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Tierra Firme

versión impresa ISSN 0798-2968

TF v.22 n.88 Caracas oct. 2004

 

Maracaibo ante la independencia nacional1

Ligia Berbesí de Salazar

 Centro de Estudios Históricos

Universidad del Zulia (LUZ)

Resumen: Una lectura de lo social, desde los códigos culturales y sus propios valores, da cuenta de los actores reales de los procesos, y la convicción de que el poder es una construcción social de representaciones y prácticas. Desde estas consideraciones, es nuestro propósito analizar actitudes y comportamientos en los hombres que en su condición de administradores de gobierno local o provincial organizan y definen posturas en Maracaibo, durante la coyuntura política de los últimos años del siglo XVIII y primeras décadas del XIX. A partir del entramado de recursos y de relaciones que les vinculaba, la atención se centra en su actuación pública ante las nuevas circunstancias políticas. Se demuestra la influencia desde 1812 de un pensamiento ilustrado, cuyo objetivo es la lucha por la soberanía, la libertad y la independencia, siguiendo la propuesta caraqueña. A su vez, que las posturas de fidelidad y lealtad de los maracaiberos a la Corona estuvo determinada por lazos relacionales locales, regionales y monárquicos, que representaban sus intereses como colectivos sociales. Se concluye que el entramado de relaciones y de recursos permitió al cabildo local respuestas a la crisis de legitimidad política, y asumir el control del poder en la capital provincial por lo menos hasta 1821, cuando Maracaibo se anexa a la República de Colombia.

 

Palabras clave: Maracaibo, poder, entramado relacional, ilustración, independencia.

Maracaibo in face of national independence

Ligia Berbesí de Salazar

Abstract:

One analysis of social issues based on cultural codes and its own values accounts for the real actors of processes, and the conviction that power is a social construction of representations and practices. Based on these considerations, our purpose is to analyze attitudes and behaviors of men who, as administrators of local or provincial government, organize and define positions in Maracaibo, during the tense political climate of the late 18th century and early 19th century. Based on the network of resources and relations related to them, the focus is their public actions in face of the new political circumstances. This paper shows the influence, since 1812, of erudite thinking, whose objective is the struggle for sovereignty, freedom and independence, following the proposal of Caracas. At the same time, positions of fidelity and loyalty on the people of Maracaibo to the Crown were determined by the local, regional and monarchic relations, which represented their interests as social communities. The conclusion is that these relations and resources allowed the local town council to respond to the political legitimacy crisis, and to assume control of power in the provincial capital at least until 1821, when Maracaibo was annexed to the Republic of Colombia.

Keywords: Maracaibo, power, relations network, erudition, independence.

Maracaibo face à l'indépendance nationale

Ligia Berbesí de Salazar

Résumé:

Une lecture de l'aspect social à partir des codes culturels et des valeurs permet d'arriver aux véritables acteurs des processus et de montrer que le pouvoir correspond à une construction sociale de représentations et de pratiques. Sous cette perspective, nous analyserons les attitudes et les comportements des hommes qui, en tant qu'administrateurs du gouvernement local ou provincial, ont organisé et défini des actions à Maracaibo pendant la conjoncture politique des dernières années du XVIIIe siècle et des premières décennies du XIXe siècle. Fondée sur des ressources et des relations qui liaient ces dirigeants, l'étude vise à montrer leur comportement public face aux nouvelles circonstances politiques. L'influence de la pensée illustrée depuis 1812 y est évidente : en suivant l'exemple de Caracas, l'on encourage la lutte pour la souveraineté, la liberté et l'indépendance. Par ailleurs, la fidélité et la loyauté des gens de Maracaibo à la Couronne étaient marquées par les liens locaux, régionaux et monarchiques qui représentaient leurs intérêts comme collectifs sociaux. L'on pourrait affirmer que les relations et les ressources ont permis au Conseil municipal de répondre à la crise de légitimité politique et de contrôler le pouvoir de la capitale provinciale jusqu'en 1821, lors de l'annexion de Maracaibo à la République de Colombie.

Mots clés: Maracaibo, pouvoir, liens, illustration, indépendance.

 

Introducción

Recientes aportes histórico-historiográficos y metodoló-gicos registran para los historiadores nuevas y renovadas consideraciones, que han impuesto una relectura al momento de explicar y conceptuar su objeto de análisis.

Desde los códigos culturales y sus propios valores, diversidad de aproximaciones a la historia social reflexionan sobre las redes de relaciones que explican actitudes y comportamientos colectivos desde el contexto cultural en el que interactúan los agentes sociales. En esta dinámica relacional las vinculaciones de afecto, protección, solidaridad y dependencia favorecen el logro de objetivos comunes, aún con intereses antagónicos2. De este modo, el análisis de redes nos acerca en el contexto de relaciones materiales, afectivas y simbólicas a la socialización del poder. Es decir, cómo se ejercía y cuáles eran los mecanismos y estrategias en que se basaba su ejercicio y funcionamiento.

A partir de estas consideraciones, se analizan actitudes y comportamientos de los hombres que en funciones de gobierno local o provincial en Maracaibo, asumieron a finales del gobierno borbónico la responsabilidad de dar respuestas a la crisis de legitimidad política, y asumir el control del poder en la capital provincial por lo menos hasta 1821, cuando Maracaibo se anexa a la República de Colombia.

Para la séptima década del XVIII, Maracaibo era la capital provincial de una jurisdicción que abarcaba un extenso territorio: Gibraltar, Trujillo, San Cristóbal, Mérida, La Grita, Villas de Perijá y Sinamaica, Escuque, Tovar, Bailadores. Como ciudad-puerto constituía el hinterland de un mercado intra e interregional que extendía sus fronteras sociales, políticas y comerciales desde localidades del interior de su cuenca lacustre, hasta jurisdicciones del nororiente neogranadino en el Virreinato de Santa Fe de Bogota3.

Durante las últimas décadas borbónicas e inicios del XIX, Maracaibo contaba aproximadamente con unos 20.000 pobladores, y su vida mercantil giraba alrededor del intercambio de la plata proveniente de Veracruz, por el cacao que se producía en el interior de la cuenca lacustre y, particularmente en los valles de Cúcuta, jurisdicción del nororiente colombiano. Para ese momento, comerciantes vascos conjugaban sus intereses políticos y económicos con los catalanes que se habían avecindado en Maracaibo, atraídos por los beneficios que el reformismo comercial de los borbones les prometía. En la búsqueda de fortuna, esposa y familia, se integraron rápidamente en la sociedad local.

En su práctica social y política como funcionarios de gobierno local o provincial coinciden antagonismos y apoyos, lo que les permitió controlar cualquier decisión para afianzar el poder y construir un orden social, que respondiera al sistema de solidaridades, fidelidades y lealtades que significaban y representaban.

Los sucesos ocurridos en la Península, en Caracas y en Maracaibo4, al igual que en el resto de Iberoamérica anunciaban ya cambios y transformaciones, en los que el cabildo como representante de la sociedad local es el epicentro. Desde su interior se organizan y se definen posturas que buscaban legitimar y validar el proceso de representación política iniciado a partir de 1810.

La disputa entre monárquicos y republicanos por la legitimidad y la lealtad se explica en el marco de la complejidad de la lucha por el poder y el control de los espacios, tal como lo evidencian los distintos pronunciamientos, proclamas, representa-ciones, acuerdos, pastorales de obispos, discursos e informes de funcionarios de gobierno. Por esta vía unos exhortaban a encender los ánimos y elevar el patriotismo; otros, a explicar las causas de los hechos; otros, más políticos plantean la lucha por los derechos ciudadanos dentro de la monarquía, sin romper con la Península5.

En este conflicto de intereses la respuesta del cabildo de Maracaibo, a pesar de las tensiones y diferencias, al menos en un primer momento es de irrestricto apoyo y lealtad a la monarquía española. El curso de los hechos agudiza las contradicciones y se promueven intentonas separatistas que fomentan la independencia y la formación de un gobierno unido al de Caracas, independiente desde 1811. Estas actitudes definen el escenario político de la época, y develan desde 1812 la influencia de un pensamiento ilustrado, cuyo objetivo es la lucha por la soberanía, la libertad y la independencia, siguiendo los planteamientos cara-queños.

A pesar de los acuerdos, la postura lealista del cabildo maracaibero, seriamente afectada por los cambios que impone la coyuntura política del momento, cede ante la realidad de los hechos y, en agosto de 1821, Maracaibo se anexa a la Gran Colombia, proclamada oficialmente por la Constitución de Cúcuta. En adelante, los hombres del cabildo local, en defensa de sus prerrogativas e intereses, reconociendo sus atribuciones soberanas declaran su adhesión al proyecto republicano. Sin embargo, las contradicciones persisten aunque con rasgos distintos, pues las rivalidades por la conservación de las cuotas de poder en la coyuntura política que se iniciaba deben ajustarse a los principios de soberanía y representación que encarnaban otras formas de organización política.

 

La crisis del antiguo régimen español a finales del siglo XVIII

 

El proceso de cambios y transfor-maciones que marca la fase crucial de la crisis del antiguo régimen en la España borbónica de la primera década del siglo XIX, se remonta a la oleada de descontento y oposición que ya se manifestaba por toda España en los años setenta del siglo XVIII. Los motines contra Esquilache (1766), ministro del gobierno de Carlos III, son expresión del comienzo de la agudización de la crisis. La opinión pública le acusaba de los pro-blemas y frustraciones existentes6.

Pero como lo apunta María A. Samper (2000, pp. 11-13), el problema era más complejo y la crisis llegó cuando los problemas aún sin resolver eran demasiados, y los fracasos y las decepciones no pudieron ser superados por las promesas y las expectativas. Desde 1760 la crisis de subsistencia violentaba la relativa prosperidad del reinado de Carlos III: fuertes sequías, malas cosechas, carestía y escasez de productos, inseguridad en los abastecimientos y la corrupción y abusos de las autoridades municipales son algunas de las variables a considerar.

Queda claro que las dificultades del sistema monárquico absolutista español forman parte de un proceso de transformación que va más allá de los acontecimientos revolucionarios producidos desde 1808. En la historiografía española se coincide en afirmar que el agotamiento de la sociedad tradicional es evidente antes de la coyuntura crítica del gobierno de Carlos IV. Esto es, la crisis de la estructura monárquica tradicional debe buscarse en los años setenta del siglo XVIII7.

En las últimas décadas del siglo XVIII las tensiones estructurales se magnifican a causa de problemas coyunturales, entre ellos la crisis del comercio colonial y los conflictos financieros de la monarquía borbónica, agravados por la política exterior de carácter belicoso de Carlos IV. En este contexto de crisis política, fiscal y colonial, afirma Castells y Moliner (2000, p.16), se gestó la convergencia de intereses que desencadenó el conflicto.

La diversidad de la conflictividad en la España borbónica es incuestionable. En lo económico, el endeudamiento causado por las guerras primero con Francia (1793-1795), y posteriormente con Inglaterra (1796- 1802-1804-1808); el ataque británico al comercio con América y el bloqueo del comercio peninsular socavan las ya debilitadas finanzas reales. En lo político los acontecimientos del Escorial (1807), y Arajuez (1808), significaban para Napoleón Bonaparte la incorporación de España y sus territorios americanos a su Imperio, y en consecuencia, el reemplazo de la dinastía borbónica por un miembro de su propia familia.

A juicio del historiador Francois-Xavier Guerra (1992, pp. 118-119), las abdicaciones en Bayona marcan definitivamente el rumbo de todo el mundo hispánico8. En adelante, los levantamientos contra los franceses y la formación de juntas defensoras de los derechos del rey cautivo, y de fidelidad y lealtad expresan, a pesar de las tensiones en el seno de la monarquía, la identidad de reacciones tanto en España como en América: fidelidad al rey, defensa de la religión, de las costumbres, de la patria.

En lo ideológico la ilustración y el liberalismo habían penetrado España desde mediados del siglo XVIII. No sólo la Enciclopedia Francesa prohibida por la inquisición española estaba al alcance de todos, sino que impresos (escritos, libros, folletos, pastorales, pasquines, periódicos) y museos, entre otros, eran portavoces de una serie de conocimientos e ideas. En materia económica los escritos de los fisiócratas y de Adam Smith se leían con libertad. En lo político, igual ocurría con los de Montesquieu, Rousseau, Condillac, Voltaire y Raynal.

Los canales de difusión de este pensamiento estaban en las Universidades, las sociedades económicas y la prensa. Aunque hubo cierta hostilidad por parte de los conservadores, su objetivo en la lucha por el cambio se cumplió progresivamente.

A decir de John Lynch (1999, pp. 234-235), ya desde 1780 la minoría ilustrada se encontraba radicalizada, pues antes de que estallara la Revolución francesa muchos de ellos se habían graduado en las universidades con el germen de la necesidad de los cambios. De manera que el impacto de dicha revolución y la degradación de la monarquía española agudizaron las divisiones políticas: los conservadores se hicieron más conservadores y los progresistas comenzaron a buscar una alternativa a la monarquía absoluta y a una iglesia sumisa.

Las reacciones que originaron la destitución a su vez de Carlos IV y Fernando VII, tanto en España como en América, se materializan en crisis de autoridad y legitimidad política que se traduce en muestras de apoyo a Fernando VII, develados en todas partes en juramentos de fidelidad al mismo. Sin embargo, las tensiones políticas propias de la situación generada permanecen latentes, y las alianzas temporales en el caso de las provincias americanas ceden paulatinamente el paso a los desacuerdos entre monárquicos y republicanos. Pues de lo que se trataba era de mantener el control de ciertos espacios en la economía, en la política e incluso en las relaciones familiares y de parentesco.

 

Maracaibo y la ruptura con la monarquía española

 

La disputa entre monárquicos y republicanos por la legitimidad y la lealtad a partir de 1808, al igual que en el resto de Iberoamérica, dio lugar a importantes mutaciones subyacentes en las nociones de soberanía y representación; y en ellas el cabildo como representante de la sociedad local es el epicentro.

Desde el interior del cabildo se organizan las distintas provincias como entidades soberanas, "... pues ellos encarnaban a los "pueblos" depositarios de la soberanía según la antigua tradición pactista, que a su vez validaba todo el proceso de representación política abierto con la transformación en las instituciones a partir de 1810;..."10

Un elemento importante a tomar en cuenta es la presencia de una ideología y un imaginario monárquicos, que al igual que en el resto de Iberoamérica marca actitudes, comportamientos, discursos y prácticas políticas insurgentes y lealistas. A pesar de las tensiones y diferencias, al menos en un primer momento, el consenso en torno a la figura del rey depuesto se expresa en sentimientos de apoyo y lealtad a la monarquía española y rechazo al usurpador francés. La defensa de "... la sagrada causa de la religión, del rey y de la patria...", devela la unidad y compromiso de todos con la monarquía española.

En este conflicto de intereses la respuesta de las provincias americanas tuvo diferentes matices. Reconocer o no a la Regencia quedó a la libre decisión de cada pueblo, de cada ciudad, y en consecuencia, la diversidad de actitudes manifiestas deja abierta la posibilidad para disputas entre ciudades y con el mismo Consejo de Regencia.

Aquellas ciudades capitales que eliminaron a las autoridades regias y constituyeron juntas (Caracas, Bogotá, Buenos Aires, Chile) muy pronto tuvieron que enfrentar las reacciones opuestas de otras ciudades importantes que no aceptaban sus pretensiones de preeminencia. "...Caracas tuvo que enfrentarse con Coro y Maracaibo; Buenos Aires, no sólo, como antes, con Montevideo, sino también con las ciudades del interior; Nueva Granada, se fragmentó en múltiples juntas rivales11".

En la complejidad de la lucha por el poder, el cabildo de Maracaibo como representante de la sociedad local, tuvo que enfrentar diversos intentos de sublevación ocurridos en 1799, 1810, 1811 y 1812. Es de hacer notar que los mismos no representaron peligro alguno para la estabilidad del régimen monárquico, pues carecían de una plataforma político-ideológica. Sólo indican el descontento de algunos sectores que ven amenazados sus privilegios socio-económicos. En ello, la política de alianzas fue fundamental pues garantizaba la legitimidad del sistema político que las dignidades de gobierno representaban.

Entre 1808 y 1812 el cabildo maracaibero registra un equilibrio entre criollos y peninsulares, tanto en los cargos de elección (alcaldes y procuradores), como en las regidurías (véase cuadros 1y 2). A este ayuntamiento le correspondió enfrentar los primeros momentos de la crisis de legitimidad política de la monarquía y tomar iniciativas y decisiones en la búsqueda de consensos, lealtades y fidelidades.

A pesar que su ámbito de gobierno se circunscribía a la localidad, en el caso de Maracaibo, se puede señalar que el poder e influencia de sus miembros rebasaron los límites administrativos oficiales, pues, en su mayoría el cabildo estuvo controlado por hombres de negocios que habían logrado extender sus actividades fuera de los límites locales, provinciales y regionales, gracias a la posición privilegiada que tenían en el gobierno local.

En la conservación, incremento y fortalecimiento de los espacios de poder en una sociedad unida por solidaridades mutuas, los lazos familiares y de parentesco en el cabildo maracaibero condicionaron en gran medida las actividades y decisiones del mismo. En su mayoría los capitulares maracaiberos estuvieron aliados o empa-rentados de alguna manera, lo que les permitió, además de monopolizar las distintas actividades económicas intra e interregio-nales, el control del poder en las distintas instancias de gobierno local.

Hay que destacar que estas alianzas se caracterizaron por su heterogeneidad y amplitud, que si bien estrechaban diversidad de lazos, no permitieron el predominio o una fuerte presencia de un grupo familiar en particular. En todo caso, vínculos inmediatos como la familia y el parentesco se complementaron con los de amplio alcance como la amistad, los negocios y la clientela. Lo importante era garantizar la legitimidad del sistema político que las dignidades de gobierno representaban.

En el marco político local/provincial significan honor y autoridad. Esto explica la actitud del cabildo maracaibero presidido por el gobernador Fernando Miyares, en Julio de 1808 ante las abdicaciones en Bayona. El cabildo en sesión extraordinaria condena tan deplorable situación y llama a socorrer por todos los medios y auxilios a "Nuestra Metrópoli". En la exposición de los hechos se recordaba que Maracaibo siempre había dado muestras de fidelidad y lealtad a la Monarquía,

Cuadro 1

Cabildo de Maracaibo. 1808-1810

Nombre             Origen        Cargo   Período      Ocupación
José I. Baralt Sánchez maracaibero Regidor llano Alguacil Mayor 

1808/1810 

 Hombre  de negocios
Juan F. Perozo  Sin información   Alcalde primero         1810   Hombre de negocios
Joaquín de Amadeo Vasco      Alcalde segundo

1810 

  Comerciante
Felipe de Quintana  maracaibero    Alcalde primero Alférez Real    

  1808/1810      1810   

  Comerciante
Juan E. Ramírez    Vasco      Diputado Consular  1810/1812   Comerciante
Diego de Melo portugués   Fiel ejecutor    1808/1810  Comerciante
José A. De Almarza   maracaibero   Alguacil Mayor Regidor decano   1808/1810       1810       Capitán de Milicias
Manuel de Linares González maracaibero Procurador      1810     Comerciante
Agustín Mas y Rubí  maracaibero  Fiscal de Real     Hacienda   1811   Sin información
Ramón Correa   Ceuta (España) Diputado auxiliar    1810/1812    Militar de carrera
José H. Rodríguez   Sin información  Alcalde segundo  1808    Sin información
Francisco Miguel Roldán  Sin información  Alcalde Mayor   provincial   1808/1810   Sin información
 José Simón Baralt  Sin información  maracaibero      Procurador        1808  Hombre de negocios

             

Habitantes de Maracaibo, no seamos de los últimos en manifestar los nobles sentimientos que nos animan. Conservad, benemérita provincia aquella ilustre memoria de haber sido la primera en toda la costa firme que después de su descubrimiento envió al soberano una embarcación cargada de todos los frutos de su suelo... Tampoco me olvido de recordar la fidelidad y arrogancia... del cuerpo Veterano y Milicias el año de 1781 contra los revoltosos que emprendieron perturbar la tranquilidad de lo interior; ...hasta la fecha son bien notorios; pero jamás se ha presentado una ocasión que exija tanto como la presente, los últimos esfuerzos de todo buen vasallo12 (resaltado nuestro).

Queda claro cuáles son los métodos utilizados para conseguir de los vecinos los apoyos y auxilios que necesitaban. En esta misma sesión el cabildo deseoso de "... acreditar su celo, amor y lealtad en obsequio de su Soberano y de la Patria en circunstancias que exigen los más prontos socorros para sostener la Real Autoridad y el nombre Español...13", acuerda unánimemente remitir a la Península todo tipo de frutos y dineros donados por comerciantes, labradores y vecinos, a fin de atender a las urgencias de la guerra.

Esta contribución de "lealtad y patriotismo", inscrita en códigos y valores de corte antiguo, sería objeto de reconocimiento. En efecto, el cabildo acordó un registro a exhibirse en público de todos los contri-buyentes con sus respectivas colaboraciones. En el imaginario de la época esta distinción pública se asume como símbolo de honor y privilegio. De ahí, lo oneroso de los donativos y la disposición a contribuir con tan heroica empresa.

El 2 de octubre de 1808, a solicitud del gobernador y del ayuntamiento local, se celebró en la Santa iglesia matriz de Maracaibo un Te-Deun en acción de gracias por la derrota del ejército francés en la región de Talavera. La celebración también incluía luminarias en todas las casas después del Te-Deun y al día siguiente. Estas ceremonias son una expresión más de lealtad de las dadas en Maracaibo. En esta situación ellas buscaban fortalecer sentimientos de unidad y cohesión mutua. A pesar de las diferencias, todos, sin distinción, en estos momentos debían dirigir sus ruegos al todopoderoso por la felicidad del "amado soberano14".

En diciembre de 1808, ante la aparición de un pasquín en la esquina de la Administración de correos en contra del gobierno e incitando a la población a levantarse en armas, titulado "Los hijos de Maracaibo", el Ayuntamiento celebró cabildo extraordinario. Una vez discutido el contenido del pasquín, señalaron que el mismo era producto de espíritus díscolos y sediciosos, dignos de desprecio. En consecuencia, se ofrecieron a ser "pesquisadores" de los malvados perturbadores de la fidelidad, unión y obediencia que debían guardar a las superiores disposiciones15. Esta actitud legitimaba la autoridad española en la provincia y fortalecía la "dignidad" que simbolizaba el gobierno monárquico.

Por desconocimiento del contenido completo del pasquín, es imposible aseverar su correspondencia con los hechos que ocurrían en Caracas, concretados en lo que algunos historiadores han denominado "La conjura de los mantuanos". Hasta ahora sólo se conoce que el mismo estaba centrado en el desprestigio del gobierno provincial. Por lo que es arriesgado aseverar que ya a la fecha se manifestaban en la ciudad sentimientos de emancipación política.

Cuadro 2

Diputados Auxiliares del Cabildo en Maracaibo. 1810

Nombre      Origen        Cargo     Ocupación           Observaciones
Ramón Correa       Español (Ceuta)  Diputado auxiliar     Militar de carrera     Yerno del del cabildo gobernador Miyares
José H. Monsant  Sin información           Juez eclesiástico          Sin información         Vicario General.Obispado de Maracaibo.
Luis I. De Mendoza    Sin información Canónigo doctoral        Sin información    Asistía la iglesia Catedral de Mérida
José V. Rodríguez         Sin información      Juez de Diezmos      Sin información    Sin información
Sebastián de Esponda   Catalán   Catalan   Diputado Consular  Capitan de milicias Alcalde ComercianteFactor de la Real  Compañía de Filipinas Socio de Bernardo de la Puente Puente 
Juan E. Ramírez     Vasco     Diputado Consular  Alcalde Primero   Comerciante de la   carrera de Veracruz             Propietario:   embarcaciones bienes raíces
Andrés M. de   Sin información                   

Sin información 

     Graduado en  Manzanos Leyes
José Domingo Rus   Maracaibero   Auditor de  Guerra      Alcalde Primero              Negocios varios    Diputado Consular.  Cortes de Cádiz

 

En todo caso, llama la atención la resolución del cabildo maracaibero de gratificar con 500 pesos a quien descubra o denuncie a su autor o autores, y ordena publicar tal medida por bando público; a su vez, apoyar irrestrictamente a su fiel autoridad político-militar.

En mayo de 1810, ante la declaración separatista caraqueña, el gobernador Fernando Miyares expresaba "... este vecindario debe conservar su pura y más acreditada lealtad a su muy amado Rey Don Fernando Séptimo, y al gobierno de España que representa su real soberanía..."16. Por tanto convocó un cabildo extraordinario para tomar las medidas del caso en resguardo a la "lealtad y celo a nuestro Rey".

Entre las medidas se acordó reunir a todos los sujetos beneméritos de la provincia para a fin de que "... estando instruidos del espíritu de este ayuntamiento puedan con su autoridad y persuasión inflar cada vez más en todo el pueblo y vecindario la prosecución acostumbrada de fidelidad y afecto"; exhortar al gobernador Miyares a reasumir las funciones correspondientes a la Capitanía General, Superintendencia y Audiencia, para lograr la tranquilidad y el buen orden.

Asimismo, designar como diputados auxiliares del cabildo para "... con sus luces cimentar mejor el acierto que desean..."17, a varios vecinos que habían desempeñado algún empleo local y tenían como ocupación permanente los negocios; además de otros vinculados por lazos de amplio y corto alcance (véase cuadro Nº 2).

Se deduce que en una situación crítica como la planteada, ellos eran los llamados a aportar ideas y experiencias que contribuyeran a mantener la calma y la paz, asegurándose así el control del poder político local y la continuidad en el mismo.

Los hechos llevan al cabildo de la ciudad de Coro a solicitarle el 24 de mayo de 1810 al gobernador Miyares que asuma la Capitanía General de Venezuela. Los capitulares maracaiberos en sesión extraordinaria acordaron apoyar unánimemente tal solicitud18. En efecto, Miyares se juramenta como Capitán General de Venezuela ante el cabildo local el 23 de Julio de 1810, desconociendo lo acordado en Caracas.

La solidaridad manifiesta entre los miembros de los cabildos de Coro y Maracaibo expresaba lo que se conoce como "discurso de la fidelidad". Fidelidad a la monarquía y a los intereses que representaban en estos ámbitos de gobierno "del reino".

Desde los respectivos cabildos, las solidaridades y fidelidades, a pesar de las diferencias, se hacen presentes, más aún en momentos críticos para la estabilidad monárquica. En efecto, desconocen el gobierno caraqueño y juran "fidelidad al Rey" ausente / presente.

En estas circunstancias las solidaridades locales, extensivas a otras jurisdicciones provinciales, manifestaban el interés de mantener su actitud promonárquica y de conservar la autoridad española en la provincia. Interesa destacar entre los miembros del cabildo de entonces a comerciantes y propietarios de "buena opinión pública"; ellos conservaron una actitud pro–monárquica y autonomista respecto a Caracas, en correspondencia con la del gobernador Miyares (véase cuadro 3).

Su apoyo irrestricto al gobernador era muestra de lealtad y fidelidad a lo que su figura encarnaba como máxima autoridad monárquica en la provincia. Dentro del simbolismo político de la época, bien se les puede calificar de "fieles y leales servidores del Rey".

La Junta Suprema de Caracas, la cual reconocía en Miyares a uno de los magistrados más probos y distinguidos de la administración colonial, resolvió enviarle comunicación fechada el 22 de junio de 1810,

 

Cuadro 3

Cabildo de Maracaibo. 1810-1812

 

Nombre                       Origen            Cargo               Período              Ocupación

José I. Baralt Sánchez    maracaibero    LlanoAlguacil Mayor   1810                Hombre de negocios

Juan F. Perozo                maracaibero    Alcalde primero        1810                Hombre de negocios

Joaquín de Amadeo         Vasco             Alcaldesegundo      1810 /1811         Comerciante

Felipe de Quintana           maracaibero    Alférez Real          1810/1812          Comerciante

Juan E. Ramírez              Vasco            Diputado Consular    1810/1812         Comerciante

Diego de Melo                  portugués         Fiel ejecutor         1811/1812         Comerciante

José I. Baralt y Cavé      Catalán          Diputado Consular     18121812     Hombre de  negocios

                                                            Alcalde segundo

Manuel de Linares          maracaibero     Procurador               1810                 Comerciante

González

Agustín Mas y Rubi         maracaibero     Fiscal de Real           1811               Sin  información

                                                            Hacienda

Ramón Correa               Ceuta (España)  Diputado auxiliar     1810/1812       Militar de carrera

 

En respuesta a estos hechos, Miyares se dirigió a los maracaiberos para ponerlos en conocimiento de la situación, específicamente de los planes de Napoleón Bonaparte para insurreccionar las colonias hispano-americanas. Asimismo, advirtió su disposición para defender el legítimo gobierno y tomar las precauciones y medidas necesarias, tales como: atención a la entrada y salida de buques extranjeros; no dar posada en sus casas a persona alguna sin previo aviso al gobierno, bajo la pena de 100 pesos de multa y premiar a quien descubriera cualquier sospechoso. Señalaba que estas medidas fueron consultadas con el virrey de Santa Fe y con los señores gobernadores y capitanes generales de Puerto Rico, Santo Domingo y Río Hacha19.

Entre apoyos y tensiones las circuns-tancias políticas del momento expresaban las contradicciones internas, develadas en torno a la propuesta caraqueña y la actitud asumida por el cabildo local y el gobernador provincial. Como expresión de estas contradicciones, los intentos sediciosos de 1810, 1811 y 1812, buscaban desestabilizar la fidelidad monár-quica.

Los hechos que se suceden en mayo de 1810 anuncian ya trastornos en la vida política local. Un grupo de funcionarios militares dirigidos por el sargento segundo del Real Cuerpo de Artillería, Natividad Villasmil, natural y vecino de Maracaibo, planeaban la toma del cuartel de artillería para el 12 de mayo. Junto a Villasmil fueron detenidos como sospechosos sus hermanos Ramón Villasmil, soldado de milicias regladas de blancos y José Miguel Villasmil; León Francisco de Campos, natural y vecino de Maracaibo, abogado de la Real Audiencia de Caracas; José Ramón Mollejas, vecino de Maracaibo. Se les acusaba de haber penetrado en el cuartel sin ninguna orden y tomado unos cartuchos de cañón, de vociferar en contra de la monarquía y dar muestra de adhesión a los rebeldes caraqueños20. Después de 10 meses de presidio todos fueron absueltos, según el gobernador encargado, Pedro Luis de Porras, no se encontraron indicios graves de culpabilidad.

El sumario que se les siguió y las declaraciones de varios testigos infieren que en la intentona se involucraron vecinos vinculados al gobierno local y provincial. Entre ellos los hermanos Lucas y Luis Andrés Baralt, José Ignacio Valbuena, Bernardino Serrudo y Marcelino Vale21.

Los acontecimientos que al parecer ya pretendían trastocar las muestras de unanimidad y lealtad, evidencian una leve fractura, aunque no todavía manifiesta entre quienes controlan la vida política local. En defensa de sus derechos legítimos, de sus intereses y de su seguridad como miembros de la nación española, los vecinos de Maracaibo en Representación de 5 de octubre de 1810, solicitan al ilustre ayuntamiento la ratificación del juramento de fidelidad presentado al Supremo Consejo de Regencia en abril de 1810, así como la expulsión de quienes traten de perturbar la paz y la tranquilidad de la provincia22.

Aunque no hay certeza de la relación entre esta representación y el anónimo que circuló en la capital provincial el 2 de septiembre de 1810, se infiere por el contenido del mismo que había un interés en ciertos sectores por mantener el control en la alianza política que legitimaba a la autoridad monárquica. El anónimo exhortaba al gobernador Fernando Miyares a tomar medidas.

... En las graves circunstancias del día, el pueblo tiene una autoridad decidida para proporcionarse un gobierno suave y justo, sepultando el arbitrio. Si usted en fuerza de su obligación no solicita y hace efectuar un cabildo abierto, su vida será sacrificada; y si convencido de su obligación facilita este acto, el pueblo premiará su mérito patriótico23.

En efecto, en octubre de 1810 el ayuntamiento de Maracaibo en sesión plena y con la presencia de tres delegados por el pueblo que estaba reunido en la plaza mayor, una vez leída la representación con las propuestas concertadas por los diferentes gremios, acordó ratificar el juramento de fidelidad al Supremo Concejo de Regencia. Igualmente, proveer todo lo conveniente para el mayor celo y vigilancia "... por lo mucho que interesa a la pública tranquilidad, y tomar todas las medidas para detener y sofocar cualesquiera opinión que intente sembrar la malicia de los perturbadores de la seguridad y quietud pública..." Como señal de jubilo también se dispuso que se iluminara durante toda la noche la ciudad y la realización de actos litúrgicos con Tedeun en acción de gracias.

Hasta ahora, todo indica la disposición a lograr acuerdos y consensos. De cualquier manera los hombres que dirigen y controlan el poder local y provincial estaban atentos ante los acontecimientos que ocurrían dentro y fuera de la provincia, y dispuestos a controlar todo intento de subvertir el orden.

En 1811, después de la declaración de independencia caraqueña, se rumoraba insistentemente en la ciudad que algunos sujetos, entre ellos Juan Evangelista González (próspero hacendado); Lucas Baralt, hombre de negocios; Luis Baralt, hombre de negocios y Manuel José Amador, comerciante, manifestaban sus desafectos con el gobierno español y sus claros propósitos de unirse a la propuesta caraqueña.

Para tales efectos se reunían, relata Juan Besson (1945, pp. 36, 37, 38), en las casas de don Antonio Carmona (Comisario del Santo Oficio), de Manuel José Amador y don Juan Evangelista González. Entre los partícipes de las reuniones estaban don Domingo Briceño, Bartolomé Monsant, Luis Ignacio Hurtado, Andrés Antúnez, Diego de Melo, José Ignacio Baralt, José Antonio Almarza, don Francisco del Pulgar, don Lucas y don Luís Baralt, entre otros. Es de hacer notar que Baralt, Melo y Pinto, Almarza, en 1810 habían apoyado las propuestas del cabildo local de apoyo irrestricto al gobierno monárquico.

A pesar de que fueron sometidos a prisión Juan E. González, José Félix Soto, José de Mesa y Lucas Baralt, se dictaminó como resultado de la pesquisa a varios testigos que el delito de conjura no estaba probado, por lo que fueron puestos en libertad.

Sin embargo, en el ánimo de éstos y otros maracaiberos estaba la disposición de asumir el control político de la situación, e impulsar los cambios y reformas. Como expresión de las contradicciones, la conspiración fraguada nuevamente en 1812, buscaba desestabilizar la fidelidad monárquica, mediante la toma de la ciudad y promover la formación de un gobierno unido al caraqueño. El manuscrito que hicieron circular el 1º de marzo de 1812 si bien no es un plan de acción política, sí devela una organización en la conspiración.

Patriotas maracaiberos:

La noble empresa de rescatar nuestra bella tierra de la servidumbre en que vegeta, desarrolla sus medios de acción; la luz de la libertad ilumina las frentes de los descendientes de Mara; marchando a pasos gigantescos... Unión fraternal,... desin-teresada cooperación, firme convicción y confianza, nos demandan sin prescindencias el honor y la patria... Preparémonos de esta forma para el día solemne que se acerca; e invoquemos a Dios24.

Ante ello el gobernador Pedro Luis De Porras, el 19 de febrero de 1812, en proclama dirigida a los habitantes de Maracaibo, les exhortaba a mantener la fidelidad monárquica y a no dejarse influenciar, ni confundir,

Yo diré con la mayor satisfacción que nadie les excede maracaiberos en amor a la religión, la patria y a su Rey Fernando Séptimo... No seréis confundidos no: Los arrancare de entre vosotros y los subiré hasta el patíbulo... No tiene que temer el inocente ni el hombre honrado: El brazo terrible de la justicia solo caerá sobre el criminal y el revoltoso... 25.

En el sector que impulsa la ruptura definitiva destacan españoles americanos y maracaiberos dedicados a los negocios y a la política: Dionisio Torres, médico neo-granadino a quien se atribuye la idea de la congregación; Juan C. Villasmil y Juan Manuel Villasmil, padre e hijo naturales de Maracaibo; José León Campos, jurista; Joaquín Vale y Marcelino Vale, padres e hijo, ambos dedicados al comercio; Domingo Briceño, teólogo, abogado y literato, natural de Trujillo; José Antonio Almarza, regidor del cabildo; dn. Lucas Baralt, médico de profesión y hombre de negocios; Luis Andrés Baralt, hombre de negocios; José Ignacio Valbuena, Fernando Saint Just, capellán de Santa Ana; Juan Evangelista González, criollo, propietario de haciendas; José Hipólito Monsant, vicario, juez eclesiástico y José Francisco del Pulgar, capellán, entre otros26.

En su mayoría, estos hombres fueron detenidos durante un año aproximadamente . A Joaquín y a Marcelino Vale, se les acusaba de tener en su casa de habitación papeles sediciosos. A Lucas Baralt se le imputaba la posesión de varias cartas de su hermano Luis Andrés, firmadas en Cúcuta en febrero de 1812, donde había huido por el plan descubierto en 1810. A Luis Andrés Baralt se le incautaron papeles relativos a un diario revolucionario de Bogotá, impreso en 1810. Entre otras cosas, el diario destacaba la necesidad de hacer llegar a todos los sectores por vía impresa las ideas independentistas27.

Según el gobernador encargado, Pedro Luis de Porras, en el parte de la rebelión remitido al Consejo de Regencia, ésta fue frustrada por la fidelidad de sus tropas y habitantes, no obstante la deficiencia de caudales en las Cajas Reales. El parte también contenía las relaciones de miembros seculares, militares y del clero que contribuyeron a frustrar la intentona, "... individuos de mérito, españoles europeos y americanos de todas clases, distinguidos por su fidelidad, patriotismo y adhesión a la santa causa de la Nación... Todos ellos han suministrado noticias y avisos que han influido en el orden y la tranquilidad de este vecindario, conservación de esta capital y descubrimiento de los cómplices de la rebelión..." 28.

Con su actitud manifestaban su disposición a la defensa del espacio político, económico y social, que por años venían controlando. En opinión de Belin Vázquez (1989, p. 41), lo que privó en este intento sedicioso fue la lucha por la defensa y el control de los espacios, pues las licencias otorgadas por el gobierno local a los catalanes para navegar en la laguna, perjudicaba a los españoles americanos, que habían compartido prebendas y privilegios con los españoles europeos.

Era evidente que en estas circunstancias afloraran las contradicciones y antagonismos que siempre habían existido. Por ello, los afectados promovieron "...intentos separatistas, elevan protestas contra las arbitrariedades cometidas por las autoridades y se pronuncian por las juntas provinciales y la independencia, desconociendo la autoridad suprema constituida en la Península"29.

Todo indica que las contradicciones entre los grupos de poder, representados en el Cabildo y las autoridades monárquicas locales, se agudizan a partir de 1812 y la tesis separatista se erige en ideología de aquellos sectores sociales que auspiciaban la ruptura definitiva, y en consecuencia, la inde-pendencia. Estas actitudes definen el escenario político de la época y devela la influencia en dichos sectores de un pensamiento ilustrado. Pensamiento que se concretiza en la llamada "Escuela de Cristo", la cual reúne buena parte de los hombres que liderizan la ruptura definitiva, y procuran los cambios. Sus afiliados, bajo la máscara de la religión, fomentaban la disidencia y promovían la causa independentista. (Vázquez: 1989:42).

Bajo el manto de la religión, desde el templo de Santa Ana, los conspiradores avanzan en sus propósitos "el culto a la patria y a la soñada república". A sus miembros se atribuye el intento sedicioso de Febrero de 1812, el cual se proponía la toma de la ciudad y apegarse al movimiento separatista caraqueño.

En todo caso, los hechos revelan que ya para 1812, en Maracaibo hay evidencias de un movimiento insurgente impregnado del pensamiento político modernizador, cuyo objetivo es el paso de la lealtad monárquica, a la soberanía, la libertad y la independencia, siguiendo las ideas caraqueñas.

En septiembre de 1812, José Domingo Rus como diputado por la provincia de Maracaibo en las Cortes de Cádiz, al solicitar una serie de prerrogativas para distinguir la fidelidad y lealtad provincial, reconoce la presencia de "alborotos y sediciones" que "...en estos tiempos de desgracia han procurado turbar el orden y la tranqui-lidad..."30. En ningún caso hace mención de sus autores ni del contenido preciso de sus propuestas.

A pesar de los intentos para favorecer la ruptura, la lealtad política mediada por los vínculos personales privó en la sociedad maracaibera hasta el 28 de enero de 1821, cuando Maracaibo oficializó su adhesión al gobierno de la "Gran Colombia".

El cabildo local, presidido por el gobernador Francisco Delgado, en sesión pública después de discutir la conveniencia de declararse independiente de la monarquía española, acuerda

…en bien de la salud pública, orden y gobierno de este pueblo… declarar al pueblo de Maracaibo libre e independiente del gobierno español, cualquiera que sea su forma desde este momento en adelante; y en virtud de su soberana libertad se constituye en república democrática y se une con los vínculos del pacto social a todos los pueblos vecinos y continentales, que bajo la dominación de República de Colombia defienden su libertad e independencia, según las leyes imprescriptibles de la naturaleza31.

El mismo cabildo ordenó publicar por bando público el acuerdo a son de "…caja, repiques de campanas y todas las manifestaciones de gozo y alegría que se tenga a bien.

La fachada fidelista que había unido a los hombres del cabildo maracaibero, desde 1808, desapareció y cedió el paso a la declaración de libertad e independencia plena, pronunciando su adhesión al gobierno grancolombiano. El deslinde de las posturas políticas indica la adopción definitiva del ideal republicano que desde 1812 comprometía a aquéllos que de diversas maneras habían logrado conectarse al pensamiento liberal ilustrado de la época. De ese modo, algunos de los fidelistas más activos de 1810 como Juan Evangelista Ramírez, Diego de Melo, Lucas Baralt, Luis Andrés Baralt y José Hipólito Monsant promueven dos años después la idea de comprometerse con el nuevo proyecto. Para ello, conjugan sus ideales republicanos con intereses y vinculaciones de negocios, parentesco y amistad.

Todo indica que progresivamente se agudizan las contradicciones entre monárquicos y republicanos. Una vez definidas las tendencias, las políticas lealistas se concretan en disposiciones, decretos y ordenanzas destinadas a detener el avance de los ideales republicanos, que en este momento inician el camino sin retorno hacia la independencia política. Con la palabra escrita en pasquines, libros, folletos y manifiestos públicos o clandestinos se conspira en defensa de privilegios socio-políticos, pero a la vez por la adopción de principios e ideales de tipo liberal. En todo caso, las contradicciones y antagonismos permanecen, aunque con apariencia distinta, y se mantienen a lo largo de todo el proceso de formación de la nación venezolana.

 

CONSIDERACIONES FINALES

 

En el marco de valores característicos de una sociedad del Antiguo Régimen, y la proclama de nuevas formas de sociabilidad, la formación de redes clientelares favoreció los intereses particulares de quienes ejercen y controlan el poder. Desde la administración de gobierno la dimensión social del poder revela los modos y maneras que éste adquiere. En torno al mismo se conjugan diversidad de intereses propios, particulares y oficiales, de ahí el conjunto de apoyos, solidaridades, fidelidades, lealtades, acuerdos y desacuerdos.

El entramado socio-político de la sociedad maracaibera de fines del siglo XVIII y primeras décadas del XIX, está definido por vinculaciones de diversa índole, en las que se actuaba como colectivo, a pesar de las diferencias y desigualdades. Los diferentes compromisos en el juego del poder entrecruzan relaciones afectivas y simbólicas que de alguna manera integraban a los individuos en la organización social. En la misma comerciantes, propietarios y funcionarios de gobierno civil, militar y eclesiástico se asisten mutuamente reforzando lazos de amistad, negocios y clientelas. En todo caso, la acción oficial se mezcla a negociaciones particulares.

La densa red de dependencia e interdependencias recíprocas que unía y separaba a los individuos en defensa de intereses económicos, privilegios políticos y reconocimientos sociales, se extendía más allá del ámbito local y provincial en distintas instancias de poder, para lograr su cohesión y fortalecimiento.

Estos sentimientos de pertenencia e identidad local que acreditan a los individuos como parte de un colectivo van a ser importantes. Desde 1808 el cabildo de Maracaibo, como representante de la sociedad local, asume en pleno la defensa de lo que consideran su soberanía y proclama la fidelidad, obediencia y lealtad a la monarquía, representada en el rey prisionero, Fernando VII. Estas manifestaciones son una constante tanto en las sesiones ordinarias como extraordinarias del mismo, por lo menos hasta 1812, cuando empiezan a aflorar ciertas contradicciones.

La circulación de algunos anónimos y panfletos en la ciudad no indican por lo menos hasta 1812, la construcción de un proyecto político distinto al que hasta ahora había mantenido unidos a los hombres del cabildo maracaibero. Quienes dirigen y protagonizan la vida política local, en acuerdo con sus intereses económicos, dejan claro en diferentes impresos la disposición de defender sus posturas como legítimos vasallos del rey, reafirmar la autoridad monárquica y preservar el ejercicio del poder.

Todo indica que en momentos de cambios y transformaciones, como los ocurridos a finales del gobierno borbónico, las luchas por la libertad e independencia constituyen prácticas simbólicas que expresaban valores, creencias, usos y significaciones de los espacios sociales. Se trataba de la manifestación del compromiso entre funcionarios de gobierno y los sectores que usufructuaban privilegios y prerrogativas, gracias a una posición social y económica reforzada por relaciones personales en las distintas instancias de gobierno.

 

NOTAS

 

1 Este trabajo se inscribe en el proyecto Vínculos, símbolos y poder en el gobierno provincial de Maracaibo, 1787-1812, adscrito al programa de investigación "Identidades, poder y prácticas sociales", financiado por el Consejo de Desarrollo, Científico y Humanístico de la Universidad del Zulia.

2 Véase Gloria Franco Rubio (2000), Formas de sociabilidad y estrategias de poder en la España del siglo XVIII. En Enrique Martínez Ruiz (coord.) Poder y mentalidades en España e Iberoamérica. Universidad Complutense de Madrid, Artes gráficas Milenio, Madrid, España.

3 Para detalles al respecto véase Belín Vázquez de Ferrer, El puerto de Maracaibo: elemento estructurante del espacio social marabino. (Siglo XVIII). Maracaibo. Cuaderno de Historia N° 14. Universidad del Zulia. Ediciones de la Facultad de Humanidades y Educación, 1986; Ligia Berbesí de Salazar, "El comercio intraregional e interregional en el circuito mercantil Tunja-Pamplona-Maracaibo (1720-1770)", Revista Tierra Firme N° 10, Caracas, 1985, pp. 199-214.

4 En la Península el motín de Aranjuez (1806), y las abdicaciones en Bayona (1808), habían trastocado el sistema político monárquico de antiguo régimen. En Caracas los hechos del 19 de abril de 1810 y del 5 de julio de 1811 iniciaban el camino hacia la libertad y la independencia. En Maracaibo se asomaban ya algunas manifestaciones de descontento con los funcionarios de gobierno provincial.

5 Al respecto Francois-Xavier Guerra (1992, pp. 148-150), señala que esto ocurría en todas las jurisdicciones dependientes de la monarquía española. Por lo menos hasta 1808 los intentos sediciosos no develan el carácter sistemático de una doctrina filosófica o política.

6 Leopoldo di Gregorio, de origen italiano, catedrático de la Universidad de Pisa, ennoblecido por Carlos III con el título de Marchese di Squilace, fue primer ministro, consejero y confidente del monarca español. Como responsable de la Hacienda pública se le acusaba de haberse enriquecido a costa del pueblo español. Los rumores y sátiras hacían referencia a su afición al lujo, su codicia y su ambición de poder.

7 Véase Irene Castells y Antonio Moliner (2000), Crisis del Antiguo Régimen y Revolución liberal en España. Ariel Practicum, Barcelona, España.

8 Se habla de abdicaciones por cuanto a un mismo tiempo Carlos IV es obligado a abdicar a favor de su hijo Fernando VII (sucesos de Aranjuez). A su vez, en mayo de 1808 Carlos IV desconoce los argumentos legales de su renuncia y cede sus derechos al trono español a Napoleón Bonaparte, quien a su vez, los trasmite a su hermano José..

9 Al respecto consultar la obra de Mark A. Burkholder y D. S. Chandler (1977), De la impotencia a la autoridad. Fondo de Cultura Económica, México.

10Marchionni, Marcelo Daniel (1999), "Una elite consolidada. El cabildo de Salta en tiempos de cambios", en Sara Mata de López (comp.), Persistencias y cambios: Salta y el Noroeste argentino. 1770-1840, Prohistoria, Manuel Suárez, editor, Rosario, Argentina, p. 196.

11 Francis-Xavier Guerra (1995) Revoluciones his-pánicas: Independencias americanas y liberalismo español, editorial Complutense, Madrid, España, pp. 37.

12 AGI; Caracas, 382, f . 145.

13 Ibídem, ff. 146-146 vto.

14 Juan Besson...; p. 446.

15 AGI; Caracas, 382, f. 58.

16 ANC, Fondo Colonia, Sección Cabildos, Tomo 67.

17 Archivo de la Academia Nacional de la Historia Caracas, Documentos y papeles varios de Fernando Miyares, Tomo I, f. 5- 5 vto.

18 Estaban presentes, Luis Ignacio Hurtado, Canónigo doctoral de la Santa Catedral de Mérida; Juan Francisco Perozo y don Joaquín Amadeo, alcaldes ordinarios; Felipe Quintana, alférez Real; don Francisco Miguel Roldán, alcalde mayor provincial; don Diego de Melo, fiel ejecutor; don José Antonio Almarza, alguacil mayor interno; don José Ignacio Baralt, y el Síndico procurador general, don Manuel Linares González. Además, el gobernador y Comandante General Intendente de la provincia don Fernando Miyares; el Capitán de Milicias, don Juan Evangelista Ramírez, Diputado Consular; don Sebastián de Esponda; don Agustín Mas y Rubí; don Andrés María Manzano, Teniente de gobernador; don Ramón Correa (yerno del gobernador Miyares), Coronel de los Reales Ejércitos y Comandante de los cuerpos veteranos y Milicias de Maracaibo; don Domingo Rus, Fiscal de la Real Hacienda y los eclesiásticos don Antonio María Romana, Cura de San Juan de Dios y don José Hipólito Monsant, Vicario, Juez eclesiástico. AANH (Caracas), Papeles de Miyares, Tomo II, f. 110

19 AANH (Caracas). Papeles de Miyares. Tomo II. f. 115.

20 Archivo General de la Nación (Caracas), Causas de Infidencias, tomo VII, ff. 41-51.

21 Ibídem, f. 73.

22 AGI. Caracas 149, ff. 163-163vto.

23 Ibídem, f. 164.

24 Archivo General de la Nación (Caracas), Causas de Infidencia, tomo VII, ff. 51-51 vto.

25 El parte explica en detalle las causas que según el gobernador influyeron para que se produjeran los hechos de febrero. Reseña que hizo 38 detenciones, más no nombra a nadie en particular. A.G.I.; Estado, 130, f. 93.

26 Archivo General de la Nación (Caracas) Causas de Infidencias, Tomo, 7, ff. 339-340.

27 Ibídem, f. 341.

28 Don Joaquín Faria, escribano de cabildo; don José Vicente de Anca, Auditor de Guerra; don José Simón Baralt, alcalde ordinario de segunda; don Francisco Lezama, Regidor Perpetuo; don Valentín González, Párroco de la Grita; don José Vicente Travieso, Capitán graduado de milicias; don Felipe Quintana, Capitán de milicias y Alférez Real; Fray Francisco Xavier de Cervera, capuchino; don Manuel de Cañas, Teniente de Navío, asiste al cuartel de voluntarios del comercio de la ciudad, entre otros. A.G.I., Estado, 130, Legajo, 7.

29 Al respecto Cfr. Belín Vázquez, 1989, p. 42.

30 José Domingo Rus (1987), Maracaibo representado en todos sus ramos, 4ta edición.

31 Acta del cabildo de Maracaibo de 28 de enero de 1821 en Juan Besson (1945), Historia del Zulia, Tomo II.

 

FUENTES

 

Documentales

 

Archivo General de Indias (AGI), Caracas, 147, ff. 592 vto.; 903-905 vto.; f. 612; 179, ff. 191-192 vto.; 382, Estado, Expediente. 72, ff.18-28; 130, Legajo, 7.

Archivo Nacional de Colombia (ANC), Fondo Colonia, sección Cabildos, tomo 67.

Archivo General de la Nación (Caracas), Causas de infidencia, tomo VII, ff. 38, 41-51-51 vto., 73, 89-89 vto.

Archivo de la Academia Nacional de la Historia (AANH) (Caracas), Documentos y papeles varios de Fernando Miyares, tomo I, ff. 5-5 vto; tomo II, ff, 110- 115-115 vto.

Archivo del Registro Principal de Maracaibo (ARPM), Sección Escribanías, Tomos 7, 8, 9, 10.

 

Bibliohemerográficas

 

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