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Tierra Firme

versão impressa ISSN 0798-2968

TF v.22 n.86 Caracas abr. 2004

 

 

La visión del otro: imágenes de la identidad nacional. Viajeros en el territorio venezolano durante la segunda mitad del siglo XIX

María del Consuelo Andara D.

Universidad Central de Venezuela

Resumen:

Durante todo el siglo XIX, Venezuela fue visitada por incontables viajeros, visitantes que por motivos políticos o científicos tradujeron a nuestro país en letras, difundiendo costumbres, personajes, momentos y paisajes que cautivaron sus ojos y en muchos casos turbaron sus cánones de valores. Trabajando en función del testimonio de cuatro viajeros: W. E. Curtis (1884/1885): Venezuela: país de eterno verano; Pal Rosti (1857): Memorias de un viaje por América; Miguel María Lisboa (1843-44/1852/54): Relación de un viaje a Venezuela, Nueva Granada y Ecuador y Anton Göering: Venezuela, el más bello país tropical (1866 y 1874); intentaremos captar las apreciaciones respecto al venezolano y a sus rasgos de identidad. Aunque sus descripciones se fundan en categorías esquivas o juicios de valor –prejuicios raciales, decadencia de Europa, civilización y barbarie, modernidad y premodernidad- tienen en alguna medida semejanza con los discursos criollos, ya que ambos están enmarcados en los esquemas culturales del antiguo régimen. El objetivo inicial de la investigación es observar y evaluar cuál es la percepción que tenían los viajeros, respecto a los ciudadanos pobladores del territorio constituido por la Capitanía General de Venezuela, y resaltar la importancia de estos discursos, ya que éstos también contribuyen con la conformación de nuestra identidad nacional y memoria colectiva. El parámetro básico de selección fue la disponibilidad de la fuente. Respecto a la metodología para la evaluación de estos testimonios, nos basaremos en el análisis crítico interno y externo del relato, -influencias en el pensamiento ideológico del viajero, motivo de su viaje y momento histórico en que hace su descripción-.

Palabras clave: Viajeros; nación, siglo xix, construcción del otro.

Abstract:

The vision of the other: images of the national identity. travelers in venezuela in the second half of the 19th century

Throughout the 19th century, Venezuela was visited by countless travelers, visitors who for political or scientific reasons depicted our country in letters, diffusing customs, characters, moments and landscapes that captivated their eyes and in many cases shocked their value patterns. Working around the reports of four travelers: W. E. Curtis (1884/1885): Venezuela: país de eterno verano, Pal Rosti (1857): Memorias de un viaje por América, Miguel María Lisboa (1843-44/1852/54): Relación de un viaje a Venezuela, Nueva Granada y Ecuador, y Anton Göering: Venezuela, el más bello país tropical (1866 and 1874); we will try to capture their appraise of the Venezuelan citizens and their identity features. Although their descriptions are based on doubtful categories or value judgment –racial prejudice, European decadence, civilization and barbarism, modernity and pre-modernity- they relate somewhat to local discourses, because they are both in the framework of cultural schemes of the old regime. The initial objective of this research is to observe and evaluate which is the perception of the travelers regarding the inhabitants of the General Captaincy of Venezuela, and to highlight the importance of these discourses, because they contribute to the formation of our national identity and collective memory. The basic selection parameter was the availability of the source. Regarding methodology for the evaluation of the opinions, we worked upon the internal and external critical analysis of the story, -influence of the ideological thinking of the traveler, reason of the journey and historical moment of the description-.

Key words: Travelers; nation, 19th century, construction of the other.

Résumé:

La vision des étrangers: images de l’identité nationale. voyageurs dans le territoire vénézuélien pendant la deuxième moitié du xixe siècle

Tout au long du XIXe siècle, un gran nombre de voyageurs ont visité le Venezuela. Par des raisons politiques ou scientifiques, ces visiteurs ont fait des écrits sur notre pays, diffusant ainsi les habitudes, moments et paysages, ainsi que les actions des personnages vénézuéliens importants, qui les ont captivés et qui ont souvent troublé leurs canons et leurs valeurs. L’étude est fondée sur les témoignages de quatre voyageurs: W. E. Curtis (1884/1885), Venezuela: país de eterno verano; Pal Rosti (1857), Memorias de un viaje por América; Miguel María Lisboa (1843-1844/1852/1854), Relación de un viaje a Venezuela, Nueva Granada y Ecuador; y Anton Göering (1866 et 1874), Venezuela, el más bello país tropical. Le travail décrit la vision que ces auteurs avaient des Vénézuéliens, ainsi que de leurs traits d’identité. Si leurs descriptions sont basées sur des catégories peu scientifiques ou sur des opinions –préjugés raciaux, décadence de l’Europe, civilisation et barbarie, modernité et prémodernité-, elles montrent bien une approche des discours nationaux : les descriptions et les discours correspondent aux schémas culturels de l’ancien régime. L’étude vise principalement à analyser et à évaluer la perception des voyageurs à l’égard des habitants du territoire compris par la Capitanía General de Venezuela, ainsi qu’à souligner l’importance de ces discours, ceux-ci contribuant aussi à la formation de notre identité nationale et de notre mémoire collective. La disponibilité de la source a constitué le paramètre de base pour la selection. La métodologie pour l’évaluation de ces témoignages a été l’analyse critique interne et externe du récit – des influences sur la pensée idéologique des voyageurs, le motif de leur voyage et le moment historique où a été faite la description.

Mots-clés: Voyageurs, nation, XIXe siècle, construction de la vision des étrangers.

 

Introducción

Durante todo el siglo XIX Venezuela fue visitada por numerosos viajeros 1 , visitantes que bien por razones científicas, políticas o de aventura, tradujeron a nuestro país en letras divulgando así nuestras costumbres, momentos, personajes y paisajes. La percepción que el viajero presenta en relación al otro es siempre rica en comparaciones y juicios de valor, sin duda útiles para el estudio del pasado decimonónico venezolano a veces sobrecargado de héroes y batallas. La posibilidad de recurrir a estos comentarios es viable en casi cualquier tipo de investigación, pues abarcan infinidad de temas, desplazándose entre la intimidad familiar, las relaciones sociales y el ámbito nacional.

Ahora bien, nuestro trabajo se centrará en el análisis de los testimonios de cuatro viajeros respecto al tema de la identidad nacionalidad , entendiendo este concepto en principio como una representación, una idea que intenta justificar la procedencia, pertenencia y permanencia de un conjunto. Es necesario advertir que no es nuestra intención indagar desde cuándo existe esta idea entre los pobladores del territorio inicialmente constituido por la Capitanía General de Venezuela, pues esto sería amplio tema para otra investigación, lo que sí hay que tener en cuenta es que esta idea se vio impulsada por proyectos políticos liderizados por los sectores dominantes en interacción con la memoria colectiva. Con base en este argumento intentaremos analizar las opiniones que presentan los viajeros sobre aspectos como la conformación étnico-social del venezolano, sus costumbres, sobre las evidencias de modernidad y progreso y sobre las preconcepciones de civilización y barbarie.

En función de estos planteamientos, trabajaremos sobre las opiniones que nos muestra inicialmente el Consejo diplomático de Brasil, Miguel María Lisboa, con su Relación de un viaje a Venezuela, Nueva Granada y Ecuador (1843-44/1852-54); el fotógrafo y etnólogo húngaro Pal Rosti con sus Memorias de un viaje por América (1857); el ornitólogo alemán Anton Göering, con Venezuela, el más bello país tropical (1866-1874) y, por último, el político norteamericano William Eleroy Curtis, con Venezuela: país de eterno verano (1884-1885). La escogencia de estos viajeros responde a la previa evaluación de los testimonios de un considerable número de visitantes 2 en aspectos como los espacios visitados, sus actuaciones en ámbitos políticos y sociales, las motivaciones de sus viajes, el tiempo de su estancia, la prolijidad de sus discursos y la disponibilidad de sus traducciones. Cada uno de estos viajeros dio sus descripciones con un tono muchas veces sarcástico 3 , pero siempre influenciadas por un aire de superioridad europea frente una la condición nacional que apenas daba sus primeros pasos hacia la vida republicana, autónoma y progresista.

Esta misma influencia europea se observa entre los intelectuales venezolanos coetáneos y posteriores al discurso de estos cuatro viajeros, de esta forma, quizás podría resultar una generalización comprometedora afirmar que existe una similitud entre los discursos de viajeros y de criollos, pues la revisión hecha para este trabajo no cubre ni una mínima parte del amplio universo de fuentes documentales sobre este respecto, sin embargo allí están. Habría que realizar un estudio mucho más detallado para confirmar esta propuesta, que surge de la negativa valoración -heredada de la colonia- que tiene el venezolano de sí mismo, por el desconocimiento de su propia historia. De esta forma intentaremos plantear un panorama general de la conformación de la identidad nacional venezolana y la pervivencia de rasgos característicos del ser venezolano a través de la descripción de viajeros.

 

SOBRE LOS PARÁMETROS METODOLÓGICOS Y LA NACIÓN

Los relatos de viajeros representan una importantísima fuente para los estudios históricos, pues aportan datos sobre temas como el paisaje y la vida cotidiana, a veces relegados a planos inferiores frente a la infinita relevancia atribuida a la Historia Patria que, atiborrada de superhombres y victorias heroicas, no deja espacio entre los temas de estudio de los grandes tratadistas criollos. Para el caso del siglo XIX son de suma importancia, pues logran aprehender los múltiples matices de esos tiempos cambiantes y complementan a las debatidas fuentes omniabarcantes sobre esa centuria.

Los testimonios de viaje muestran, según sea el caso, dos formas de descripción, una justificada por la superioridad de lo supuestamente mejor, lo civilizado, que claramente responde a una identificación del otro y a su descripción desde fuera, y otra por la permeabilidad 4 , que muestra la empatía del viajero por el otro al que estudia. En ambos casos es necesario que el historiador evalúe críticamente la fuente, ya que son escritos sensibles a incurrir en manipulaciones, exageraciones y errores que restan su fiabilidad. 5

Ahora bien, la formación de la nación venezolana en el siglo XIX tuvo tres mo-mentos, inicialmente pasó por una identidad hispana, luego por el surgimiento del espíritu criollo, producto de la ruptura con el nexo colonial y, en última instancia, por la consolidación de la identidad que hoy detentamos. Estos momentos de evolución de nuestra identidad fueron percibidos por los viajeros; en principio, no sólo Venezuela sino toda América era vista como una extensión de Europa y ello obligó a España -para el caso venezolano- a mantener una actitud rectora frente a estos territorios carentes de orden y modernidad. Durante la etapa republicana del siglo XIX, el viajero se enfrenta al mismo pueblo y a los mismos territorios ahora independientes y en lucha por constituirse como nación. En los primeros años de la república, la reacción es fundamentalmente contra España, generalizándose un odio anti español tanto en el sector político como en el intelectual. Para las últimas décadas del siglo XIX, el intento por mantener el orden y el progreso dentro del esquema de la conformación de unidad nacional se impulsa a través de la instrucción pública .

Así pues, vemos como la construcción de la nación es un proyecto moderno emprendido por los sectores dominantes que intentaron justificar la procedencia, pertenencia y permanencia del conjunto en función de aspectos, como la lucha de los sectores dominados por la libertad y la igualdad, la lucha por el poder político, el problema de la integridad territorial y el surgimiento de condiciones propias para el desarrollo de la clase dominante.

Los exponentes que visitaron nuestro territorio durante el siglo XIX en calidad de viajeros se enfrentaron cada uno en su momento, con situaciones sociales y políticas distintas. Las causas y motivaciones de sus viajes fueron diversas, pero todos se avocaron inicialmente a la descripción de los espacios físicos y condiciones naturales, y en este descubrir lograron establecer una idea del ser americano y venezolano, a través de las referencias planteadas sobre sus hábitos, costumbres y quehaceres. En el caso del Consejero brasileño Miguel María Lisboa, las motivaciones fueron diplomáticas. Realizó dos visitas a este territorio, la primera (1843-1844), en tiempos de Carlos Soublette, fue cuando escribió su descripción. Su intención y el objeto de su viaje se centró en “Dar a conocer a [sus] compatriotas unos países que, a pesar de ser limítrofes con nosotros son enteramente desconocidos en el Brasil (...) corregir el efecto que han producido en el mundo literario las obras de escritores preocupados, fue la finalidad que originalmente me movió a escribir estas líneas, (...)” (Lisboa, 1992: 6).

Para el húngaro Pal Rosti la motivación fue la exploración, su visita a América no sólo fue producto de su interés por la fotografía, la geología y la etnología, sino también por su intento de alejarse de la revolución que en 1848 promovió la separación de Hungría del Imperio Austro-húngaro. En 1856 sale de Francia hacia América, intentando recorrer la ruta hecha por Alejandro de Humboldt. Rosti se nos presenta como un demócrata liberal partidario del abolicionismo en tiempo de los Monagas y aunque demostró en sus escritos una rigurosa crítica a la sociedad venezolana, refiere su experiencia en el territorio como enriquecedora y se justifica diciendo “(...) todo mi esfuerzo se concentra en dar cuenta lo más viva y fielmente de las impresiones que los paisajes, plantas, hombre y sus relaciones sociales que ejercieron en mí, para poder ofrecer a mis compatriotas nociones clarísimas de mis experiencias y dar noticias e informaciones que correspondan a la realidad” (Rosti, 1988: 26).

El tercer visitante, Christian Anton Göering, alemán de origen, fue otro naturalista que intentó seguir la senda de Humboldt. Curioso desde joven en el ámbito natural, como ornitólogo parte en 1866 desde Inglaterra rumbo a Venezuela, donde permanecerá ocho años, en tiempos de Juan Crisóstomo Falcón (1863-*1868) y primeros años del septenio de Antonio Guzmán Blanco (1870-1877). En sus relatos y descripciones se puede observar una gran animosidad y una clara empatía con esta tierra y sus paisajes, al punto de “expresar un cariño sincero por el país donde pasé los años más felices de su vida [ y] (...) y que llegó a convertirse para mí en una segunda patria” (Röhl, 1948: 30).

Por último, la visita del norteamericano William E. Curtis estuvo enmarcada en lo que se define como el período de Orden y Progreso, durante el trienio (1886-1888) de Antonio Guzmán Blanco. Sus motivaciones estuvieron determinadas -al igual que para Lisboa- por el aspecto político, pues su designación como Presidente de una Comisión Especial encargada de evaluar las relaciones comerciales internas del continente, así como de las posibilidades de establecer lazos comerciales más estrechos con América Latina, fue lo que impulsó la redacción de esta obra propagandística dirigida a sus compatriotas. “ Se pueden obtener muchas concesiones provechosas en Venezuela, pues el gobierno está ansioso de introducir capital extranjero, energía y particularmente trabajo calificado. (...)” . 6

Ahora bien, antes de entrar en las descripciones de los viajeros, advertimos que hemos dividido sus opiniones en tres aspectos generales, constantes en los cuatro testimonios y en donde se ven expresadas sus percepciones sobre la identidad nacional. Advierto que tomaremos los fragmentos más representativos de cada aspecto por factores de tiempo.

 

SOBRE CONDICIÓN MESTIZA DEL VENEZOLANO. CAUSA DE MUCHOS MALES

 

Entre las descripciones del diplomático brasileño Miguel María Lisboa, salta a la vista un fragmento que engloba su visión respecto a la condición mestiza del venezolano y a las consecuencias que esto trajo a propósito de la guerra de independencia:

El pueblo bajo de Caracas, que hace pocos años cuando se declaró la independencia, se componía casi exclusivamente de la esclavitud, se resiente en su carácter de las cualidades inherentes a esta condición, más o menos pronunciadas según si los individuos están más o menos cercanos a ella por su origen. Se observa en él cierta confusión de ideas y de sentimientos, cierta mezcla de sumisión y altivez, diligencia y presunción, de dedicación y desconfianza, en fin, cierta falta de firmeza de carácter, que en consecuencia natural de su origen servil modificado por la influencia de la revolución y de la subsecuente emancipación, y que lo vuelve incapaz de obrar por sí solo en ningún caso y lo convierte en una mera máquina que sólo se mueve al impulso de los ambiciosos que la emplean en provecho propio. (…) En las clases elevadas de la sociedad no es difícil entrever rasgos de la índole tan pronunciada de sus antiguos progenitores españoles, modificados por las circunstancias del clima y de la política moderna (Lisboa, 1992: 66).

  Pal Rosti, quien no sólo recoge comentarios respecto a la sociedad venezolana, sino también de la mexicana y cubana, presenta una muy fecunda explicación sobre la composición étnica de la sociedad venezolana:

(…) el carácter criollo, es en sus rasgos principales, la ambición y el deseo de dominio; el orgullo, el apasionamiento, la rudeza, sobre todo en el pueblo, la apatía e indolencia ilimitadas, y –por otro lado- la hospitalidad y una cierta caballerosidad (…) los españoles criollos [tienen] cierta clase de reserva hacia los extranjeros; la forma de gobierno con sus muchas desventajas, el fanatismo, con sus innumerables prejuicios y supersticiones –que mantiene al pueblo en su ignorancia- y permiten una influencia excesiva a ciertas clases; -podemos imaginarnos que esta gente está aún lejos de hollar con decisión la senda del acrecentamiento del bienestar nacional, de la evolución espiritual y del progreso. En Caracas sentí, por primera vez, que estoy lejos de Europa y casi aislado del mundo civilizado (Pal Rosti, 1988: 62-63).

 

MODERNIDAD Y PROGRESO. CONDICIONES AUSENTES EN ESTA SOCIEDAD

 

Un argumento claro que da Rosti para poner en evidencia la decadencia y premodernización social es aquel que refiere respecto a la ausencia de relojes en el país, incluso entre los sectores dominantes de las principales ciudades. Plantea una relación casi matemática entre la valoración del tiempo y la producción capital, así como también imperativa puntualidad factor ordenador dentro de las sociedades ajetreadas:

(…) conocí muchos noble y ricos señores que no tenían reloj. Hay pueblos, es más localidades grandes, sin un solo reloj. Relojes de torre no hay por la sencilla razón de que –debido a los terremotos- tampoco hay torres. El tiempo lo determinan al azar, la cocinera sirve la comida cuando se acuerda, el arriero aparece cuando le provoca y en las citas una media hora, o una hora entera no se toma en cuenta (Pal Rosti, 1988: 111).

De esta forma deja en claro que la puntualidad es la clave del progreso y esta sociedad no cuenta con esa característica. Más adelante argumenta la poca cultura del venezolano, alegando la cuestión de la puntualidad:

Esta gente no tiene idea clara de las distancias y del tiempo. Nunca pude saber, con seguridad cuánto distaba una localidad de otra. Decían cerca o lejos, según la comparación que hacían con una u otra población. No se podía confiar en las medidas de distancia. Lo mismo pasa con el tiempo. Mientras el campesino húngaro puede decir la hora, con puntualidad asombrosa, según la posición de las estrellas o del sol, los de aquí parece que no conocen la división del sol en horas (…) (Pal Rosti, 1988: 180).

Rosti plantea en cuanto a la situación económica también una excusa para argumentar sus opiniones despectivas respecto al venezolano, por su raza y por sus costumbres. Refiere que durante su visita a Angostura observó que muchos comerciantes extranjeros intentaban motorizar el comercio, viéndose truncadas las aspiraciones por las condiciones políticas y de la ciudad:

(…) el motivo de esto es en primer lugar el gobierno, que no se ocupa en absoluto sino del robo y la intriga. En segundo lugar es la gente, que no sólo es poca, sino más floja y terca que los criollos que he visto hasta ahora. En su mayor parte son zambos, es decir, mezcla de indios con negros. De todas las mezclas esta es la más infame. También se encuentran negros mulatos y mestizos, pero no vi blancos puros (…) (Pal Rosti, 1988: 204).

William Curtis por su parte nos presenta una Caracas poco desarrollada, sin vías de comunicación y carente de buenos medios informativos:

Hay muy pocas carreteras en el país y se hallan únicamente en la vecindad de las grandes ciudades. Las nueve décimas partes del transporte interior se hace sobre los lomos de los burros, burritos pacientes, tan pequeños y livianos que un hombre podría levantar uno de ellos y sin embargo son las bestias más fuertes del mundo, en proporción a su tamaño y pueden cargar todo lo que se les acomode encima   (Curtis, 2000: 204) .

  Además de que:

No hay muchos periódicos en Venezuela. En Caracas existen media docena o más de publicaciones diarias, pero sólo tres o cuatro de ellos merecen ese nombre. Los demás surgen ocasionalmente con motivo de alguna agitación local, como las ediciones de campaña en los Estados Unidos, y mueren una vez pasada la conmoción (...) (Curtis, 2000: 207).

Haciendo referencia a una anécdota con un hombre –mozo de color café- que tienen como convicción y anhelo únicamente la subsistencia diaria, Rosti plantea el espíritu conformista que estandariza a toda la población. Esta condición, según sus reflexiones, demuestra la poca capacidad y afecto que esta sociedad tiene hacia el progreso:

(…) ¿Para qué voy a trabajar?, el alimento necesario se da en todos los árboles, sólo debo estirar la mano para recogerlo, si me hace falta una cobija, o un machete o un poco de aguardiente, traigo al mercado algunos plátanos y obtengo abundantemente lo que deseo, ¿y para qué más? No la pasaría mejor ni que fuese tan rico como el señor x ó y.(…) (Pal Rosti, 1988: 99).

Sobre este mismo respecto y exponiendo razones deterministas expone muy concre-tamente su opinión del venezolano:

(…) cuando quiere trabajar, el criollo es un trabajador excelente y sumamente hábil, pero -lamentablemente- ese hecho es excepcional. En su sencillez –no conociendo las innumerables necesidades y pretensiones de las sociedades citadinas-, se contenta con muy poco: esto constituye una fuente de su pereza e indiferencia, que dificultan la laboriosidad y el progreso. Además el criollo está lleno de supersticiones y prejuicios (…) tiene miedo de todo y concede enormes proporciones al más mínimo obstáculo, (…) (Pal Rosti, 1988: 70).

 

EN CUANTO A LA CIVILIZACIÓN Y BARBARIE. LUCHA ENTRE PUNTOS DE VISTAS

 

Anton Göering refiere al igual que Rosti los defectos del sector militar:

por la tarde llegamos a “Caño Negro”, cabaña solitaria que nos ofreció, así como a otros viajeros, un agradable lugar de descanso, a pesar de que su aspecto era muy miserable. Si disponía de tiempo, exploraba como de costumbre los alrededores, acompañado de alguno de mi gente y pertrechado de mi escopeta, los pinceles y la red. La ingeniosidad de mi zambo y el interés que tomó por mis trabajos, me indujeron a confiarle mi servicio personal, cuyo desempeño, no obstante su alto rango militar de “teniente coronel” acogió su beneplácito. En Venezuela, así como en la mayoría de países sudamericanos, reinan circunstancias muy curiosas a este respecto. Carreteros y troperos, gente que apenas han sido iniciados en los secretos del alfabeto y la escritura no por eso dejan de ser «generales». También el concepto del «honor militar» se concibe en términos extraños. En época de continuas revoluciones, conocí personas que hoy eran azules y mañana amarillas, para ser nuevamente azules al día siguiente, esto es, cambiaban de partido y de color conforme el éxito obtenido... Al efecto llevaban cintas de los colores respectivos en el bolsillo, para en caso de victoria de los contrarios, colocar el distintivo de inmediato en el sombrero y convertirse de manera fácil y rápida en militantes del otro bando. (Göering, 1962 : 82).

 

EN CUANTO EL PUEBLO Y SU CONCIENCIA NACIONAL, A VECES ATENUADA

 

Miguel María Lisboa también critica la falta de unidad nacional y la manipulación a la que se somete al pueblo por intereses localistas:

(…) la población baja de las ciudades es dócil y fácil de gobernar. Excitada, engañada o seducida, hace bulla, vocifera y comete exceso; pero naturalmente no tiene aquella ferocidad que le atribuyen observadores apasionados (…) (Lisboa, 1992: 66).

Esto lo plantea a raíz de un hecho ocurrido en Caracas, donde fue utilizado el pueblo para causar zozobra. Al respecto refiere que:

El pueblo de las ciudades en Venezuela es pues un pueblo manso y sencillo. Tanto mayor es la culpa y la responsabilidad de los que en lugar de aprovechar su docilidad para consolidad la paz y desarrollar los recursos de la república, lo tiene a veces instigado e impulsado a los exceso, para pescar en aguas turbias (Lisboa, 1992: 67).

Otra dura crítica que hace respecto a la poca estabilidad de las bases del Estado, está fundada en la poca honradez del venezolano, en las pugnas regionalistas por el poder político y en la falta de unidad nacional. Con mucha intención refiere que:

(…) en general los hombres a menos que sean empleados del Estado, o sea, que roben junto al gobierno, son grandes enemigos del mismo [Estado]. El pobre país nuevamente está por sufrir una revolución, si la situación no mejora pronto, tarde o temprano caerá en poder de los yanquis esta hermosa provincia, aunque su conquista no es tan fácil como lo creen los vecinos del norte, no tanto por la oposición del gobierno regular (…) sino por la resistencia a desarrollarse en la guerra de guerrillas (…) (Rosti, 1988: 66).

En cuanto a las milicias y al sentido de servicio que tienen los venezolanos, Rosti refleja con gran preocupación que “(…) la cartuchera –colgada del cuello- y la mala arma le confería algo de tinte bélico al ejército, pero lo borra totalmente la actitud floja y negligente de los soldados, que podría ser de cualquier cosa menos de militar (…)” ( Rosti, 1988: 66) , sin duda alguna símbolos de un desdén hacia la nación, a la República y del desorden organizativo del Estado. Más adelante en su relato se refiere a las milicias como un objeto de burla, por la deplorable condición en que se encuentra y por los intentos de alcurnia que aspiran tener y no tienen;

Apenas se puede imaginar cosa más cómica que la milicia venezolana en estas posesiones. La mayoría de los soldados rasos son mestizos de estúpida expresión en el rostro. Su uniforme consta de pantalón azul con rayas vino tinto, frac de tela de lienzo con solapas vino tinto y cola corta (…) El calzado y la corbata no son imprescindibles en el uniforme del soldado venezolano; no obstante, el que puede conseguir tan supernumerarios artículos los puede usar libremente. (…) (Rosti, 1988: 66).

Pal Rosti, al criticar la condición del criollo, refiere su inmadurez para una forma de gobierno independiente, advierte que:

(…) los criollos si apenas están maduros para la Independencia, apenas si son capaces de comprender la ideología de la libertad en toda su sublimidad y de emplearla para su propio provecho y gloria. La libertad es un arma de doble filo: en manos de un hombre serio y de noble espíritu es un arma de gloria, bajo cuya protección el bienestar, ciudadano y el honor nacional van desarrollándose audazmente; pero en manos del niño inexperto es arma hiriente que se vuelve contra sí misma (Rosti, 1988: 34).

Anton Göering advierte la necesidad de venezolanos pacíficos:

Está completamente fuera de dudas que los venezolanos en verdad patriotas, son pacíficos, pero hay que lamentar que su número sea tan reducido y la mayoría de las veces su voz no es bastante fuerte para hacerse oír y poner coto a las tentativas revolucionarias. Con todo corazón deseamos que pronto se despeje la situación, para bien de este hermoso país. En más de una ocasión he sido testigo de luchas largas y enconadas, de las cuales la que ha quedado de manera más viva en mi recuerdo, fue la que tuvo lugar en Caracas en el año de 1870. Después de 3 largos días de combates horribles tomó la ciudad el general Guzmán Blanco, que más tarde como presidente de Venezuela mantuvo una serie de años de paz. La plaza principal se vio invadida por hordas abirragadas, que al son de un griterío ensordecedor y bajo un animado tiroteo, acudían de todos lados excitados por el estruendo de las salvas que anunciaban el nuevo jefe que había asumido el poder. Más tarde un silencio poco tranquilizante se enseñoreó de las calles de Caracas. (Goering, 1962 : 170-171).

Por último, Curtis plantea un argumento interesante respecto al compromiso de unidad e identidad nacional:

Los venezolanos se nos adelantaron en más de diez años en la emancipación de sus esclavos y si Simón Bolívar se le hubiera permitido gobernar al país, la esclavitud hubiera sido abolida poco después de la guerra de independencia. El fue un abolicionista en la práctica y en la teoría, pues una vez lograda la independencia del Perú le fueron ofrecidos un millón de dólares como testimonio de agradecimiento de los habitantes de esa República y él demostró su grandeza invirtiéndolo en la compra de la libertar de mil esclavos (...) (Curtis, 2000:186).

A manera de conclusión, podemos resaltar la importancia de estas descripciones en la comprensión de nuestra historia y del reconocimiento de nuestra identidad nacional. Es necesario aclarar que este tipo de fuente si bien es rica en descripciones y en juicios, en ningún caso representa por sí sola nuestra identidad; siempre será necesario compararla y cotejarla con las fuentes criollas. La gran cantidad de información contenida en los testimonios de viajeros pertenecen a la vida cotidiana, lo que los califica como fuentes ideales para el acercamiento en estos aspectos, el viajero toma en cuenta situaciones que el criollo considera irrelevantes. Forman parte de nuestro pasado y no dejan de ejercer su influencia en la definición de la sociedad venezolana actual, de la misma forma que lo han hecho los grandes acontecimientos de la historia del país, ya que hace falta conocer algo más que los grandes acontecimientos históricos. Su importancia también viene dada por lo novedoso de este enfoque en el marco de la historiográfia tradicional venezolana. Sin duda alguna todas estas rápidas descripciones representan una mínima parte de la riqueza de las fuentes, que dan a conocer su importancia y utilidad respecto al tema de la construcción de la identidad nacional. Con ellas existe la posibilidad de contribuir, de alguna manera, en la sugerencia de elementos reflexivos sobre el tema de la identidad nacional y sobre la utilidad de la fuente de viajeros en este respecto, en la apertura de líneas de discusión que nos permitan dilucidar nuevas interpretaciones de nuestra realidad y la consolidación de una memoria colectiva, replanteada en función de un verdadero conocimiento de nuestro pasado.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

FUENTES DE VIAJEROS

 

Curtis, William Eleroy (2000). Venezuela: país de eterno verano . Prólogo y Notas de Manuel Pérez Vila. Traducción Josefina Ernest y Alfredo Castro. Caracas, Ediciones de la Republica Bolivariana de Venezuela.

Göering, Chistian Antón (1962). Venezuela, el más bello país tropical . Mérida, ULA.

Lisboa, Miguel María (1992). Relación de un viaje a Venezuela, Nueva Granada y Ecuador . Caracas, Biblioteca Ayacucho.

Rosti, Pal (1988). Memorias de un viaje por América , Caracas, Ediciones de la Biblioteca UCV.

 

OTRAS FUENTES

 

Briceño-Iragorry, Mario (1988). Mensaje sin destino y otros ensayos, Caracas, Biblioteca Ayacucho.

Calzadilla, Pedro (1989). Desde las bajas tierras tropicales hasta las nieves perpetuas. El testimonio de viaje de Antón Göering . Caracas, Escuela de Historia UCV, (tesis de grado).

Calzadilla, Pedro (1989). “ Acerca de la crítica a la fuente de viajeros del siglo XIX” en: Revista Tierra Firme . Caracas, Nº 38. 1989.

Calzadilla, Pedro (1992). “De cómo pueden ser criollos los discursos de viajeros” en: Visiones del oficio . José Ángel Rodríguez (comp.), Caracas, FHE-CEP y ANH.

Carrera Damas, Germán (1992). Una Nación llamada Venezuela , Caracas, Monte Ávila Editores.

Diccionario de Historia de Venezuela (1997). Caracas Fundación Polar, 2º Edición, Vols. IV.

Gerbi, Antonello (1991). La disputa del Nuevo Mundo. Historia de una polémica 1750-1900. México D.F. FCE.

Iturrieta, Elías Pino y Pedro Calzadilla P. (1992). La mirada del otro. Viajeros extranjeros en la Venezuela del siglo XIX. Caracas, Fundación Bigott.

Quintero, Inés (1996). “ La Historiografía ” en: La cultura de Venezuela: historia mínima, Elías Pino Iturrieta (comp.). Caracas, Fundación de los Trabajadores de Lagoven, 1º ED.

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NOTAS

1    La evaluación propuesta por Álvaro García Castro en “Crónicas, descripciones, informes y relaciones de viajes”, Apéndice Nº 3, volumen 4, 2º Edición, del Diccionario de Historia de Venezuela de la Fundación Polar, establece que el número de visitantes extranjeros que dejaron testimonio escrito o gráfico de su visita al territorio venezolano está al rededor de 200 sólo durante el siglo XIX.

2     Este trabajo surgió como producto del seminario titulado “ Memoria, identidad y nación en el siglo XIX venezolano ” coordinado por el profesor Pedro Calzadilla durante el primer semestre de 2003, dicho trabajo en principio respondió a la evaluación de la condición mestiza de la sociedad venezolana como uno de los argumentos conformadores de nuestra identidad nacionalidad, vista a través de la opinión de 10 viajeros, uno representativo a cada década del siglo XIX. Sin embargo el número de viajeros que se evaluó previamente para justificar un considerable número de datos que sustentarán la investigación, fue aún mayor.

3     Los argumentos en torno a los cuales gira esta condición de superioridad están determinados por la propuesta que durante el siglo XVIII se expandió por toda Europa y que castigaba a la condición americana como decadente respecto a las luces que Europa le había dado. Esta propuesta fue promovida inicialmente por Bufón y luego por De Pauw y Reynal entre otros, así a partir de parámetros valorativos como la civilización y la barbarie, la modernidad y la decadencia, es como los viajeros nos presentarán sus descripciones y su percepción respecto a nuestra identidad nacional. Un excelente debate sobre este tema se puede encontrar en el texto de Antonello Gerbi, La disputa del nuevo mundo. Historia de una polémica 1750/1900 , México DF. FCE, 1983.

4    Superioridad y permeabilidad son conceptos propuestos inicialmente por Elías Pino Iturrieta y Pedro Calzadilla en el estudio preliminar de La mirada del otro . Viajeros extranjeros en la Venezuela del siglo XIX y apoyados por José Ángel Rodríguez en el capítulo «Alemanes en las regiones equinocciales venezolanas» de Venezuela en la mirada alemana. Paisajes reales e imaginarios en Louis Glöckler, Carl Geldner y Elisabeth Gross, 1850-1896, p.15.

5 Teniendo presente el tratamiento metodológico con que se evaluó cada uno de los testimonios, es necesario entrar en los planteamientos teóricos que definirán nuestra investigación, nación, nacionalismo e identidad . Para este respecto trabajaremos con la propuesta que Germán Carrera Damas nos plantea en su obra Una nación llamada Venezuela, ya que este material responde a un valioso esquema analítico del problema desde principios del siglo XIX hasta la contemporaneidad. Su planteamiento teórico responde a la crisis de la sociedad colonial producto de la decadencia del control español, que se vio materializada con la ruptura del nexo colonial en 1810. Esta ruptura invocó forzosamente la construcción de un Proyecto Nacional , regido por el interés del sector criollo dominante por el control político, por su intención de establecer una plataforma común para las luchas promovidas por los diversos sectores sociales y por su intención de justificar -ingenuamente- la ruptura del nexo colonial como la vía para la superación de la crisis estructural de la sociedad.

6    Manuel Pérez Vila. «Prólogo» a la obra de William E. Curtis, Venezuela: país de eterno verano. Caracas, Ediciones de la Republica Bolivariana de Venezuela, 2000, p. 10.