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Tierra Firme

versión impresa ISSN 0798-2968

TF v.24 n.93 Caracas ene. 2006

 

Continuidad socio-cultural Caribe-Kari’ña en Tierra Firme de Julio César Salas

Horacio  Biord

Universidad Católica Andrés Bello, Caracas, Venezuela

 

 

Resumen: Desde la época colonial la denominación étnica "caribe", aplicada a diversas realidades socio-culturales, originó frecuentes confusiones en las fuentes históricas, muchas de las cuales pasaron incluso a la etnología moderna. La falta de una adecuada crítica y ponderación etnohistórica contribuyó a aumentar tal confusión. Este trabajo analiza el abordaje hecho por Julio César Salas de la continuidad étnica entre caribes y kari'ñas, pueblo indígena de filiación lingüística precisamente caribe. Se hace un estudio crítico de la aproximación al tema en la conocida obra Tierra Firme. Etnología e Historia [1908], señalándola como un precedente importante de los estudios etnohistóricos en Venezuela.

Palabras clave: Caribes, etnohistoria, etnología, historia, kari'ñas, Julio César Salas.

Caribe-Kari’ña Socio-Cultural Continuity in Dry Land by Julio César Salas

Abstract:

Since colonial times, “caribe” ethnic denomination, used for diverse socio-cultural aspects, caused frequent confusions in historic sources, some of them still remain in modern ethnology. The lack of appropriate critics and ethnohistorical evaluation increased such confusion. This study analyzes Julio César Salas’ approach to the ethnical continuity between Caribes and Kari’ñas, indigenous people with Caribe linguistic links. This work presents a critical study of the approach to the subject in the book Tierra Firme. Etnología e Historia [1908] (Dry Land. Ethnology and History), considering such writing as an important precedent for ethnohistorical studies in Venezuela.

Key words: Caribes, ethnohistory, ethnology, history, kari’ñas, Julio César Salas.

Continuité socio-culturelle Caraïbe-Kari’ña dans l’oeuvre Tierra Firme de Julio César Salas

Résumé:

Depuis l’époque coloniale, la déno-mination ethnique “caraïbe”, appliquée à diverses réalités socio-culturelles, a souvent entraîné des confusions dans les sources historiques, dont beaucoup sont passées à l’ethnologie moderne. Le manque d’une critique adéquate et d’une pondération ethno-historique a provoqué l’augmentation de cette confusion. Ce travail comporte une analyse du traitement donné par Julio César Salas à la continuité ethnique entre les caraibes et les kari’ñas, peuple indigène lié linguistiquement au peuple caraïbe. Le travail présente une étude critique du traitement que Salas fait de ce thème dans l’œuvre Tierra Firme. Etnología e Historia (1908), qui constitue un précédent important des études ethno-historiques au Venezuela.

Mots-clés: caraïbe, ethno-histoire, ethnologie, histoire, kari’ñas, Julio César Salas.

Introducción

la etnohistoria constituye una disciplina que integra la historia y la antropología, ambas amplia-mente entendidas. Tal integración ha sido una construcción teórico-metodológica, principal-mente de la segunda mitad del siglo XX. En la actualidad, dentro de las disciplinas humanísticas y sociales, luce como una de las más prometedoras para el estudio del pasado, especialmente de sociedades o fenómenos escasamente documentados o sometidos a invisibilidad social por las élites dominantes política, económica, social o intelectualmente.

En Venezuela, es posible encontrar una perspectiva etnohistórica en los primeros cronistas y misioneros que escribieron sobre los grupos indígenas que habitaban, desde mucho antes de la llegada de los españoles, lo que luego fue el territorio venezolano. A finales del siglo XIX y a principios del XX, diversos historiadores e intelectuales se interesaron por estudiar los pueblos indígenas de la época y su historia. Es el caso de Arístides Rojas (1826-1894), Gaspar Marcano (1850-1910), Lisandro Alvarado (1858-1929), Tulio Febres Cordero (1860-1938), Bartolomé Tavera Acosta (1865-1931), Alfredo Jahn (1867-1940), Julio César Salas (1870-1933), Pedro Manuel Arcaya (1874-1958), y Amílcar Fonseca, entre otros. En muchos de sus enfoques podemos encontrar atisbos de lo que luego serán los estudios antropológicos, lingüísticos, arqueológicos y, más tarde, etnohistóricos en Venezuela.

Los intereses de investigación de estos estudiosos coincidieron con la divulgación de nuevas doctrinas, como el evolucionismo y el positivismo. Así, en las instituciones académicas y entre intelectuales independientes, se generaron polémicas y debates. En este contexto, algunos estudiosos asumieron como prioridad de investigación la comprensión del pasado indígena, en tanto aspecto fundamental de la historia y la cultura del país. Adicionalmente muchos autores de esa época también se interesaron en el estudio de las poblaciones indígenas contemporáneas: su situación, sus culturas, sus lenguas, etc. Se trata de los primeros estudios científicos modernos efectuados en Venezuela sobre los pueblos y culturas indígenas, del pasado o del presente. Los autores abandonan entonces una concepción romántica de los orígenes nacionales y adoptan una metodología más rigurosa para investigar fenómenos históricos, etnográficos, sociológicos, antropológicos y lingüísticos.

De esta manera, fueron naciendo abordajes que combinaban métodos históricos y etnográficos, perspectivas diacrónicas y sincrónicas, que luego permitieron el cultivo académico de la antropología y la lingüística en Venezuela. De allí la doble importancia de estudiar la obra de los fundadores de las disciplinas humanísticas y sociales en el país: por su valor intrínseco en sí mismo y por su contribución a la consolidación de una tradición académica que luego habría de florecer en las universidades e institutos de investigación.

Partiendo de estas consideraciones, este trabajo analiza la integración de historia y antropología (o etnología) en la obra de Julio César Salas mediante el examen del tratamiento de la continuidad étnica “caribe”- “kari’ña” en la obra titulada Tierra Firme. Venezuela y Colombia. Estudios sobre etnología e historia. Como su mismo título lo indica, esta obra de Salas constituye un estudio de diversos pueblos indígenas del norte de Sudamérica. En este trabajo se estudia específicamente el capítulo correspondiente a los caribes y se hace énfasis en el acierto de Salas de mostrar la continuidad étnica entre “caribes” y “kari’ñas”.

CARIBES Y KARI’ÑAS EN LA HISTORIOGRAFÍA ETNOLÓGICA

El término “caribe” (cuya etimología aún dista mucho de estar clara)1 ha sido aplicado al menos a tres realidades socioculturales e históricas diversas:

1.- Como término genérico para denominar a indios belicosos, guerreros, poco afectos al dominio español, y también sinónimo de cruel, antropófago, indio de guerra, etc. El propio Colón habló de caribes como caníbales en sus primeros escritos sobre América. Dado que la Corona española autorizó tempranamente la conquista y esclavización de indios de guerra, muchos grupos comenzaron a ser llamados entonces “caribes” en la región del Mar de las Antillas o área circuncaribe. Así, pues, este término se generalizó como apelativo de mu-chos grupos opues-tos a la conquista, los cuales serían consecuentemente “falsos caribes” y tal apelativo se invocaría para justificar su captura.

2.- Como nombre de un grupo étnico específico, mejor conocido actualmente como “kari’ña”. Refiriéndose a los kari’ñas de las Guayanas, especí-ficamente del río Barama, el investigador británico Im Thurn los denominó “verdaderos caribes” (Civrieux 1974). El misionero británico W. H. Brett (1868) fue uno de los primeros autores modernos en reconocer la identidad caribe = kari’ña (carib = carinya).2

3.- Como denominación de uno de los troncos lingüísticos más importantes de América del Sur. Este nombre, en atención a la importancia demográfica y sociopolítica de los kari’ñas (caribes), fue propuesto inicialmente por el misionero jesuita Felipe Salvador Gilij en su obra Ensayo de Historia Americana, publicada en italiano entre 1780 y 1784. Así pues, a veces se emplea el término caribe como sinónimo de caribe-hablante o perteneciente al tronco lingüístico caribe: una lengua caribe, sociedades caribes, modelo de estructura social caribe. Consecuentemente, este múltiple uso del término caribe con frecuencia ha originado confusiones en la literatura antropológica y etnohistórica.

El término caribe aplicado a los kari’ñas estuvo en boga hasta por lo menos la mitad del siglo XX. Muchos trabajos de etnografía y lingüística utilizaron “caribe” como etnónimo y nombre de la lengua de los kari’ñas.3

Hasta la década de 1950 el nombre más común aplicado a los kari’ñas era “caribe”. Aún en la actualidad, en muchos lugares de los llanos anzoateguienses la población local denomina genéricamente a los kari’ñas como “caribes”. Como sostiene Civrieux (1974: 373)

El análisis de Salas pone de manifiesto la continuidad étnica caribe-kari’ña y las bondades del método etnohistórico para el estudio de la historia indígena.

los campesinos del Alto Llano de Venezuela, siguiendo la antigua tradición de los Conquistadores, aplican el nombre de caribe exclusivamente a los kari’ña y jamás a las demás tribus de filiación lingüística caribana (caribe sensu lato de los autores modernos) tales como chaima, cumanagoto, coaca, panare o pemón.

De hecho, en agosto de 2005, escuché a varias personas nativas y residentes de Cantaura (estado Anzoátegui)4 llamar “caribas” a unas mujeres kari’ñas. Incluso algunos kari’ñas se llaman a sí mismos “caribes” (“nosotros, los caribes”, según he recogido en varias comunidades kari’ñas).

En agosto de 1998 recogí un interesante testimonio en Paramán, caserío de la comunidad de Santa Rosa de Ocopia,5 estado Anzoátegui. Un anciano nativo de tal comunidad refería que el “lenguaje” (=idioma) de los “caribes” (=kari’ñas) era distinto al de “nosotros, los indios” (=cumanagotos). Quería decir que sus mayores comentaban que cumanagotos y kari’ñas (referidos como “caribes”) hablaban lenguas distintas.

Como se ve, la identidad caribe / kari’ña es muy antigua. Esto nos permite inferir entonces la equivalencia del nombre caribe=kari’ña.

Los kari’ñas son una sociedad indígena cuya lengua está clasificada en el tronco lingüístico caribe, uno de los más grandes de las tierras bajas de Sudamérica.6 Como otros grupos caribehablantes, los kari’ñas comparten el modelo de organización social de tales sociedades, basado principalmente en la descentralización política (Morales [Méndez] y Arvelo-Jiménez 1981). Para el momento de la conquista europea, los kari’ñas se extendían por el nororiente del continente sudamericano, desde los llanos orientales del Orinoco hasta casi la desembocadura del Amazonas. En la actualidad los kari’ñas habitan en Venezuela, Guyana, Surinam y la Guayana Francesa. En Venezuela, la mayoría de las aldeas están en los estados Anzoátegui y Bolívar y también algunas en los estados Monagas y Sucre. Según datos preliminares del censo de 2001, la población kari’ña de Venezuela suma unas 17.000 personas, aproximadamente, de las cuales unas 11.000 viven en el estado Anzoátegui (es decir, alrededor del 65%).

TIERRA FIRME EN LA OBRA DE JULIO CÉSAR SALAS

 

Julio César Salas tuvo una inmensa curiosidad intelectual. Sus intereses de investigación abarcaron varios campos de las hoy denominadas ciencias humanísticas y sociales. En efecto, le interesaron por igual la antropología, la sociología, la lingüística, la historia, amén de haber desarrollado actividades periodísticas y de aplicación de conocimientos. Sin embargo, lejos de compartimentar de manera excluyente y simplista las disciplinas antes mencionadas, Salas logró en sus quehaceres intelectuales una creativa y poco común síntesis. Ello lo convierte, precisamente, en uno de los grandes intelectuales venezolanos de finales del siglo XIX y principios del XX, cuando en Venezuela se empezaban a difundir las ideas positivistas y la intelectualidad del país se debatía entre el apego a los viejos moldes ideológicos y el entusiasmo por las nuevas corrientes de pensamiento que se difundían desde los centros académicos de Europa.

En tal contexto de encuentros y desencuentros teóricos, es posible identificar una doble convergencia en la obra de Salas: la pervivencia de elementos románticos y el enfoque positivista. En Salas, el romanticismo se hace presente en su sostenido interés por trazar los orígenes nacionales mediante el abordaje analítico de temas referidos a las sociedades indígenas, tanto del pasado como del presente histórico de este autor. Pero la actitud crítica de Salas frente a los temas de su predilección académica, la manera sistemática y rigurosa de abordarlos, corresponden a una metodología positivista, la cual revela una actitud muy diferente a la delectación romántica ante el ídolo de los orígenes nacionales.

Los trabajos de Salas muestran una reconstrucción del pasado mediante el riguroso apego a las fuentes históricas y la ponderación crítica de éstas. El creciente interés de los círculos académicos europeos por los estudios etnográficos irá desarrollando a lo largo del siglo XIX una disciplina todavía en ciernes: la antropología o etnología.7 En América Latina, especialmente en los países hispano-americanos, como ocurre en Venezuela, este tipo de estudios o antropología emergente8 se une fuertemente al estudio del pasado, ya sea mediante enfoques históricos,9 incipiente valoración de restos arqueológicos y estudio de las lenguas indígenas, especialmente de los materiales antiguos producidos por los misioneros encargados de la evangelización de los indios. Este triple interés histórico, arqueológico y lingüístico (con frecuencia denominado genéricamente estudio de las antigüedades nacionales, regionales o locales) va moldeando la antropología venezolana: prefigurándola y afianzándola, abonando el espacio, donde luego se sembrará la antropología académica (Arvelo-Jiménez y Biord 1990). En Venezuela, los incipientes estudios antropológicos se centran casi con entera exclusión de otras formaciones sociales- más en las sociedades indígenas del pasado que en las contemporáneas de tales estudios. Estos énfasis de las élites intelectuales coincidirán, en gran medida, con la escasa adopción de políticas públicas orientadas a favorecer a las poblaciones amerindias y a reconocer sus derechos en tanto segmentos socio-cultural y lingüísticamente diferenciados, anteriores a la constitución de los Estados nacionales. Es decir, se consolidaba la invisibilidad social del indio.

Muchos de esos estudios se orientaban a la rectificación de apreciaciones e imágenes etnográficas del pasado. Reexaminaban obras antiguas e intentaban una adecuada ponderación con una óptica nueva, en cierto sentido moderna y positivista. Se trata, en otras palabras, de una reinterpretación de las imágenes etnográficas provenientes del pasado. Como reconocen Margolies y Suárez (1977: 695):

Los precursores iniciaron una búsqueda en el pasado indígena y su labor, al servir de preámbulo a la etnología contemporánea, estuvo dedicada primordialmente a compilar, revisar e interpretar las informaciones etnográficas reseñadas en fuentes históricas y documentales o en referir las observaciones que personalmente produjeron en el curso de sus exploraciones. De una forma u otra, ellos llevaron a cabo un esfuerzo de sistematización y coincidieron en darle una mayor vigencia al conocimiento disperso que sobre los indígenas venezolanos existía para ese momento.

Objetivo fundamental de dicha tarea, es desmontar prejuicios coloniales tácitamente ratificados por la literatura -histórica o etnográfica- posterior. Un ejemplo de ello es la tarea emprendida por Julio César Salas en su libro Los indios caribes, en el que, mediante una exhaustiva crítica histórica, cuestiona la imagen antropófaga de los indios caribes o kari’ñas.

En la historiografía venezolana, el libro Tierra Firme. Venezuela y Colombia. Estudios de etnología e historia, de Julio César Salas, configura el primer intento moderno de presentar una visión de conjunto de la etnología de Tierra Firme (es decir, como en el siglo XVI se denominaba lo que luego serían Colombia y Venezuela). El título alude a estas realidades geográficas y el subtítulo caracteriza el tipo de abordaje al señalar que se trata de “estudios de etnología e historia”. El siguiente intento en esta dirección temática sería el de Lisandro Alvarado, Datos etnográficos de Venezuela, aunque sólo publicado en forma póstuma en 1945.

Tierra Firme constituye un claro abordaje histórico de pueblos indígenas, de revisión y rectificación del pasado indígena. Por un lado, emerge en el libro la actitud romántica al estudiar el pasado y los orígenes nacionales; por el otro, se hace patente el interés positivista por estudiar ese pasado de una manera “científica” y “objetiva”, es decir, en base a evidencias incontrastable y verificables, así como tratando de superar sesgos subjetivos. Estos últimos serían principalmente la infravaloración de las sociedades indígenas, sus culturas, idiomas e historia, y la visión del indio como un mero bárbaro salvaje, apartado del camino de la civilización europea occidental, asumida ésta como supuesto modelo y epítome de la evolución humana (no ya en un sentido físico sino sociocultural). Asociadas a estas ideas subyacen: (i) las justificaciones y racionalizaciones para inducir el cambio social, religioso y lingüístico mediante la reducción de indios, la evangelización y la imposición del español en las colonias españolas, procesos que ordinariamente corrieron parejos; y (ii) la constitución del sujeto colonial, mediante su intenso desmerecimiento y constante descalificación, como persona y como miembro de colectivos sociales portadores de recursos culturales e idiomas propios.

Tierra Firme logra una asertiva combinación de estudios históricos y análisis etnológicos, adelantándose a una perspectiva propiamente etnohistórica. En el libro se hace una valoración de las principales sociedades y culturas indígenas de los territorios que tras la Independencia formarían las repúblicas de Colombia y Venezuela.

El plan de trabajo de Salas es el siguiente: consideraciones sobre los indígenas y etnología general, etnología particular y reflexiones socio-históricas relativas a las sociedades indígenas y las sociedades hispanoamericanas. Su obra se divide en 15 capítulos. Los capítulos 1 al 7 tratan de la etnología general; los capítulos 8 al 11 de la etnología particular de los principales pueblos indígenas considerados; y los capítulos 13 al 15 del contexto socio-histórico de las sociedades indígenas, con reflexiones sociológicas sobre las configuraciones sociales hispanoamericanas.

EL ABORDAJE DE LOS KARI’ÑAS

Salas se refiere a los Caribes en diversas secciones de su libro; sin embargo, es en el capítulo ix donde se dedica al estudio de este pueblo indígena. Al hacerlo, adopta una perspectiva histórica y utiliza diversas fuentes como las obras de los franciscanos Fray Pedro Simón (1963) y Fray Matías Ruiz Blanco (1965), ambos autores del siglo XVII; el padre jesuita Juan Rivero (1956), autor del siglo XVIII; Alexánder de Humboldt (1956) y Francisco Michelena y Rojas (1989), autores del siglo XIX. Estos dos últimos autores, principalmente Michelena y Rojas, propor-cionaban datos todavía recientes para el momento de la escritura de la obra. Salas también recurre a autores que le eran contemporáneos, como Bartolomé Tavera Acosta. Esta combinación de fuentes perfila el carácter etnohistórico que presenta la obra de Julio César Salas.

Al referirse a los kari’ñas, Salas (1997: 125) asevera que:

lugar muy loable entre la antigua población indígena de Venezuela corresponde a la familia caribe, cuyas diversas y numerosas parcialidades ocupaban una extensión considerable de la parte oriental de esta República, a uno y otro lado del Orinoco, territorios pertenecientes a los Estados Bermúdez,[10] Bolívar y Federal Yuruary,[11] de nuestra moderna división territorial.

Salas (1977: 125) ubica más especí-ficamente a las comunidades kari’ñas antiguas al hacer referencia a los pueblos indígenas vecinos:

Las parcialidades caribes lindaban por el norte con los Cumanagotos, por el este, con los Guaraúnos, al oeste, con los Tamanacos y [en cursivas en el original] Salivas, las parcialidades más orientales de estos indios salivas sólo distaban veinte leguas de los Caribes del Caroní, y al sur con los Guayanos, Aruacas, Maquiritares, etc. Mas para esta nación Caribe no existían fronteras, pues en sus incursiones piráticas remontaban hasta el territorio de los Guaipunabis, en el Alto Orinoco. Los sitios ocupados por los pueblos de las diversas parcialidades eran: la banda norte del Orinoco, las mesas de Barcelona, donde en los primeros tiempos los llamaron Chaigotos, en el sur, habitaban preferentemente las márgenes del gran río [Orinoco] y las hoyas del Caura, Caroní y Esequibo.

De esta manera, al esbozar una suerte de mapa etnohistórico, queda establecida inequívocamente la ubicación de los caribes. Lejos de percibirlos sólo como una sociedad del pasado, Salas cita la obra de Francisco Michelena y Rojas, editada 41 años antes de la publicación de la edición príncipe de Tierra Firme,12 como fuente de los datos de etnología contemporánea de los kari’ñas:

Altos, bien formados, inteligentes, los Caribes forman una raza muy interesante: de los que aún restan semi-civilizados en Barcelona, dice Michelena y Rojas, que tienen alta estatura y bellas formas, los hombres se envuelven en un pedazo de holandilla y las mujeres van casi desnudas, a veces se cuelgan del hombro unas enaguas (1867) [sic]; gustan del color encarnado, usan por principal adorno un gran rollo de pelo que dejan caer sobre la cintura. Los Caribes se ocupan en la agricultura y la cría, son hábiles jinetes e inapreciables como pastores en los hatos, ávidos de licores fermentados, aguardiente y demás que fabrican a su modo (Salas 1997: 126).

La alusión al consumo abusivo de licores por parte de los kari’ñas proviene de una observación de Michelena y Rojas, quien estando de visita en Cantaura (llamada antiguamente Chamariapa) obsequió dinero a los muchachos indígenas y al rato vio que lo habían utilizado para comprar licores (Michelena y Rojas 1989: 78).13

Sobre el origen de los kari’ñas, Salas (1997: 125) asienta que:

Muchos autores han afirmado que los Caribes del Continente proceden de las pequeñas Antillas, y especialmente de Martinica, Santa Cruz y Guadalupe, la antiguas Madiana, Cibuqueria y [sic en el original14] Carruquera, cuyos habitantes primitivos eran hábiles navegantes, como los caribes del Continente y de la isla de Trinidad; esta hipótesis parece casi probada por la similitud de costumbres entre unos y otros, mas no así la que hace proceder a los caribes de la península de La Florida.

En la actualidad, se sabe que en realidad los kari’ñas procedían del continente y habían invadido las pequeñas Antillas probablemente poco antes de la llegada de los europeos a finales del siglo XV (Durbin 1977; Morales Méndez 1979, 1990; Morales Méndez et alii 1987; Whitehead 1988). Sin embargo, la percepción europea inicial fue al revés: a partir de las Antillas fueron percibiendo semejanzas socioculturales y lingüísticas que permitieron formular la hipótesis de una dispersión en dirección desde el norte hacia el sur.

Otros datos relativos a la identidad de los caribes y kari’ñas pueden aprehenderse de algunos datos referidos por Salas sobre los pactos defensivos entre kari’ñas y los imperialismos europeos rivales de los españoles, especialmente con los holandeses:

Sin exageración se puede afirmar que los Caribes fueron los indios más valientes y audaces de América; muy pocas tribus pudieron contrarrestar su legendario valor, y muchas perecieron totalmente cuando los Caribes se volvieron traficantes de macos, esclavos a incitación de los franceses, ingleses y holandeses (Salas 1977: 126).

La literatura etnohistórica ha descrito detalladamente las estrategias defensivas de los kari’ñas y, entre ellas, su táctica de alianza con los holandeses.15

Adicionalmente, Salas (1997: 131) menciona algunas misiones fundadas o bien en la banda norte del Orinoco, como San Joaquín de Parirí y Chamariapa o Cantaura (ambas en la provincia colonial de la Nueva Andalucía y la Nueva Barcelona16 y en el actual estado Anzoátegui); o bien en la banda sur: San Miguel del Palmar, Nuestra Señora del Rosario de Guasipati, San Ramón de Caruachi, San Pablo de Cunamo, San Félix de Tupuquén, San Buenaventura de Guri (todas éstas en la antigua provincia colonial de Guayana17 y ahora en el actual estado Bolívar).18

Salas también menciona la obra de Humboldt como testimonio de la pervivencia étnica de los caribes: “Humboldt, que escribió y visitó a Venezuela a comienzos del pasado siglo [o sea, el siglo XIX], certificó la existencia de Caribes civilizados en Píritu, Tupaquire, Camurica, Tucuragua, etc.”  (Salas 1997: 127). Tupaquire (quizá Tapaquire) y Camurica son poblaciones kari’ñas actuales de la margen sur del Orinoco (municipios Heres y Sucre, respectivamente, del estado Bolívar), ambas antiguas misiones franciscanas.

La influencia de los escritores antiguos se manifiesta en las apreciaciones de Salas (1997: 127) sobre algunas características de los kari’ñas:

A pesar de tan bellas descripciones, se debe a los caribes, en gran parte, no sólo la despoblación de la comarca oriental de Venezuela, sino también los tropiezos y dificultades para implantar la civilización en la hoya del Orinoco, país maravilloso, que por sus condiciones peculiares puede sostener una inmensa población.

Aquí, emerge la visión del vacío Amazónico y los gérmenes de la posterior tesis desarrollista de la ocupación y explotación de las riquezas imaginadas. Si bien, la Amazonía y la Orinoquia son el depósito de gran parte de la biodiversidad del planeta, su aprovechamiento es limitado y no puede hacerse, según métodos o técnicas convencionales, a riesgo de una inmensa destrucción ambiental y ecológica.

Una visión estereotipada emerge cuando Salas refiere la supuesta crueldad de los kari’ñas:

Las hordas caribes mandadas por diferentes jefes. Tupucabera, Ariauca, Guiravera, Taricura, Maijuracarí, etc., durante los siglos, pasearon por todo el Orinoco sus flotillas de piragua sembrando donde-quiera el pillaje, el incendio y la muerte; verdadero pánico se apoderaba de las tribus cuando las asaltaban los piratas, pues sabían que con estos feroces salteadores no había lugar a compasión. En efecto, los caribes amarraban a sus víctimas de los árboles, hacíanles sajaduras con cuchillos de macana, les arrancaban el cabello, punzaban y rayaban con púas de rayas, y destrozándoles los miembros prolongaban el sufrimiento de sus prisioneros, pues los bárbaros cuidaban de no infligir heridas mortales con los flechazos que les dis-paraban, sino que los horribles tormentos les quitasen poco a poco la vida (Salas 1997: 127, negritas añadidas).

Se trata de los estereotipos consagrados en otras fuentes en relación a la supuesta crueldad de los caribes o kari’ñas; los cuales, sin embargo, han sido desmontados por el propio Salas tanto en Tierra Firme como en Los indios caribes (Salas 1920, 1921).19

Esta raza tiene, como todas las indígenas, la pasión desatinada por toda especie de licores fermentados; y como no tienen otras necesidades en qué emplear el producto de su trabajo, todo lo gastan en aguardiente y en otras muchas bebidas que fabrican a su modo; y todos beben, sin excepción alguna, hasta los muchachos. A propósito de esto; el mismo día que llegué a Chamariapa [Cantaura], en paseo por la población, me dirigí a la de los indios, y como los muchachos se me acercasen, a todos les iba dando una peseta; lo que en pocos minutos, habiendo agotado mis faltriqueras, regresé a casa. Muy poco tiempo se había pasado después de mi paseo, cuando se hacen sentir en la calle grandes gritos y vocerías. Salgo a la puerta con el caballero dueño de la casa: eran los indios, o una parte de aquella población que estaban ebrios; y preguntando aquél a uno de dónde provenía tal desorden, le contestaron varios de ellos mismos, que yo les había dado dinero. Este hecho me hizo ser más cauto para lo sucesivo.

DISCUSIÓN

Para realizar la reseña etnográfica de los kari’ñas, Salas recurre tanto a fuentes históricas como a autores contemporáneos suyos. La revisión acuciosa de obras escritas en diversos momentos y con distintos enfoques se convierte así en un ensayo de crítica etnohistórica. Mediante esta crítica Salas logra mostrar la continuidad étnica caribe-kari’ña aunque explícitamente no haga referencia al etnónimo kari’ña.

A pesar de no hacer referencia al nombre étnico kari’ña, Salas muestra la continuidad e identidad entre caribes y kari’ñas gracias a los siguientes elementos de corte etnohistórico:

1) Uso de fuentes antiguas relativas a los antiguos kari’ñas (caribes).

2) Señalamiento de pueblos de misión fundados durante la época colonial en tierras kari’ñas, muchos de los cuales hoy continúan siendo comunidades kari’ñas.

3) Identificación del territorio antiguo de los kari’ñas de Venezuela.

El análisis de Salas pone de manifiesto la continuidad étnica caribe-kari’ña y las bondades del método etnohistórico para el estudio de la historia indígena así como de fenómenos socio-culturales escasamente documentados en las fuentes históricas.

Otra importancia del trabajo de Salas es mostrar la trayectoria de este tipo de trabajo en el desarrollo de las ideas antropológicas (ampliamente entendidas) en Venezuela. Este caso sirve para ilustrar, además, la construcción de un pensamiento antropológico en un país pobre; es decir, el surgimiento de la antropología en países que ni fueron metrópolis coloniales en el pasado ni son en el presente centros mundiales de poder.

De esta manera, se muestra que a diferencia de una intencionalidad colonialista (como ocurrió, por ejemplo, durante el siglo XIX y en las primeras décadas del XX en los países europeos) la antropología latinoamericana surge de otras motivaciones. Éstas están referidas a la imperiosa necesidad de conocer los “orígenes nacionales” y de develar y comprender las identidades de las repúblicas surgidas del desmembramiento de los imperios ibéricos en América.

En Salas el tema del indio está imbuido de una pasión nacionalista. Si la literatura indianista forjó un indio idealizado, prototipo de virtudes sin fin, y, por tanto, alejado de sus referentes etnográficos reales,20 en Salas el indio se potencia como un elemento fundador y aglutinador de la identidad. Este papel fundador del indio y de lo indio jugará, pues, en la obra de Salas un papel fundamental.

Las reflexiones de intelectuales como Julio César Salas pusieron todo su empeño en comprender la historia y el presente socio-culturales de sus respectivos países. Este empeño tenía un sentido y una intencionalidad consolidativa de la independencia cultural de los países latinoamericanos, de allí, la pertinencia otorgada a la revisión de las fuentes antiguas e incluso a las visitas de campo como una manera de contrastar y corroborar informaciones para superar prejuicios seculares sobre las poblaciones indígenas, los cuales impedían el conocimiento del “alma nacional”.

La revisión de las fuentes bibliográficas utilizadas por Salas, no sólo en Tierra Firme sino también en sus otras obras, permite calibrar su actualización y conocimientos de la literatura etnológica e histórica sobre los pueblos indígenas americanos. Esto evidencia la preocupación de autores como Salas de mantenerse al tanto de las reflexiones y contribuciones de los investigadores que, principalmente en Europa, iban delineando la antropología como disciplina académica. Tal conocimiento patentiza que el trabajo de Salas distaba mucho de ser el esfuerzo individual de un estudioso aislado, no conectado con otros colegas o ignorante de las discusiones más relevantes que se desarrollaban en los centros de estudio y de reflexión académica de distintos países.

CONCLUSIONES

La revisión de autores como Salas no sólo enriquece el conocimiento del desarrollo de las ideas antropológicas en Venezuela sino que pone de manifiesto la antigüedad y especificidad de una larga tradición académica en Venezuela, en particular, y en Latinoamérica, en general. Esta preocupación lleva a Salas a enjuiciar los pocos beneficios que han recibido los indígenas durante la República por falta de políticas públicas asertivas para mejorar sus condiciones de vida y reconocer sus derechos (Salas 1997: 243-244). Adicionalmente, señala un problema sustancial de identidad: la falta de identificación con lo propio. Así, al referirse a los temas literarios exóticos, apunta que:

todo se podría llevar con paciencia si los líricos tomasen otro camino y no continuasen presentando al mestizo americano literalmente embarazado con los perendengues y colorines exóticos con que le visten; es de lamentar que a igual de la importación de prendas falsas y de sustancias perjudiciales no se peche y prohíba la entrada al país de esos cargamentos de miriñaques franceses (Salas 1997: 249).

Obras como Tierra Firme no sólo contienen aportes etnológicos e históricos sino que constituyen verdaderas contribuciones de reflexión sociológica y antropológica sobre los orígenes nacionales y proposiciones asertivas para construir un futuro distinto y más digno, basado en la especificidad de nuestros orígenes colectivos.

Volver sobre obras y autores como Salas, puede mostrar caminos a seguir en esa inacabada tarea de entender y potenciar nuestras identidades que los pueblos latinoamericanos crean y recrean, construyen y reconstruyen día a día. En otras palabras, la revisión de textos y autores del pasado permite comprender nuestro presente -incluido lo específico de nuestras tradiciones académicas- y asimismo, entender la importancia práctica e insoslayable de la historia en la construcción del futuro.

NOTAS

1 Ver el reciente trabajo de Cecilia Ayala Lafée y Werner Wilbert sobre evidencias que presentarían el término caribe como una derivación de una palabra de urdo con significado de “perverso” y “depravado” (2004: 194).2 Como en inglés no existe el grafema {ñ}, se suele utilizar la combinación {ny} para transcribir el sonido consonántico palatal nasal sonoro.

3 Por ejemplo ver los trabajos de Lisandro Alvarado (1912, 1989 [1918]).

4 Capital del Municipio Pedro María Freites, donde habita aproximadamente el 64% de la población kari’ña del estado Anzoátegui que representaría el 41% de la población kari’ña total del país.

5 Se trata de una comunidad de orígenes mixtos, conformada inicialmente por indígenas de varios pueblos, prin-cipalmente cumanagotos. En las últimas décadas han asumido una identidad neo-kari’ña.

6 Sobre la clasificación de las lenguas indígenas ver los trabajos de estmir Loukotka (1968); J. Alden Mason (1956); Antonio Tovar y Consuelo Larrucea de Tovar (1984).

7 En la tradición inglesa hay una tendencia al estudio de las instituciones sociales como forma de comprensión de las sociedades tribales que habitan en las posesiones coloniales del imperio británico; mientras que la tradición estadounidense privilegia el estudio de los elementos culturales y abarca la antropología social, la lingüística, la arqueología, y la antropología física. En Francia se consolida una tradición más orientada a la interpretación de las instituciones sociales que -aunque no exactamente formulada de esa manera- se puede entender como una síntesis entre la antropología social británica y la antropología cultural de los Estados Unidos de América.

8 Un período inicial de la tradición antropológica en Hispanoamérica -no siempre valorado como tal debido a viejos resabios antihispánicos- ocurre durante la época colonial cuando cronistas, misioneros, funcionarios reales y viajeros se enfrentan al reto de describir la sociedades amerindias, sus culturas y lenguas, las relaciones interétnicas anteriores al contacto con los europeos y las nuevas dinámicas sociales generadas con el proceso colonial, además de reflexionar sobre la historia de sociedades con extensos testimonios sobre su pasado (el caso de los mayas, los aztecas y los incas) o con escasos testimonios sobre sus orígenes (como las sociedades orinoquenses), lo cual lleva a algunos autores a especular sobre la trayectoria de estos pueblos, como hizo el misionero jesuita Felipe Salvador Gilij (1965).

9 Éstos constituyen los antecedentes fundacionales de la etnohistoria latinoamericana.

10 Constituido por los hoy estados Anzoátegui, Monagas y Sucre.

11 Conformado por las cuencas de los ríos Cuyuní y Yuruary, actualmente integrado al estado Bolívar.

12 La obra de Francisco Michelena y Rojas, intitulada Exploración oficial por la primera vez desde el Norte de la América del Sur siempre por ríos, entrando por las bocas del Orinoco, de los valles de este mismo y del Meta, Casiquiare, Río Negro o Guainía y Amazonas, hasta Nauta en el Alto Marañón o Amazonas, arriba de las bocas del Ucayali, bajada del Amazonas hasta el Atlántico. Comprendiendo en ese inmenso espacio los Estados de Venezuela, Guayana Inglesa, Nueva Granada, Brasil, Ecuador, Perú y Bolivia. Viaje a Río de Janeiro desde Belén en el Gran Pará, por el Atlántico, tocando en las Capitales de las principales provincias del Imperio en los años, de 1855 hasta 1859, fue publicada en Bruselas por A. Lacroix, Verboeckoven y Ca., Impresores y Editores.

13 Sin embargo, esta observación va acompañada de anotaciones sobre las actividades productivas de los kari’ñas, lo cual hace pensar que el consumo de bebidas alcohólicas debía ser ocasional y no habitual.

14 Es decir, con la conjunción copulativa en cursiva en vez de redondas.

15 Véanse a este respecto los trabajos de Civrieux (1976), Morales Méndez (1979, 1990), Morales Méndez et alii (1987) y Whitehead (1988).

16 Integrada por los actuales estados Anzoátegui, Monagas y Sucre.

17 Integrada por los actuales estados Bolívar y Delta Amacuro, más el territorio en reclamación del Esequibo.

18 Los kari’ñas aún hoy viven cerca de la inmediaciones de Cantaura y San Joaquín de Pariri y la mayor parte de las comunidades derivan de esto dos antiguos pueblos de misión. En cambio, en los pueblos de misión de ubicados en el actual estado Bolívar ocurrieron complejos procesos de transculturación o cambio socio-cultural y lingüístico aún por estudiarse para explicar las diferencias entre los kari’ñas del norte y los del sur.

19 La primera edición de 1920 fue corregida en la segunda de 1921.

20 Los significados profundos de esta idealización no han sido aún del todo explicados.

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