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El modelo UNESCO de comunicación en el «Informe MacBride» BERNARDINO HERRERA LEÓN (Venezuela) Candidato a Doctor en Historia por la UCV. Magíster en Historia de Venezuela y Licenciado en Historia, por la Universidad Central de Venezuela (UCV). Profesor e investigador del ININCO-UCV en las áreas de «Publicidad» e «Historia de las Comunicaciones». Profesor en las Escuelas de Artes y Comunicación Social de la Facultad de Humanidades y Educación (FHE) de la Universidad Central de Venezuela (UCV). Miembro del Consejo Editorial del Anuario ININCO / Investigaciones de la Comunicación. Correo electrónico: herrerab@ucv.ve. Teléfono ININCO-UCV: + 58 212 6930077 RESUMEN El Modelo UNESCO de Comunicación en el «Informe MacBride». El Informe MacBride es un documento de singular importancia. No sólo por haber sido el primer esfuerzo de unificación del complejo y disperso tema de la comunicación, sino además porque sus propuestas superaron los modelos teóricos habidos entonces, sin que tal superación signifique negación ni exclusión de manera absoluta de las concepciones rivales de la época. Se han tomado algunos aspectos nodales del Informe, y aún así no hacemos justicia a la riqueza de temas de que se ocupa. Son riquísimas las nuevas relecturas de este documento, y oportuno, luego de haber concluido, hace más de una década, el mundo bicolor desde cuyo enfoque se hacía incomprensible. Descriptores: Comunicación / Comunicación Institucionalizada / Concentración de medios / Informe MacBride / Responsabilidad Social / NOMIC / UNESCO. ABSTRACT UNESCO’s Communication Model in the «MacBride Report». The MacBride report is a document of unique importance, not only because it was the first effort of unification in the complex and disperse communication area, but because its proposals went beyond all the existing theoretical models. Hopefully, this overcoming never caused an exclusion or rejection in the rival conceptions of the time. Some main aspects of the Report have been taken, and yet we cannot cover the richness of subjects included in it. The rereading of this document is highly enriching and opportune, after more than one decade of the ending of the two-color world. Key words: Communication / Institutionalized communication / Media concentration / MacBride Report / Social Responsibility / NWICO / UNESCO. RÉSUMÉ Le modèle de Communication UNESCO dans le «Rapport MacBride» Le Rapport MacBride est un document d’importance unique, pas seulement parce qu’il soit le premier effort d’unification du complexe et disperse thème de la communication, mais aussi parce que ses propositions ont surmonté les modèles théoriques déjà existants, sans que telle victoire signifie une négation ou une exclusion absolue des conceptions rivales de l’époque. Beaucoup d’aspects importants ont été considérés dans le Rapport, mais même cela n’est pas suffisant pour couvrir la richesse de thèmes qui y sont discutés. Les nouvelles lectures de ce document sont vraiment enrichissantes et opportunes, après la disparition, il y a plus de dix ans, d’un monde «à deux couleurs» qui rendait impossible la compréhension de ce document. Mots clés: Communication / Communication institutionnalisée / Concentration de médias / Rapport MacBride / Responsabilité Sociale / NOIIC / UNESCO. RESUMO O Modelo UNESCO de Comunicação no «Relatório MacBride». A importância do Relatório MacBride deve-se não só pelo fato de ter sido o primeiro esforço da unificação do complexo e disperso tema da comunicação, mas também porque as suas propostas superaram os modelos teóricos da época sem negar nem excluir as diferentes concepções que existiam. Tomaram-se os aspetos mais importantes do Relatório. Atualmente apareceram novas formas de explicar este documento, novos conceitos e tecnologias, um reencontro de várias ciências e disciplinas que ajudam a compreender o que há mais de uma década era incompreensível. Descritores: Comunicação / Comunicação Institucionalizada / Concentração da Mídia / Relatório MacBride / Responsabilidade Social / NOMIC / UNESCO. INTRODUCCIÓN El Informe MacBride1 (en adelante el Informe) es un documento de singular importancia. No sólo por haber sido el primer esfuerzo de unificación del complejo y disperso tema de la comunicación, sino además porque sus propuestas superaron los modelos teóricos habidos entonces, sin que tal superación signifique negación ni exclusión de manera absoluta de las concepciones rivales de la época. Como todas las obras extraordinarias, que rebasan el contexto histórico de su época, buena parte de sus postulados no cabían en la estrechez de la mentalidad maniqueísta en la que esta sumido el mundo, representado por la intelectualidad, los grupos gobernantes y las empresas de medios. La Guerra Fría exigía tomar partido por uno u otro bando, y toda posición distinta era sospechosa. Pocas fueron las rendijas para la heterogeneidad de las ideas y las alternativas. El Informe tomó la ruta de una de ellas, para proponerse como antecedente del modelo de la sociedad del conocimiento que hoy es cotidiano en las políticas públicas de comunicación de casi todas las naciones. Una parte de los predicados del Informe se cumplieron, tanto en sus apuestas optimistas como en las advertencias y temores. El problema de la comunicación es más que simples reglas de juego, sentenciaba. Enfrentarlo requiere de toda una ingeniería social, política y económica, donde es indispensable la sumatoria de los esfuerzos de los sectores que se encontraban enfrentados. En el Informe se estaba consciente de la necesidad de producir una metodología de consenso, que enfocara el problema de la comunicación de modo diferente al de los modelos teóricos que entonces rivalizaban, excluyéndose. Los intelectuales miembros de la comisión que llevó a cabo tan espectacular acopio de datos, conceptos y propuestas, sabían que las ideas resultantes serían atacadas, que no sería fácil su comprensión y que sería lento el camino para que una teoría general de la comunicación, si ésta era posible, percolara en el tejido social mundial, una teoría de aplicación, una teoría de ajuste institucional, una propuesta en que muchos sectores debían ceder para ganar un mundo estable y en equilibrio. Se enfrentaban entonces dos fuerzas poderosas. Los que se aferraban a la religión del mercado, quienes llegaron a ver a la UNESCO como un ente infiltrado por un puñado de intelectuales deseosos de poner límites a las libertades económicas, emulando los planteamientos de la Comisión Hutchins para colaborar con la expansión del comunismo internacional. La Declaración Talloires2, Francia, 1981, es una reacción temprana de esta corriente, abierta y directa contra la UNESCO, al instarla a «desistir en sus intentos de regular el contenido de las noticias y formular reglamentos para la prensa». Dicho texto evidencia una incomprensión del Informe, ya publicado desde 1979. La otra fuerza, tan dogmática como la primera, fue el de la izquierda ortodoxa, cuyo acercamiento a la UNESCO fue más hipócrita que proactiva, pensando que «peor es nada» y que algo se podía ganar de aquel foro internacional. Pero al mismo tiempo miraron con desconfianza la evolución de la Comisión para el Estudio de los Problemas de la Comunicación (CIEPC, en adelante la Comisión), acusando abierta y veladamente al Informe como de «funcionalista». En Venezuela, buena parte de la intelectualidad vinculada con la comunicación se encontraba mayoritariamente influenciada por la teoría crítica. Oswaldo Capriles Arias, en su obra citada, narra este estado de ánimo en los intelectuales y estudiosos de la comunicación de América Latina. Lo dice en estos términos:
Consciente de tan hostil escenario, el director general de la UNESCO, Amador-Mahtar M’Bow, hizo una jugada brillante: encargar la coordinación del proyecto a Sean MacBride, quizás el único intelectual que ha recibido los premios más destacados de ambos mundos: el Nobel de la Paz y el Lenin de la Paz. Asímismo, la representación de los miembros del equipo de trabajo eran todos de incuestionable reconocimiento internacional, pero además se otorgó a Asia y África de mayor representación, en el seno de la Comisión. Tocaría a otro ensayo, evaluar la influencia de las propuestas del Informe, en la posterior aplicación de políticas, leyes, contenidos académicos y el pensamiento en general. En este artículo se comentarán apenas algunos aspectos, tratando de compararlo con los modelos competitivos de su época. Se procura recuperar la validez y vigencia de las propuestas del Informe, más como enriquecimiento de los debates actuales que de su seguimiento histórico. Es comprensible que, en aras de lograr unificar, y por tanto lograr consenso, la Comisión tuvo que expresarse, lo más delicademente posible, en el punto medio de las confrontaciones, lo cual no le restó claridad a sus planteamientos, ni tampoco capacidad para exhortar al debate sobre problemas sin resolver. El saldo fue un conjunto de propuestas, entre las cuales pueden destacarse: * Amplió el espectro de las funciones sociales de la comunicación. * Aportó el concepto de institucionalización del pluralismo como modelo de comunicación. * Recomendó políticas nacionales de comunicación coherentes con la constitución de un Nuevo Orden Mundial de Información y Comunicación (NOMIC) en la búsqueda del equilibrio y la equidad mundial. * Se propuso la defensa de la diversidad de las fuentes como requisito de un ambiente de pluralismo y de verdad objetiva. * Puso énfasis en la ética profesional, en la formación ética de los profesionales de la comunicación y en los sistemas de autoregulación en las actividades de la industria de la comunicación. * Exhortó a reconocer que, en las disparidades y desiquilibrios del libre flujo de la información, a escala mundial, tienen su asiento en el desarrollo desigual de los pueblos; las brechas teconólógicas; los aislamientos nacionales; la alta concentración de los medios; la obsolescencia de los sistemas educativos; las desprotección de los grupos, sectores y culturas; y las barreras idiomáticas, entre otros males. En consecuencia, propuso desarrollar políticas puntuales para enfrentar todo estos problemas de manera integral y coherente. * Inició el camino hacia una teoría global de la comunicación, dada la naturaleza supranacional del fenómeno de la comunicación, fundamentada en la defensa de la diversidad de las culturas. la metáfora del título que ostenta el Informe lo resume: Un solo mundo, voces múltiples. ¿QUÉ ES EL INFORME MACBRIDE? Es la síntesis de una amplia consulta mundial, patrocinada por la UNESCO, llevada a cabo entre 1978 y 1979. Su publicación en español lo asumió la editorial Fondo de Cultura Económica, 1980 (con una reimpresión en 1981), bajo el título: Un solo mundo, voces múltiples. Comunicación e información en nuestro tiempo. Muchas de sus propuestas y modelos fueron asumidas por la UNESCO, como guía para consolidar propuestas de políticas internacionales de comunicación y educación. La 19ª Conferencia General de la UNESCO, reunida sede en Nairobi, en 1977, encargó a su director general, Amador-Mahtar M’Bow, realizar un estudio sobre la situación general y problemas de la comunicación social a escala universal. En su cumplimiento, se creó la Comisión, presidida por Sean MacBride y por 15 personalidades representativas del mundo, no sólo por la diversidad geográfica3, sino además por la pluralidad ideológica. El objetivo de la Comisión fue el de inventariar los principales problemas de la comunicación y proponer la aplicación de correctivos, algunos de los cuales se resumieron en la Declaración sobre los medios de comunicación de masas, aprobada por unanimidad en la 20ª reunión de la Conferencia General de la UNESCO de 1978. La Comisión se instaló en diciembre de 1977, cesando funciones en noviembre de 1979. Desarrolló una metodología que calificó de «análisis objetivo, equilibrado y sin sectarismo», realizando ocho reuniones de comisión, cuatro de ellas efectuadas en Suecia, Yugoslavia, India y México. Cada miembro tuvo la responsabilidad de canalizar la participación y aportes en sus respectivas regiones. En el transcurso de esos dos años se llevaron a cabo una multitud de eventos. Entre éstas, una reunión internacional sobre contenido mediático denominada Seminario Internacional sobre Infraestructura de Acopio y Difusión de la Información, celebrada en Estocolmo, en abril de 1978, donde participaron respresentantes de agencias de noticias, organismos de radiodifusión, las gran prensa, instituto de investigación y organizaciones internacionales y regionales no gubernamentales, entre otras. Pero además, muchas mesas redondas sobre temas puntuales, tales como: «Relación gobierno y medios de comunicación», «Comunicación y desarrollo», «Impacto del progreso tecnológico en las comunicaciones», «Correlación entre cultura y comunicación». La comisión peregrinó por todo el mundo participando en conferencias, renuniones, seminarios y grupos de debate, y acopiaron una considerable cantidad de comunicaciones y consideraciones por parte de gobiernos, organizaciones y expertos. Toda esta espectacular consulta fue sometida a comparación en la búsqueda de un punto medio, en un extenso rango de temas. El resultado fue el llamado «Informe MacBride», redactado en un estilo enciclopédico, sumamente sencillo, pedagógico y accesible, que bien puede servir de libro de texto, con una estructura de cinco partes y XXII capítulos, más apéndices. EL CONTEXTO DEL INFORME Y LOS MODELOS DE COMUNICACIÓN HABIDOS La síntesis lograda por el Informe, es resultado de un rompecabezas de acontecimientos desencadenados desde el fin de la II Guerra Mundial. Las experiencias mundiales previas que trataron el tema de la comunicación, se remontan desde el siglo XIX en materia de correos, telégrafos y ondas de radio, con énsafis en los aspectos técnicos y con grandes ventajas para aquellos países poseedores de tecnologías de punta. Ya se contaba con reglamentos internacionales, como el acuerdo internacional de longitudes de onda, suscrito en 1934, y muchos convenios más, de donde surgieron organizaciones supranacionales que regulaban el correo y las telecomunicaciones globales. Sin embargo, se acusaba un vacío en la estructura de derechos y políticas para el desarrollo global equilibrado de las comunicaciones, lo que llevó a la UNESCO a plantearse su tratamiento. A partir de 1946, la resolución 59(I) de la Asamblea General de la recién formada Naciones Unidas declara la libertad de información un derecho humano fundamental, reconociendo como problema el uso abusivo de los privilegios. En consecuencia, se: «(…) requiere además de una disciplina básica, la obligación moral de investigar los hechos sin prejuicios y difundir las informaciones sin intenciones maliciosas»4. En sus términos simples este principio fundamental es incluido en el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de 1948, pero el mismo requería de estrategias eficientes para garantizar su aplicación. Un precedente inmediato de la Comisión tiene lugar entre 1942 y 1947, con el trabajo de la Comisión Hutchins5, con la que se hace conocida una nueva doctrina, la de responsabilidad social de los medios de comunicación. En el documento Hutchins se crítica duramente el libremercado en el flujo informativo del modelo liberal. Proponía que un medio de comunicación ideal debe trazarse cinco objetivos puntales: 1. Suministrar un relato veraz, completo e inteligente de los acontecimientos del día en un contexto que aporte un significado; 2. Servir de foro para el intercambio de críticas y comentarios; 3. Presentar un cuadro representativo de los diversos grupos de la sociedad; 4. Presentar y clasificar las metas y los valores de la sociedad; y 5. Facilitar el acceso pleno a la información del día. Estos requisitos específicos derivan en un modelo general, concibiendo que el sistema de medios está obligado a cumplir con una lista de responsabilidades sociales: 1. Servir al sistema político generando información y promoviendo el debate sobre asuntos públicos. 2. Instruir al público y así favorecer la toma de decisiones que involucran a la comunidad. 3. Salvaguardar los derechos de los individuos y vigilar cualquier abuso del poder. 4. Servir al desarrollo económico promoviendo el intercambio comercial mediante anuncios publicitarios. 5. Promover entretenimiento. 6. Alcanzar autonomía económica a fines de enfrentar las presiones de grupos de poder. A partir de su constitución, en 1946, la UNESCO asumió con vigor, tanto la misión de superar los límites tecnológicos de la comunicación, como desarrollar a plenitud la aplicación del derecho humano universal. Pero el mundo de la segunda mitad del siglo XX entraría en el escenario bipolar, donde la ecuación «información = propaganda ideológica», de la época de entreguerras, se trasladaría con nuevos y más profundos matices. Pese a ello, se hicieron avances espectaculares tanto en el terreno de las ideas, como en las instituciones múltiples que influyeron las legislaciones y políticas públicas nacionales e internacionales. En éstas últimas, el Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos (desde su primera versión en 1966), y la Declaración de San José, Costa Rica, en julio de 1976 (para el caso regional de América), entre muchos otros, son evidencias del esfuerzo de los organismos internacionales liderados por la UNESCO. Incluso, el Vaticano había contribuido a la temática, introduciendo el concepto de «información objetiva», en la Pacem in terris, de Juan XXIII, en 1963, exhortando a los medios masivos para que promuevan la paz, la tolerancia y el respeto por la diversidad humana. EL INFORME MACBRIDE Y LA SUPERACIÓN DEL MODELO DE RESPONSABILIDAD SOCIAL Es obvio un rechazo tácito de la Comisión a las formas totalitarias de la comunicación fomentadas por las experiencias comunistas y fundamentalistas. La condición indispensable de pluralidad sólo es posible en sistemas democráticos. Tras la derrota militar del fascismo y el nazismo en la II Guerra Mundial, el escenario mundial de la época se encontraba plagado de regímenes duros, bajo diferentes argumentaciones, alimentados por tres décadas de Guerra Fría, los cuales se resistían a abrir el margen de libertad de expresión, en términos liberales. En consecuencia, el ánimo que se respira en el discurso del Informe es el de la exhortación y la búsqueda negociada de salidas a los conflictos que obligaban a los gobiernos duros a incurrir en altos costos de gobernabilidad. Por otra parte, el Informe, coincide con buena parte de los postulados del modelo liberal, pero busca superar su enfoque simplista argumentando la complejidad con que han evolucionado las tecnologías de la comunicación y destacando, como evidencia histórica, el profundo desequilibrio y disparidades cuyas interrogantes no son respondidas por dicho modelo. En cambio, se distancia del enfoque liberal al asegurar la necesidad de «mercados regulados» como modo de disminuir las brechas de inequidad y de desconcentrar la propiedad de medios y fuentes. Aunque pudiera observarse una similitud con el modelo de la responsabilidad social, el Informe no comparte con éste su idea de los efectos fuertes y de la ineptitud implícita de la audiencia. Si bien, reconoce el Informe, los medios tienen una cuota importante en la producción de sentido, es más eficiente un enfoque que integre a grupos, organizaciones e instituciones, además del derecho que tienen las audiencia a optar por las alternativas culturales de su preferencia. Así que, mientras el modelo de responsabilidad social propone una restricción de contenidos negativos para dar flujo a contenidos ideales, sin resolver cómo y quiénes deciden qué es cada cosa, el Informe opta por la mayor ampliación posible de las alternativas de contenidos, lo que se deriva lógicamente que será la audiencia la que toma o deja. Basta a los objetivos de este ensayo, tratar con más detalle cuatro aspectos cruciales contenidos en el Informe, que se revelan como perspectivas distintas a los modelos conocidos ya apuntados arriba. Estos aspectos son, las funciones sociales de la comunicación, el concepto de «pluralismo institucionalizado», el problema de la concentración de los medios y la relación comunicación y poder. FUNCIONES SOCIALES DE LA COMUNICACIÓN, SEGÚN EL MODELO UNESCO Los medios no sólo reflejan opiniones y visiones del mundo, también contribuyen a formarla. Bajo este postulado, el sistema de medios debe formar parte coherente de las políticas públicas, en procura del desarrollo, la estabilidad social y contribuir al clima de expectativas sociales optimistas, sin menoscabo de promover la cultura del debate y la confrontación de ideas. Por ello, el sistema de medios debe cumplir un conjunto de funciones sociales, mucho más completo que la ya aceptada trilogía: informar-educar-entretener, para ocuparse de los siguientes campos: 1. Información: el sistema de comunicación debe ampliar el horizonte de noticias, datos, hechos, opiniones, comentarios y mensajes, a fin de ofrecer el mayor margen de alternativas en la toma de decisiones. 2. Socialización: Incidir en formación de los individuos para la vida pública y la cohesión social. 3. Motivación: los medios deben proponerse metas de beneficio social y comportamiento cooperativo y altruista, incentivando a individuos y organizaciones en este tipo de comportamiento. 4. Debates y diálogos: promover una cultura del debate libre de ideas y del diálogo como parte inherente de las sociedades abiertas. 5. Educación: difundir conocimientos en apoyo y sintonía con el sistema educativo formal. 6. Promoción cultural: proteger y presentar la producción artística, promover el concepto de patrimonio, legitimar nuevas expresiones culturales y ampliar el ideal estético de la sociedad. 7. Esparcimiento: ofrecer alternativas de entretenimiento. 8. Integración: promover el reconocimiento de culturas diferentes, con base en el pluralismo cultural, combatiendo el racismo y la exclusión por motivos de raza, credo e ideología. LA FUTURISTA PROPUESTA DEL PLURALISMO INSTITUCIONALIZADO La comunicación es una función política. Le confiere sentido a lo político y ello sólo es posible en libertad, lo cual es compatible con el acatamiento de la ley. La libertad en comunicación es la responsabilidad deseosa de buscar la verdad. La libertad de expresión es un índice de existencia o ausencia de las demás libertades. Aún falta por conquistar mucho terreno en el mundo para la libertad de expresión, pues aún se mutila bajo fachadas burocráticas o comerciales, y se intimida abierta o encubiertamente a quienes la defienden, convirtiéndola en autocensura, obligando a los individuos a abstenerse de manifestar abiertamente sus ideas por temor a ser perjudicados. El sistema político está obligado a impedir toda forma de restricción a la libertad de expresar ideas, de denunciar, de seleccionar alternativas. ¿Pero cómo? Si el Estado asume potentemente la capacidad de regular, penalizar y decidir, ¿cómo evitar que los grupos políticos que capturan el poder lo ejerzan para condicionar la libertad a su favor y beneficiarse así políticamente? Por otro lado, si a la industria se le otorgan plenas libertades, ¿cómo impedir el uso de los medios por parte de grupos económicos para su beneficio particular que no siempre coincide con el bienestar general?… O dicho en palabras del Informe:
El dilema puede resolverse desde el enfoque del «pluralismo institucionalizado ». Donde el Estado se limita a ser «guardián del pluralismo», protegiendo y subvencionando a aquellos que no dispongan de capacidad para expresarse, sea cual sea su opinión, así difieran de quienes detenten el poder político. Para lograrlo, se debe partir de un «consenso mínimo», en el que la sociedad establece pautas a ser respetadas por todos. No se concibe que el Estado subvencione una publicación de tipo racista. A cambio de un acuerdo mínimo consensual, donde las instituciones del Estado asumen la vigilancia de su cumplimiento, el Estado se somete a la mayor transparencia posible. Este concepto deriva lógicamente hacia la idea de la desconcentración, la profundización y funcionamiento pleno de la división y autonomía de poderes, la desgubernamentalización de los medios de comunicación públicos y la lógica del interés social en la distribución de los recursos escasos de las frecuencias radioeléctricas. Si bien tales criterios no fueron asimilados en aquél escenario radicalizado, son hoy parte de un nuevo modelo, el de la sociedad de la información y el conocimiento, que hoy ocupan la mayor parte del quehacer comunicacional. Con el concepto «pluralismo institucionalizado», los miembros de la Comisión estaban conscientes de las polémicas que generarían. Sabían que en los países occidentales los grandes medios privados no cederían su capacidad de manejo de la materia, ni que los gobiernos cederían capacidad de poder en la distribución de consesiones ni en regulación de contenidos. Y menos en los sistemas políticos totalitarios de las dictaduras militares, de los países comunistas y de los regímenes fundamentalistas religiosos. Así lo confiesan:
Pero advierten sobre dos aspectos cruciales de la diversidad de fuentes: uno, que ésta no garantiza la fiabilidad de la información, aunque reduce la posibilidad de falsificación; y dos, que la diversidad no equivale a pluralismo, y menos a pluralismo de opiniones. En consecuencia, sólo una sólida institucionalización podría garantizar que la diversidad de fuentes derive en una dinámica creíble del flujo informativo. La ética, el prestigio, la competencia reglamentada, la vigilancia del Estado y la autonomía de la audiencia hacen el resto. EL PROBLEMA DE LA CONCENTRACIÓN EN LA PROPIEDAD DE LOS MEDIOS El saldo histórico del desarrollo de la comunicación muestra, como característica resaltante, la alta concentración por pequeños grupos, en la posesión y capacidad de decisión en el manejo de los medios de comunicación. A pesar de ello, el Informe se muestra optimista con la tendencia desconcentradora del desarrollo tecnológico mediático, algo en lo que tendrían razón con el fenómeno de Internet en la década de 1990. Las consecuencias del desarrollo que observaban tendían a: * Más rápido acceso a la información más abundante. * Mayor participación en el desarrollo social, dado el más amplio conocimiento de la realidad. * Más interacción equilibrada, más pluralismo. * Percepción general de un destino común en el desarrollo civilizatorio. Pero advertían que tales tendencias podían revertirse. Las tendencias negativas posibles serían: * Acceso desigual y desiquilibrado de la información, imponiendo brechas entre grupo de países. * Circulación de la información en sentido único, proporción desmesurada de una sola forma de visión del mundo. * Saturación de la información que provocarían la indiferencia de las audiencias. * Las agencias internacionales imponen su agenda temática con tendencia a ignorar y desconocer realidades en países necesitados de atención mundial. La concentración actúa en tres direcciones: una, hacia la integración horizontal y vertical de las empresas de medios; dos, participación empresarial de otras actividades económicas en el capital de empresas de medios; y tres, fusión de empresas de medios hasta lograr grandes aglomerados extranacionales. El fenómeno de la concentración es consecuencia de la economía de mercado desregulado. Pero también por la alta intervención del Estado, ya que los grupos gobernantes suelen favorecer a determinados grupos económicos, a cambio de apoyo político. Detectadas las causas y consecuencias tendenciales de la concentración de medios, y sabiendo que éstas frenan y tergiversan las tendencias progresivas del desarrollo tecnológico, el modelo propuesto es la regulación para impedir las tendencias negativas de la economía de mercado, sumado a la normatización de la acción gubernamental, a efectos de disminuir la discrecionalidad de los grupos gobernantes. Justo, un punto ausente en el modelo de responsabilidad social. Estas medidas ya venían implementándose en algunos países, inspirados en la tesis de la responsabilidad social, con pautas tales como limitar la propiedad de los medios, reducir el tiempo de publicidad y sus interrupciones de la programación en radio y TV, normatización de la estructura horaria según el tipo de audiencias, entre otras. Pero, las reglas solas no son suficientes. RELACIONES ENTRE EL PODER Y LA COMUNICACIÓN La «comunicación institucionalizada», entendida como el reconocimiento de las organizaciones de medios dentro de un marco normativo relativamente consensual, es un verdadero poder en la era moderna. La misión principal de la comunicación institucional es impedir la influencia desproporcionada de los grupos de presión, y el desequilibrio de sus efectos sobre la agenda de la opinión pública. Este punto de vista de la Comisión no concibe negativamente a los grupos de presión. Por el contrario, los considera legítimos y naturales. Los individuos asociados reclaman beneficios, ventajas y privilegios, lo cual es la dinámica reconocida de las sociedades abiertas. Asumiendo esta inevitable realidad, la comunicación institucionalizada debe tratar de ofrecer incentivos para que los individuos y organizaciones comprendan que un superávit de beneficios de un sector puede ganarse a costa de un déficit en las oportunidades de otros grupos. En consecuencia, devienen conflictos, por cuyos costos sociales todos pierden. Debe promoverse entonces una cultura que estimule a relativizar los costos de las demandas de todos los sectores, de tal modo que no predominen unos sobre otros en la estructura de privilegios, ya de por sí estimulada por otras fuerzas. Este punto no implica apoyarse en el voluntarismo, pues la cultura de la negociación puede institucionalizarse, y en ello, el campo de la comunicación puede ofrecer cuotas importantes de valor institucional. Para encaminarse hacia la idea de la comunicación institucionalizada como mecanismo ideal para la regulación del poder de la comunicación, se deben prever condiciones que impidan la monopolización de la opinión pública, el aumento en las de acceso a las fuentes, minimizar la interferencia discrecional de funcionarios gubernamentales, de propietarios de medios, de sindicatos y de grupos, entre otras limitantes típicas. De este modo, la transparencia, el acceso a la diversidad de las fuentes y medios de comunicación se convierten en dispositivos por excelencia en el equilibrio de la relación comunicación y poder. Cada nación debe elaborar sus propias estructuras institucionales marco del sistema de medios. Un plan básico y coherente con estas premisas se inicia con la ampliación y profundización de los conocimientos directa o indirectamente vinculados al mundo de la comunicación, tanto en sus repercusiones teóricas como tecnológicas, de modo de cerrar la brecha entre el sistema educativo y el flujo de los conocimientos. Esto es impactar el sistema edicativo de cada nación a todos los niveles sin exclusión. El norte de esta estrategia es superar el flujo vertical de la comunicación, el cual tiende a favorecer a las élites y a excluir a las mayorías del disfrute de los bienes culturales y de conocimiento que la escuela no está en capacidad de procesar, dada la velocidad que caracteriza la naturaleza de saber en la actualidad. La institucionalización de la comunicación también implica que la industria de la información y de bienes culturales debe superar la simple condición de empresas productora de bienes y servicios. Las empresas de medios tienen una gran responsabilidad en la producción de sentido y expectativas sociales. En consecuencia, las empresas de medios deben admitir su alta cuota en relación con el equilibrio y el bienestar social. Si bien es imperativo un cuerpo ético que promueva la autoresponsabilidad social con estos postulados, es necesaria la fortaleza institucional reguladora del sistema, donde ambas, regulación y autoregulación, sean coherentesy complementarias entre sí. En esta línea, el concepto propuesto en el Informe exhorta a los gobiernos a ceder espacios públicos a otras formas de Estado. Menos gobierno y más Estado. Esta zona de Estado no-gubernamental debe cumplir requisitos de suficiente representatividad y participación de la variedad de sectores sociales relacionados con la comunicación y convertirse en un poderoso incentivo de las fuerzas cooperativas de la sociedad. Eliminar progresivamente el secreto de Estado, administrado por los gobiernos, es otro instrumento que fomenta la idea de espacios públicos no-gubernamentales y que ofrecen amplias bases de credibilidad en la toma de decisiones públicas, y a cambio, los gobiernos ganarían terreno para su credibilidad. CONCLUSIONES Se han tomado algunos aspectos nodales del Informe, y aún así no hacemos justicia a la riqueza de temas de que se ocupa. Negarse a tratarlo como un «documento histórico» y en cambio sí como una agenda de presente es ya un paso hacia el desagravio. Son riquísimas las nuevas relecturas de este documento, y oportuno, luego de haber concluido, hace más de una década, el mundo bicolor desde cuyo enfoque se hacía incomprensible. Por fortuna, han aparecido nuevas ofertas explicativas, nuevos conceptos y tecnologías, un reencuentro de diversas ciencias y disciplinas que estimulan a abrir aún más los ojos, a reparar en detalles y destellos que antes no veíamos. Al caer el Muro de Berlín, no sólo escacean las soluciones sino que, por el contrario, se han soltado los resortes oprimidos de viejos y nuevos problemas. No es para menos, esta es una época que aturde. De la revisión, aunque sea por accidente, de documentos como el Informe MacBride saltan moralejas. Muchos prejuicios de entonces, y que aún hoy andan esparciendo telarañas, consumieron años preciosos de lecturas, debates y contribuciones, de esas que pujaban por salir del papel, de los anaqueles cada vez menos visitados, de las quimeras de café. Aún debatimos primitivos proyectos de ley de contenidos, al costo de rezagarnos en el tema de la sociedad del conocimiento, que ya preludiaban los casi anónimos colegas que redactaron el Informe. Al cabo, ya es considerable ganancia percibir que queda mucho camino al tema de la libertad de expresión, y que además no es un tema aislado de todo lo demás. La experiencia de la Comisión MacBride es de gran ejemplo para los procesos de búsqueda de consenso que tanto necesitan nuestras sociedades profundamente atravesadas por las tradiciones totalitarias. Si las herramientas conceptuales que ahora disponemos no son suficientes para permitirnos avanzar en la resolución de los problemas urgentes y graves que ahora tenemos (costos educativos crecientes, analfabetismo tecnológico, acceso a bienes de saber y conocimiento, acceso a bienes de entretenimiento, entre otros), entonces tenemos que buscar otras opciones teóricas y conceptuales que sí lo hagan. Sobra sugerir, encarecidamente, un repaso por sus páginas. BIBLIOGRAFÍA 1. CAPRILES ARIAS, Oswaldo 1996 Poder político y comunicación. Caracas: UCV-CDCH. 2. COMISIÓN PREPARATORIA DEL CONAC 1976 Proyecto RATELVE, Diseño de una nueva política de radiodifusión del Estado Venezolano. Caracas: Editorial Súmate. 3. BRIGGS, Assa y BURKE, Peter 2002 De Gutenberg a Internet. Una historia social de los medios de comunicación. Madrid: Taurus. 4. MACBRIDE, Sean y otros 1980 Un solo mundo, voces múltiples. Comunicación e información en nuestro tiempo. México: UNESCO-Fondo de Cultura Económica. 5. Documentos de UNESCO en sitio Web: www.unesco.org/general/spa/index.html Notas 1 MacBride, Sean. 1980. Un solo mundo, voces múltiples. Comunicación e información en nuestro tiempo. Unesco-Fondo de Cultura Económica, México, p. 48. 2 La Declaración Talloires se encuentra publicada íntegra en CAPRILES ARIAS, Oswaldo. Poder político y comunicación. Caracas, UCV-CDCH, 1996, pp. 229-230. 3 Geográficamente, la CIEPC quedó distribuida en 2 miembros para cada una de las siguientes regiones: América anglosajona, América Latina, Europa del oeste y Europa del este, mientras que Asia estuvo representada por 3 personalidades y África por 4. En total 15 miembros más el presidente, Sean MacBride (Irlanda). Las personalidades fueron los siguientes: Elie Abel (EEUU), Hubert Beuve-Méry (Francia), Gabriel García Márquez (Colombia), Sergei Losev (URSS), Mochtar Lubis (Indonesia), Mustapha Masmoudi (Túnez), Michio Nagai (Japón), Fred Isaac Akporuaro Omu (Nigeria), Bogdan Osolnik (Yugoslavia), Gamal el Oteifi (Egipto), Johannes Pieter Pronk (Países Bajos), Juan Somavia (Chile), Boobli George Verghese (India) y Betty Zimmerman (Canadá). 4 Citado en UNESCO, Declaración 4/9.3/2, 1978. 5 En 1942, El Congreso de los Estados Unidos encargó a Robert Hutchins, rector de la Universidad de Chicago, un estudio sobre el estado y las perspectivas de la libertad de prensa, para lo cual se constituyó un equipo de 13 miembros, la mayoría académicos y algunos representantes de la sociedad civil, hasta que fue presentado, en marzo de 1947, su informe final. | |||||||||
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