.5YR 7/3

Cocción: oxidación incompleta; los núcleos son grises, mientras las superficies se presentan más claras. Cocción a bajas temperaturas, sonido sordo al chocar

Tratamiento de la superficie: Pulido, pero presenta pequeños huecos donde se han desprendido fragmentos del desengrasante

Decoración: una base presenta impresión de cestería (Fig. 2-D)

Formas: no determinadas

Nº de tiestos: 4

4. Serie: Valloide (Tarble & Zucchi, 1984)

Desengrasante: arena abundante en tamaños variables, poco homogénea en su distribución

Textura: friable

Color: 5YR 6/6

Cocción: oxidación completa o parcialmente oxidada; en ocasiones los núcleos son más oscuros

Tratamiento de la superficie: alisado

Decoración: no se presenta

Formas: vasija de boca cerrada, labio engrosado internamente, ligeramente saliente (Fig. 2-C)

Nº de tiestos: 7

5. Serie: Cerámica refinada tipo "Perlada"

Desengrasante: no se aprecia

Textura: vidriado

Color: blanco. Evidencia de cobalto en la cobertura vidriada acumulada en las depresiones de las bases; este es un rasgo típico de la cerámica perlada, probablemente de origen inglesa del siglo XIX (Deagan, 1997).

Cocción: a alto fuego, pero no porcelanizado

Tratamiento de la superficie: recubierto con capa vidriada transparente

Decoración: decoración en bandas de anchura variada, bajo el vidriado, en la superficie exterior del bol (Fig. 2-E). Bandas pintadas realizados a mano sobre cubierto, técnica de stencil, flores rojas sobre banda amarilla, delineado con líneas finas en negro (Fig. 2-F).

Formas: una taza con asa y plato tipo "té"

Nº de piezas: 2

6. Serie: Cerámica refinada, "White Ware", tipo "banda y línea"

Desengrasante: no se aprecia

Textura: vidriado con estrías finas en la superficie ("crazing")

Color: blanco

Cocción: a alto fuego, pero no porcelanizado

Tratamiento de la superficie: recubierto con capa vidriada transparente

Decoración: decoración en bandas pintadas, color vino tinto, de anchura variada, bajo el vidriado, en la superficie exterior e interior del bol, cercana al labio (Fig. 2-G)

Formas: una bacinilla

Nº de piezas: 1

Comentarios

La presencia de cerámica tan variada sugiere que la cueva fue visitada por diferentes grupos a lo largo del tiempo. Cronológicamente, podemos inferir un uso del recinto por parte de grupos neo-indios (conocedores de la tecnología cerámica, y probablemente agricultores) desde el primer milenio antes de Cristo, según fechas arrojadas para la cerámica del estilo Ronquín Sombra de la serie Saladoide (Zucchi et al., 1984; Roosevelt, 1981). Algunos autores no aceptan estas fechas tan antiguas para la cerámica saladoide del Orinoco medio (Evans, Meggers et al. 1959; Vargas-Arenas, 1981; Barse, 1989). Según estos autores, la antigüedad de la cerámica de este estilo podría ubicarse en los primeros siglos de nuestra era (0-350 d. C.). La presencia de cerámica asociada a la serie Valloide sugiere el uso de la cueva en el período precolombino tardío (entre 1000-1500 d. C.), justo antes del contacto europeo, y posiblemente hasta entrado el siglo XVIII, cuando todavía se encuentra este tipo de cerámica en la secuencia local (Scaramelli & Tarble, 2000a). La alfarería con desengrasante de caraipé también es tardía en la zona. Tiene sus comienzos en el Alto Orinoco en el período precontacto (Evans, Meggers et al., 1959; Barse, 1989) y aumenta su popularidad durante el período colonial en el Orinoco Medio, para convertirse en la alfarería más frecuente del período republicano (Falconi, 2003; Scaramelli & Tarble, 2000a). Aún en la actualidad, el caraipé es el tipo de desengrasante preferido por las ceramistas locales.

En cuanto a la cerámica importada, podemos asignarle al período republicano. La cerámica "perlada" comienza a finales del siglo XVIII, pero se hace más popular a comienzos del XIX y es reemplazada gradualmente por la "white ware" a mediados de ese siglo.

Descripción y Análisis de las Pinturas Rupestres

Llama la atención la cantidad de pinturas rupestres que se encuentran a todo lo largo del techo y la pared trasera de la cavidad, abarcando una extensión de aproximadamente 17 metros, y presentando combinaciones de tonos rojos y blancos en motivos monocromos y bicromos.

No tenemos criterios confiables para asociar los entierros a las pinturas rupestres presentes en el sitio, dado que no disponemos de fechas para las pinturas. Sólo podemos señalar que existe una concentración de motivos pintados en el sector donde se ubican los entierros, ya sea porque escogieron ese sector para depositar los fardos, por ser el área más practicable y por presentar las pinturas ya elaboradas, o porque se pintaron algunos de los motivos como parte del ritual funerario.

El registro de las pinturas se hizo a través de la fotografía digital, la cual permite una mayor amplitud en las posibilidades de manejo posterior de la imagen para su estudio. La toma de las mismas se realizó comenzando por la zona noroeste, donde se hallan pinturas rojas monocromas, tanto en la pared, como en el techo y la cornisa. Luego se hizo el relevo de la zona noreste, donde observamos pinturas en color blanco, rojo y blanco/rojo, ubicadas en su mayoría en el techo, agrupadas y cercanas a la zona donde se encontraron los enterramientos (Fig. 1)

En la zona noroeste de la cueva se encuentran pinturas que solamente presentan tonos de color rojo. Se hallan figuras, aparentemente antropomorfas, a lo largo de la pared trasera, próximas al punto D1 (Fig. 1); mientras que las figuras que se encuentran en el techo y la cornisa son, en su mayoría, zoomorfas, con representaciones de lagartijas, peces, tortugas y monos. En este sector, también se observan cruces delineadas y cruces múltiples delineadas en grupos de 3 ó 4.

En cambio, es en la zona noreste de la cueva donde se encuentra la mayor variedad cromática en las pinturas, predominando las figuras geométricas tanto en color rojo, en color blanco, como en la combinación de ambos. Resalta el hecho de que las figuras parecen desplazarse, como en una línea imaginaria, desde el punto D2 (sitio mortuorio), hasta culminar en una figura realizada en color blanco, muy compleja y cuidadosamente elaborada (Foto 4, ver reverso de portada) cercana a la línea de goteo. Dicha figura, así como la mayoría de las pinturas de la zona, podría asociarse con elementos sagrados o rituales, que podrían formar parte de las actividades mágico-religiosas propias de los grupos que habitaron y habitan la zona del Orinoco Medio (Colantoni & Delgado, 1992; Monod, 1970; Scaramelli, 1992; Tarble & Scaramelli, 1999).

Greer (1995) ha propuesto una cronología para las pinturas rupestres de la zona, definida en 6 períodos. Con base en esta periodización y en las observaciones hechas en la Cueva del Cerro Gavilán (SVE Bo.77), se puede decir que existen pinturas claramente reconocidas como pertenecientes a los períodos 4 y 6. Otras pinturas presentan rasgos que podrían sugerir su asignación al período 2 y 3. Sin embargo, discutiremos a continuación las dudas que surgen con estas asignaciones.

Los atributos que nos permiten ubicar temporalmente las pinturas de la Cueva Caño Ore son principalmente el color, el trazo, los contenidos formales, y la posible identificación de motivos. Los períodos comprendidos entre el 1 y el 4 son denominados por Greer (1995:112) como la fase monocromática, presentando diversos tonos de rojo, tal como observamos en las pinturas de la zona noroeste. Por su parte, los períodos 5 y 6 son denominados fase multicolor, e incluyen combinaciones de rojos y blancos, así como otros colores. Las pinturas con estas características en el Caño Ore se concentran en la zona noreste (Cuadro 1).

Según Greer (Ibid.), en el período 2 se observan figuras monocromas rojo claro y medio, a base de Bixa orellana (onoto), y púrpuras, con base desconocida hasta ahora, pero se presume sea también vegetal. Son comunes las figuras de trazo fino, realizadas con un dedo, bien ejecutadas, de tamaño mediano a grande y con ausencia de superposición. Algunos motivos suelen ser geométricos, pero predominan los animales terrestres, principalmente lagartijas, y peces (que pueden confundirse con los del período 4); las figuras humanas se presentan alargadas y realizadas a partir de líneas concéntricas (que también se encuentran en el período 1 y ofrece dudas para el período 4). De esta manera, tenemos a las figuras, aparentemente humanas, ubicadas en la pared trasera de la cueva, en la zona noroeste, como pertenecientes, posiblemente, al período 2, así como los peces y las lagartijas que se ubican hacia la línea de goteo.

Siguiendo en esta misma zona, en el techo, cercanas a la línea de goteo, y en la cornisa, están presentes las pinturas que consideramos pertenecientes al período 4. Las pinturas de este período se distinguen por ser monocromos, básicamente dos tonos de rojo, ambos de origen vegetal; uno rojo medio a base de Bixa orellana (onoto), y otro rojo oscuro a base de Arrabideae chica (chica). El trazo de estas figuras es, generalmente, de fino a moderadamente grueso, realizado con el borde del dedo o con la punta de una vara o rama, de tamaño pequeño y/o mediano, siendo rara la superposición. Existe gran diversidad en los motivos, los que aparecen de forma individual; se desarrolla una figura humana más elaborada, diseños geométricos, animales terrestres como lagartijas y monos, peces y cruces delineadas, sencillas y múltiples (Greer, Ibid.) En la Cueva Caño Ore se observan, como correspondientes al período 4, dos grupos de tres cruces de delineado sencillo, cada una; lagartijas pequeñas; un grupo de tres monos que se desplazan sobre una línea; y una posible tortuga. No se observaron figuras humanas elaboradas, aunque en la zona noreste existe una posible figura humana que podría corresponder a este período, así como algunas pinturas poco definidas (Foto 5, ver reverso de portada).

Siguiendo a Greer (Ibid.), el período 6 se distingue por pertenecer a la fase multicolor, caracterizado por el uso de los colores blanco, amarillo, rosado (rojo claro brillante), y, más tarde, el negro y marrón oscuro. La mayoría de estos colores se obtienen de arcillas como la caolinita (de color blanca), y de las otras arcillas de la zona; en el caso del negro, se obtiene del carbón; el marrón proviene de la resina conocida como caraña que puede ser de la Protiumcarana o Bursera simaruba (Ibid. pp. 255). El trazo de las figuras de este período es tanto fino como grueso, y puede ser tanto burdo como bien definido. El tamaño puede variar entre figuras pequeñas y algunas relativamente grandes, y las superposiciones son lo más común. Los motivos son principalmente geométricos, humanos con accesorios y diseños de pinturas corporales; no se han observado con seguridad peces o cruces asociados a este período.

Las pinturas que se observan en la zona noreste de la cueva Caño Ore están ubicadas en el techo y son, en su mayoría, figuras geométricas, blancas, rojas y algunas blancas delineadas en rojo, interna o externamente. Existen algunas figuras muy difíciles de identificar, en rojo, y algunas que parecen representar algún tipo de adorno corporal, práctica ésta muy común entre los grupos de esta zona. La figura que más resalta es la que se halla cercana a la línea de goteo, la cual consiste en una figura geométrica monocroma blanca, de gran tamaño y complejidad, que posee un trazo medio bien ejecutado. La posibilidad de que algunas de estas pinturas pertenecieran al período 3, surge de la presencia de motivos ejecutados con los colores rojo y blanco en combinación. Sin embargo, los contenidos formales no se corresponden al período 3, más sí con el período 6 (Foto 6, ver reverso de portada).

Greer (1995:316-317) ha propuesto una asociación de las pinturas correspondientes a los diferentes períodos con los grupos humanos a los cuales puede atribuirse la ejecución. Para el período 2 se piensa en grupos precerámicos de cazadores-recolectores, y podrían datar de 2500-2000 a.C. El período 3 corresponde a grupos Saladoides tempranos, alrededor de 1500-1000 a.C.; y grupos Saladoides tardíos y hacia el final del período, con la influencia de grupos Barrancoides, entre 1200-350 a.C. El período 4 corresponde, asimismo, a grupos Saladoides y se estima una ubicación cronológica entre 2100-350 a.C. El período 6, por su parte, se encuentra bajo la influencia de grupos Arauquinoides alrededor de 600-1600 d.C. Por lo tanto, en vez de pensar en estos períodos como linealmente sucesivos, habría que pensar en un solapamiento de los períodos 3 y 4, correspondientes a un mismo lapso de tiempo.

Tenemos, entonces, claramente identificadas, las pinturas pertenecientes a los períodos 4 y 6. Consideramos que hay menos seguridad en la asignación de las pinturas al período 2, por ser éste, en primer lugar, un período considerado precerámico, y, en segundo lugar, por no presentar una figura que definitiva y claramente se asocie a él. Asimismo, no contamos con los elementos formales que permiten la definición inequívoca de las pinturas pertenecientes al período 3; y, al estar éstas solapadas con las pinturas identificadas con el período 4, nos inclinamos a asignarlas a este último (Cuadro 1).

Si bien el trabajo de Greer permite proponer diferencias temporales entre los estilos pictóricos presentes en esta cavidad (Caño Ore), es importante dejar abierta la posibilidad de establecer otras superposiciones y asociaciones cronológicas en la zona. La ausencia de cronologías absolutas para las pinturas, y las controversias existentes sobre la datación de las series cerámicas, obliga a tomar cualquier propuesta cronológica para la zona como transitoria. Por otro lado, se están desarrollando trabajos en la cueva de cerro Gavilán que muy probablemente permitan avances importantes en la periodización de las pinturas de la región.

Análisis Osteológico

La deposición de los muertos en cavidades fue una práctica muy difundida en el área del Orinoco en la época precolombina, y ha continuado hasta la actualidad, a pesar de los esfuerzos de los misioneros y religiosos, quienes han intentado cambiar esta costumbre (Tarble & Scaramelli, 2000b). Las formas del entierro variaban según la etnia, por una parte, y según el estatus o identidad del difunto, por la otra (para una discusión amplia de estas prácticas, ver Brites, 1994).

También podían existir diferentes etapas de un enterramiento. Los entierros primarios se podían realizar en tierra o en fardos, hechos de corteza de árbol amarrados con bejucos. Los entierros secundarios consistían en la redeposición de los huesos, ya limpios, blanqueados, y, en ocasiones, pintados con pigmento rojo, y depositados en urnas cerámicas, cestas (catumares) o cajas de madera dentro de las cavidades. De ahí tenemos que algunas etnias, tales como los Atures y Maipures enterraban en urnas cerámicos, mientras que los Otomacos, Macos, Mapoyos y Piaroa, utilizaban fardos para los entierros primarios y cestas de carga (catumares), para colocar los huesos ya limpiados, en un entierro secundario (Brites, 1994, 1995; Monod, 1970:16; Wilbert, 1966:64).

Los indios del Orinoco tenían distintas maneras de enterrar a sus muertos. Mientras que los Guahibos, aún en el siglo XIX, usaban catumares (canastas funerarias) para guardar a sus muertos, los Piaroas envuelven el cadáver en una hamaca y lo rodean de cortezas de árboles amarradas con bejucos.

Fotografía de Sepulturas indígenas y españolas, Caicara 28 de Julio de 1886 (Morisot, 1986. Tomado de la exposición "El Orinoco de Papel", Galería de Arte Nacional).

Los entierros de la Cueva Caño Ore son mayormente primarios, dispuestos en fardos realizados de corteza de árbol (Foto7, ver reverso de contraportada). Sólo uno de los entierros es identificable como secundario y consiste de una cesta de carga (catumare) asociada a varios huesos largos, limpios y blanqueados (Foto 8, ver reverso de contraportada). Es imposible asignar una asociación étnica a los restos; sin embargo, por la ubicación de la cueva y la asociación a artefactos cerámicos pertenecientes al siglo XIX, es muy probable que se tratara de individuos pertenecientes a la etnia Mapoyo. En el siglo pasado el territorio ocupado por este grupo se extendía hasta el río Parguaza. Es sólo a mediados del siglo XX cuando los Piaroa comenzaron a expandirse desde sus cabeceras hacia el curso bajo del río (Cruxent, 1946; Mansutti, 1990).

Los restos óseos contenidos en los envoltorios funerarios fueron analizados desde la perspectiva antropológica-forense con el fin de determinar sus características fisiológicas y posibles patologías. Sólo se recabó información en dos de los entierros, uno primario (entierro #1-Foto 7b) y el otro secundario (entierro #5-Foto 8). A continuación ofrecemos la descripción de la metodología de registro y la descripción de los individuos.

Métodos de Trabajo

Para el registro de los datos utilizamos una ficha osteoarqueológica, que comprendía tanto la información arqueológica, que da cuenta del contexto cultural de los restos óseos, como la antropológica forense, que versa sobre los huesos en sí. Se procedió a realizar el levantamiento planimétrico de los entierros (Fig. 1) y el registro fotográfico del contexto de cada entierro. Se anotaron los datos arqueológicos, incluyendo la identificación del sitio, el número del entierro, el tipo de arreglo funerario, la parafernalia asociada, así como la descripción del estado de conservación de los restos. En cuanto a los datos osteológicos, se anotó la información antropométrica para el análisis de los restos óseos a partir de la craneometría y odontometría, los cuales sirven para la identificación del sexo y la edad de los individuos; a la vez, se recabó información sobre los demás huesos para la determinación de posibles patologías. Finalmente, en el caso del individuo #1 se realizaron impresiones dentales para el registro detallado de indicadores de dieta y desgaste por uso. Para ello, empleamos los diversos procedimientos señalados por Ortner y Putschar (1985) y Luckacs (1989).

Individuo #1. Se encontró en posición extendida, dentro de un fardo mortuorio. Estaba dispuesto encima de otro fardo #3 y enfrente del entierro #2 (Foto 9, ver reverso de contraportada). Según las características fisiológicas del cuerpo, particularmente la forma de la pelvis, la erupción dentaria y las suturas craneales, los restos de este individuo pertenecen a un joven/adolescente, de sexo femenino, de aproximadamente 14 años de edad. Esta identificación fue corroborada, además, por las medidas pertinentes a los huesos del cráneo y la mandíbula.

Este individuo muestra múltiples signos patológicos que, en conjunto, permiten inferir afecciones degenerativas que pudieron contribuir a la causa de su muerte. El individuo presenta una criba orbitalia, la cual se manifiesta en las órbitas del cráneo. Al mismo tiempo, presenta hiperostosis porosa en casi toda la porción craneal (hueso occipital, frontal, parietal, malares, además en el maxilar superior e inferior justo en el área de las paredes alveolares) lo que indica que esta enfermedad degenerativa se encontraba en un estado avanzado (Foto 10, ver reverso de contraportada).

De acuerdo con la clasificación establecida por Knip (1971 citado en Campillo, 1993) la criba orbitalia se encuentra en el "Tipo A", porque, según su morfología y extensión, es una osteoporosis del hueso, caracterizada por pequeños orificios finos aislados y dispersos y la osteoporosis hiperostósica, se encuentra a nivel de cráneo, ya que el diploe está engrosado a expensas de la tabla externa, que está muy adelgazada (Campillo 1993:149).

Según autores como Hegen (1971) y otros citados en Goodman y Capasso (1992), estos tipos de patologías reflejan una condición anémica atribuible a diferentes causas, tales como: altas frecuencias de enfermedades infecciosas, dietas bajas en hierro o aquellas que inhiben la absorción del hierro, y/o factores culturales, tales como diarrea por destete. Las dietas altas en fibra, en combinación con altos índices de parásitos, pueden influir sobre la absorción del hierro o zinc en el organismo del individuo, igualmente contribuyendo a una anemia (Grant en Kent, 1992). Otros estudios señalan que estos tipos de estado se desarrollan a partir de situaciones de estrés nutricional, o a causa de enfermedades palúdicas (malaria); mientras que otra causa señalada en la literatura es la Talasemia, de origen genético (Kent, 1992).

Existen amplias referencias por parte de los cronistas y demás investigadores del Orinoco, como los especialistas en medicina tropical y parasitología médica, acerca de la presencia de la malaria en la zona a partir de la época de contacto europeo. Esta enfermedad fue introducida desde África con la importación de esclavos negros (Mansutti-Rodríguez, 2003). Se sabe que antes del comienzo de la campaña de erradicación de la malaria en Venezuela a partir de 1945, esta afección representaba una de las principales causas de mortalidad comprendiendo el área endémica una superficie de aproximadamente 600.000 kilómetros cuadrados del territorio nacional. Los llanos eran las zonas más afectadas (Pifano, 1961:144). Todavía para el año 1991, la malaria y las diarreas constituyeron las enfermedades más frecuentes entre niños de la zona de Los Pijigüaos, Edo. Bolívar (UNICEF, 1994). Por lo anteriormente expuesto, consideramos que la infección palúdica es una de las posibles causas de muerte en el individuo #1.

Otro signo patológico observado en este individuo es la estriación dental (hipoplasia dental) presente en la cara vestibular como en la lingual de todos los dientes. La orientación y la longitud de las estrías han sido consideradas como las variables más importantes en el estudio de la dieta, lo cual tiene que ver, al menos en parte, con el desgaste provocado por los fitolítos de sílice que están presentes en los vegetales consumidos (Piperno & Ciochon citados en Campillo, 1993) (Foto 11, ver reverso de contraportada).

Sin embargo, Ubelaker (citado en Kent, 1992) señala que la hipoplasia se produce como resultado de enfermedades infecciosas. Por lo tanto, es posible que en el caso del individuo #1, la hipoplasia podría ser consecuencia de la interacción entre la infección palúdica, aunado a partículas abrasivas, existentes de los alimentos vegetales (fitolítos), más la acción de las partículas de polvo, arena, cenizas, etc. presentes en las comidas debido a las técnicas de preparación y cocción de los alimentos, además de alimentos fibrosos como la yuca consumida en altas cantidades pronunciando más aún los surcos en el esmalte (Cuadro 2).

Además de la hipoplasia dental presente en este individuo, se encuentran manifestadas: la caries, la exposición de la pulpa, y la acumulación de cálculo. Siguiendo la clasificación establecida por Lukacs (1989), las dos primeras entrarían dentro de la categoría de enfermedad infecciosa, mientras que la última es tanto de origen infeccioso como degenerativa, porque produce pérdidas de esmalte en las caras laterales de los dientes, especialmente en la cara lingual para los dientes (Cuadro 3). Las enfermedades infecciosas ocurren por la acción de microorganismos patógenos (bacteria acidogénica) e igualmente las enfermedades por infección producen la pérdida del esmalte pero en mayor grado generando la exposición de la pulpa. La caries también puede llegar a exponer la pulpa, de acuerdo a la gravedad de la infección y el tiempo sin curación.

El individuo #1 presenta caries en las piezas dentales, correspondientes a ambos maxilares. Podemos inferir que varias de las caries observadas pudieron deberse al fuerte desgaste dental y no solamente a la acción de los microorganismos patógenos presentes en compuestos azucarados. Es posible que el mismo desgaste formara un agujero, por el cual penetró alimento, produciendo la fermentación de éste y la desmineralización progresiva del diente.

Otro aspecto notorio que arrojó el análisis dental es la deficiente alineación de los dientes anterosuperiores, y la fuerte abrasión que presentan en la cara incisal de la arcada izquierda. Estos dientes fueron movidos de su sitio original o normal, hacia la arcada izquierda, a partir del incisivo central superior hasta el segundo molar, el tercer molar aún no había erupcionado. Esta deformación podría deberse a la utilización del aparato bucal como herramienta de trabajo, posiblemente en la preparación de fibras vegetales para la cestería; muy común aún en nuestros días (Foto 11, ver reverso de contraportada).

Finalmente, la identificación del individuo como indígena fue confirmada por la presencia de los dientes incisivos en forma de pala. Esta característica es más común en los dientes superiores laterales y medios (incisivos), aunque, como señala Comas (1966), puede estar presente también en los incisivos inferiores. En su superficie lingual, estos dientes presentan una concavidad con reborde marcado que sugiere la forma de pala como describe Reverte (1999).

Individuo #5. El otro resto óseo estudiado, identificado como # 5, estaba asociado a un catumare (cesta de carga utilizada para fines mortuorios). El hueso corresponde con el húmero izquierdo de un individuo de sexo masculino. Sometido a la acción del tiempo, y mordido por roedores, la edad del individuo no pudo ser determinada por el mal estado de conservación del hueso. El mismo presenta múltiples orificios con inmersiones acusadas a nivel de la corredera bicipital, ésta nos podría acercar un poco a la estimación de la edad, pero debido a los mordiscos de roedores perdió su rastro (Foto 8, ver reverso de contraportada).

El estudio de la muestra ósea proveniente de la cueva Caño Ore contribuyó con evidencia importante sobre aspectos relacionados con la salud y dieta de la población del área del estudio correspondiente al período republicano temprano (1830-1880 aproximadamente). Al igual que en otros entierros correspondientes a este período, hemos observado que existe marcada abrasión en la mayoría de los individuos estudiados, por lo que inferimos que hubo un consumo de alimentos con alto contenido de fibra. Esto es también comprobado con la evidencia material, como la presencia de budares y rallos en los sitios de habitación contemporáneos con los individuos hallados en esas cuevas (Falconi, 2003).

En cuanto a las enfermedades como la criba orbitalia, hiperostosis porótica e hipoplasia dental, se infiere que son producto de la dieta suministrada en conjunto a la enfermedad crónica Malaria. A su vez, consideramos que el alto grado de abrasión observado en los dientes puede ser indicador del consumo frecuente de la yuca, como aún persiste en las comunidades actuales.

COMENTARIOS FINALES

La Cueva del Caño Ore presenta una variada gama de evidencia para la utilización humana que abarca casi dos milenios. Las evidencias más tempranas, aparentemente asociadas a la utilización de la cueva por portadores de materiales cerámicos que corresponden a la Fase Ronquín Sombra de Roosevelt (1981), podrían coincidir con la realización de las pinturas del período 4 (Greer, 1995). Ambas apuntan a una fecha que podría oscilar entre 1000 A.C y 200 D.C. Por su parte, la cerámica de la tradición Valloide y las piezas con desgrasante de caraipé, podrían corresponder a las pinturas del período 6, con una ubicación cronológica entre 1000 D.C. y 1500 D.C., o inclusive, hasta el período post-contacto temprano, ya que ambos tipos cerámicos continúan en contextos coloniales tempranos (1680-1767). Según la periodización propuesta por Greer, citada en este trabajo, no hay pinturas correspondientes al período Republicano (1830-1930); sin embargo, la asociación de la cerámica de manufactura industrial con los entierros apunta a la deposición de ambos en este período. Dada la pequeña cantidad de restos cerámicos, y la ausencia de acumulación de estratos culturales, sugerimos que la cueva tuvo un uso muy ocasional a través del tiempo. La presencia de hoyuelos, pinturas y entierros, con algunas vasijas cerámicas, posiblemente de uso votivo, sugiere que la utilización del recinto correspondía a actividades rituales y funerarias de los pobladores antiguos de la zona. Por su parte, la evidencia ósea analizada permitió determinar la edad y sexo de los individuos depositados en esta cavidad, y avanzar hipótesis sobre las enfermedades que los afectaban y eventualmente la causa de sus muertes. En conjunto, la presencia de patologías dentales, anemia y osteoporosis podrían estar asociadas a enfermedades palúdicas y a cambios recientes en la dieta de los individuos de la región que requieren ser investigados en una muestra mayor de individuos.

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