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Anuario Ininco
ISSN 0798-2992 versión impresa

 


Anuario Ininco v.17 n.1 Caracas jun. 2005

 
Como citar este artículo

Sociedad de la información, democratización de las comunicaciones y redefinición de las políticas de comunicación en América Latina, en la presente década

MIGDALIA PINEDA DE ALCÁZAR

(Venezuela)

Doctora en Ciencias de la Información, Universidad Autónoma de Barcelona (1989). Licenciada en Comunicación Social (1975), mención Audiovisual. Fundadora y coordinadora actual de la línea de investigación sobre Comunicación, Educación, Información y Nuevas Tecnologías (CEINT), del Doctorado en Ciencias Humanas de la Universidad del Zulia (LUZ). Investigadora activa del Centro Audiovisual de la Facultad de Humanidades. Profesora jubilada de la Escuela de Comunicación Social. Universidad del Zulia. Miembro del Consejo Científico Internacional del Anuario Ininco / Investigaciones de la Comunicación. Correo electrónico: alcazar@iamnet.com Telefax: + 58 261 7928189

RESUMEN

Sociedad de la Información, democratización de las comunicaciones y redefinición de las políticas de comunicación en América Latina, en la presente década.

El trabajo sobre la democratización de las comunicaciones en la presente década, tiene como objetivo analizar cómo los cambios políticos, sociales, tecnológicos y económicos ocurridos en la sociedad de la información, están incidiendo en el campo de las comunicaciones, hasta el punto de producir importantes alteraciones en los conceptos fundamentales del NOMIC de los años 80, lo cual obliga a rediscutir el tema de las políticas de comunicación en América Latina para incorporar los nuevos retos, problemas y las oportunidades para el desarrollo de una estrategia comunicacional regional que responda al entorno actual.

Descriptores: Comunicación / Democratización de las comunicaciones / NOMIC / Políticas de comunicación contemporáneas / Sociedad de la Información / América Latina.

ABSTRACT

Information Society, democratization of communication and redefinition of the communication policies in this decade in Latin America.

The objective of the work on democratization of communication in this decade is to analyze how the political, social, technological and economic changes occurred in the information society are influencing en the communication field, even causing major alterations en the fundamental concepts of NWICO en the 80’s. This proposes a new discussion on the communication policies in Latin America to incorporate the new challenges, issues and opportunities into the development of a domestic communicational strategy that goes along with the current environment.

Key words: Communication / Democratization of communication / NWICO / Current communication policies / Information Society / Latin America.

RÉSUMÉ

Société de l’Information, démocratisation de la communication et redéfinition des politiques de communication dans la décennie présente en Amérique Latine.

Le travail sur la démocratisation de la communication dans la décennie présente a comme but analyser comment les changements politiques, sociaux, technologiques et économiques vécus dans la société de l’information, étaient en train d’affecter le champ de la communication, jusqu’au point de produire d’altérations importantes dans les concepts fondamentaux du NOIIC dans les années 80. Cela oblige à rediscuter le thème de politiques de la communication en Amérique Latine à fin d’incorporer de nouveaux défis, problèmes et opportunités pour le développement d’une stratégie communicationnelle régionale qui répond à l’environnement actuel.

Mots clés : Communication / Démocratisation de la communication / NOIIC / Politiques contemporaines de communication / Société de l’Information / Amérique Latine.

RESUMO

Sociedade da Informação, democratização das comunicações e redefinição das políticas da comunicação na América Latina, na presente década

O trabalho sobre a democratização das comunicações na presente década tem como objetivo analisar como as mudanças políticas, sociais, tecnológicas e econômicas que ocorreram na sociedade da informação incidem tanto no âmbito das comunicações, que produzem importantes alterações nos conceitos principais da NOMIC dos anos 80. Este fato obriga a rediscutir o tema das políticas de comunicação na América Latina para incorporar os novos desafios, problemas e oportunidades para o desenvolvimento de uma estratégia de comunicação regional que possa responder ao entorno atual.

Descritores: Comunicação / Democratização das comunicações / NOMIC / Políticas de comunicação contemporâneas / Sociedade da Informação / América Latina.

INTRODUCCIÓN

Este artículo recoge un conjunto de reflexiones sobre el tema de la democratización de las comunicaciones en la presente década y la necesidad de redefinir las políticas de comunicación en América Latina para dar cuenta de las transformaciones introducidas por la sociedad de la información a partir de los nuevos medios como Internet, las comunicaciones mediadas por computadoras y los medios digitales.

Se busca aportar al debate, ideas que ayuden a conformar una estrategia regional para el fomento de la democratización de los nuevos medios digitales y telemáticos y, a poner en el tapete el tema, a 25 años del Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación (NOMIC), para consolidar una agenda internacional de las comunicaciones donde se incluyan los problemas de la cultura, la democracia, la participación, los accesos, la inclusión digital, objetos de preocupación de los países en desarrollo cuando se habla de su incorporación a la sociedad de la información.

A lo largo del trabajo se tocan aspectos relacionados con el conjunto de cambios que produce la sociedad de la información y su incidencia en esa nueva agenda; así como cuáles serían los aspectos a democratizar en el NOMIC a partir del año 2.000 en adelante y, por último, qué problemas se deberán resolver para democratizar las comunicaciones en los nuevos medios.

LOS CAMBIOS EN LA SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN Y SU INCIDENCIA EN UNA NUEVA AGENDA DE LAS COMUNICACIONES INTERNACIONALES

En trabajos anteriores, hemos definido a la denominada «sociedad de la información» como una sociedad en transición (Pineda et al, 2003) que se dirige hacia la sociedad de la comunicación, con miras a llegar a futuro a una sociedad del conocimiento o «era de la inteligencia interconectada», en la que sería deseable poder estrechar los lazos entre las tecnologías y las personas en la búsqueda de nuevos medios para impulsar las comunicaciones, el conocimiento y el desarrollo social.

Dentro del conjunto de cambios que se producen en diversos órdenes de nuestra vida social (político, económico, cultural, laboral, de conocimiento, etc), nos interesa analizar el relativo a las comunicaciones y cómo podrían verse afectados los nuevos temas de discusión de una agenda internacional sobre la información y la comunicación, que vaya más allá de los planteamientos del Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación de la década de los 80, y sea capaz de recoger en una redefinición de las políticas de comunicación, las tendencias contemporáneas sobre los problemas de democratización de las redes, los nuevos medios digitales, las comunicaciones mediadas por computador (CMC) y los derechos fundamentales de los ciudadanos y usuarios de los mismos.

Uno de los elementos centrales para vislumbrar los cambios, lo constituye la aparición de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) que han ido modificando las formas de hacer y recibir información facilitando al usuario su selección y clasificación de acuerdo con sus gustos, intereses y preferencias, al mismo tiempo que le ofrece la oportunidad de participar y expresar su opinión, gracias a la interactividad. Sin embargo, lo que todavía no está muy claro es sí esas potencialidades garantizan de por sí una democratización de las comunicaciones globales, internacionales, nacionales o locales o si hace falta reunir acciones para que ello sea posible.

Y aunque las relaciones de CMC están afectando los mapas mentales y los esquemas de pensamiento del hombre moderno produciendo fuertes cambios culturales y sociales, ya que sumergen al usuario en múltiples modos de comunicación e información, en muchos de los cuales utiliza las TIC como herramientas y prolongaciones de los sentidos o como un medio para producir información y transformarla en conocimiento comprensivo, no podemos garantizar aún que esos cambios estén realmente orientados a lograr el desarrollo integral de nuestros países y sus ciudadanos.

Todas las anteriores posibilidades nos hablan de que nos encontramos ante un nuevo panorama comunicacional, mucho más complejo, contradictorio y lleno de incertidumbres que el que prevalecía desde los años 70 hasta los 80, cuando se planteó en el debate internacional de las comunicaciones el tema del NOMIC, donde América Latina jugó un papel fundamental. Por lo cual, hoy resulta prioritario la reflexión y el análisis de las acciones a emprender para poder enfrentar los cambios con una política que incorpore las necesidades, demandas y aspiraciones de la sociedad civil ya que nos encontramos frente a un «nuevo orden tecnológico » (Torrico, 2003: 13), donde las grandes corporaciones y los gobiernos buscan imponer sus intereses financieros y de mercado, a diferencia de los intereses que movieron el debate internacional sobre la información y la comunicación hace 25 años.

Habrá que analizar el hecho de que así como los conceptos de información, de comunicación, de medios de comunicación se han visto alterados por la incursión de las tecnologías telemáticas y digitales, productos de la integración de la informática, las telecomunicaciones y la electrónica; asimismo los conceptos de democratización de las comunicaciones y de políticas de comunicación, a incluir en una nueva agenda internacional de la comunicaciones deberán ser reconsiderados, para articular una estrategia que no aísle el fenómeno informativo y comunicacional de las repercusiones que el desarrollo tecnológico en el campo de la telemática, introduce en lo cultural y lo político en las sociedades actuales, especialmente las de América Latina.

Aunque hoy se percibe a las innovaciones tecnológicas como elementos fundamentales para el desarrollo económico y el mejoramiento del nivel de vida de la población, debemos considerar que el desarrollo tecnológico y la aplicación de las TIC no son garantía suficiente del desarrollo social y cultural, sino que muchas veces han contribuido a recrudecer las desigualdades ente países, sectores sociales y hasta personas.

El canadiense Michel Cartier (1993) insiste en la necesidad de establecer una «vigilancia permanente» frente a la planificación de la contingencia tecnológica que nos permita prever sus efectos culturales y sociales en un contexto determinado.

En virtud de que las condiciones han cambiado, se hace necesario rediseñar una agenda de los problemas contemporáneos de las comunicaciones donde se incluyan asuntos como: el papel de las redes, especialmente de Internet en la democratización de las comunicaciones, el rol de los medios digitales en las relaciones sociales a distancia, los nuevos derechos de acceso y participación de las comunidades, el papel del Estado en la democracia digital y la inclusión de la ciudadanía.

¿QUÉ DEMOCRATIZAR EN EL NOMIC A PARTIR DEL AÑO 2000 EN ADELANTE?

Si bien es cierto que en los años 90 la autora de este texto hizo algunas reflexiones sobre la necesidad de redefinir las políticas de comunicación ante la aparición de las Nuevas Tecnologías (Pineda, 1996), las cuales insistían en asuntos como los desequilibrios informativos frente a un nuevo tipo de información contenida en las bases de datos (la información-saber), sobre la democratización de los flujos de datos transnacionales que viajan por las redes telemáticas y sobre el derecho a informar y ser informado, el cual debería ampliarse para incluir los derechos a la privacidad en los bancos de datos personales, al acceso a la información estratégica para los países en desarrollo y a la información útil para las comunidades o grupos sociales; no es menos cierto que a lo largo de estos 10 últimos años se han introducido nuevos problemas a partir del amplio desarrollo de los medios digitales y de la red Internet como medios de comunicación e información de cada vez mayor número de personas, organizaciones y países.

De manera que en un contexto donde la información y la comunicación adquieren una dimensión más marcadamente de bienes públicos globales, se hace necesario puntualizar algunos aspectos a considerar en el debate contemporáneo sobre la democratización de las comunicaciones. Por un parte, sin querer significar que se ha dejado a un lado los problemas de la democratización de los viejos medios y tecnologías, los cuales continúan vigentes, consideramos que en la actualidad cobra relevancia el análisis de cómo lograr que los nuevos medios digitales puedan abrirse a una comunicación pluralista, participativa y solidaria, a pesar de reconocer que éstos se insertan en un esquema de globalización económica, industrial y financiera, para poder avanzar en una estrategia que haga posible proponer alternativas de uso y aplicaciones.

Por otro lado, no podemos desconocer que más que las bases de datos se debería prestar especial atención a la importancia adquirida por Internet como una red de interacciones múltiples que se ha abierto un poco más al acceso del ciudadano común, por la multiplicidad de servicios y opciones que ofrece, mucho de los cuales están muy cercanos a la vida cotidiana y poco profesional de los usuarios. Por lo que consideramos que hacia la red de redes se debería volcar el principal de interés para articular una estrategia de democratización de los nuevos medios.

En ese sentido avanzaríamos hacia un uso más comunitario de Internet si insistiéramos más en la garantía del concepto de participación y de uso de la red que en el de mero acceso (Pasquali, 2002), ya que éste último no implica necesariamente que las personas puedan participar con cierto márgenes de igualdad de oportunidades y de conocimiento de su uso a modo de poder sacarle el máximo provecho para su vida, su entorno inmediato y su contexto social.

Las alternativas de información y de comunicación a través de medios digitales conectados a la redes no se garantizan con sólo abrir el acceso, si las personas, organizaciones o países no conocen cómo participar, cómo utilizar estos nuevos medios, por lo que en una estrategia de democratizarlos haría falta contemplar los procesos de formación de los ciudadanos para la participación y para saber utilizar las tecnologías digitales en función de sus intereses sociales, educativos y culturales. Esto resulta más prioritario para los países en desarrollo donde las desigualdades de acceso, participación y usos de las tecnologías de la información y la comunicación son más fuertes y donde sectores mayoritarios de su población aparecen marginados de oportunidades de información y comunicación como resultado de su marginación económica y social.

Pero, la democratización de los nuevos medios, de las redes no es asunto independiente de un concepto más amplio de democracia social que en la sociedades modernas adquiere una dimensión global y que implica necesariamente, rediscutir también la democratización del Estado para repensar lo público/ lo estatal/ lo gubernamental /lo privado (Exeni, 2003), dentro de unas políticas nacionales de la comunicación contemporáneas.

Son múltiples las iniciativas de organizaciones de la sociedad civil, de ciudadanos organizados y de asociaciones sin fines de lucro que buscan abrir nuevos espacios de participación comunitaria de las personas, las denominadas redes ciudadanas, según Reyes Matta (2003), que se han valido de la Internet y de los medios digitales para hacer que la gente de distintos lugares construya discurso comunes y establezca ligazones para levantar temas, en una especie de «diplomacia ciudadana», y así lograr articular acciones conjuntas globales de cooperación y de relaciones sociales solidarias en torno a problemas contemporáneos relacionados con la ecología, los derechos humanos, la discriminación de la mujer, los indígenas y las minorías étnicas y lingüísticas, la protección de los menores y los jóvenes, los movimientos anti-globalización económica. Pero esos movimientos por sí solos no lograrán resultados más integrales hasta tanto no se pongan a discutir el problema de cómo articular acciones para lograr una mayor democratización de los aparatos de Estados, entendidos no como espacios del ejercicio de gobierno de forma unilateral sino como espacios de participación ciudadana, de poder civil y de reencuentro y legitimación en el seno de una democracia moderna que conceda mayor libertad a sus gobernados para las iniciativas sociales, comunitarias y de consenso social en su entorno más inmediato.

Eso obliga necesariamente a pensar que un proceso de democratización de las comunicaciones, en el contexto actual de globalización y de rescate de lo local, deberá considerar la definición de políticas de comunicación, de políticas culturales y de políticas de educación en una doble dimensión: lo internacional y lo local. Además de considerar cómo valerse de los nuevos medios tecnológicos y de las redes telemáticas para crear espacios de diálogo, de relaciones sociales y de reconocimiento mutuo a distancia, que se viesen reforzados por la convivencia en espacios más cercanos y directos.

En el proceso de transición de la sociedad de la información, nos estamos moviendo en un espacio fragmentado, estratificado y reordenado en función de valores de percepción y no de coordenadas geográficas, el ciberespacio; y un tiempo de presente eterno, continuo, el tiempo de la luz, que se acelera a velocidad de vértigo, que es más intenso que extenso y que ya no se mide a través del reloj (Piscitelli, 2002), ambos totalmente diferentes, y ello produce implicaciones sustanciales a los conceptos de lugar, territorio, ciudadanía, presente, pasado y futuro que debemos considerar cuanto se trata de definir una estrategia de política comunicacional que de cuenta de los cambios y transformaciones ocurridos en las dos últimas décadas, sobre todo a partir de la incidencia del desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación.

En consecuencia, la democratización de las comunicaciones no es ahora un problema sujeto en exclusiva a un territorio físico como espacio determinado por unos límites del concepto estado-nación, sino que implica un entrecruce de espacios globales, locales, nacionales y por zonas del mundo que nos pone como reto la necesidad de pensar la redefinición de una política de comunicación de múltiples niveles para poder dar cuenta no sólo de los procesos de información y de comunicación que ocurren en dichos niveles, sino de aquellos que podrían tener lugar a través de las redes y medios digitales y virtuales que nos colocan en un espacio diferente (ciberespacio), pero no por ello menos importante en la vida de los individuos en este siglo que recién iniciamos.

Lo que habría que reflexionar es si las nuevas modalidades de relaciones comunicativas e informativas, mediante los nuevos medios, podrían estar sujetas a unos lineamientos determinados por políticas de comunicación, en el sentido estricto del término, es decir, como conjunto de regulaciones y medidas que buscan organizar responsablemente el sector comunicacional de un país o una región del mundo, o si más bien estos medios digitales y virtuales son irregulables, abiertos y caóticos, a la vez, argumento bastante esgrimido por quienes sostienen que la Internet no podrá ser sometida a ninguna reglamentación ya que ello atentaría contra la misma naturaleza de la red de redes como una malla abierta, libre y democrática por sus posibilidades de acceso sin cortapisas ni limitaciones.

El problema se presenta cuando pensamos en términos de cómo regular algo y al mismo tiempo como garantizar su carácter de libre acceso, de participación y de democratización. Sin duda que en la medida en que vayan aumentando los países, individuos y grupos sociales conectados a la red, irán apareciendo problemas de control de un espacio que ya está ofreciendo inconvenientes relacionados con el terrorismo, las drogas, la pornografía, el espionaje el fraude financiero y bancario y la piratería informática.

Los retos y desafíos son bastante grandes y requerirán de la acción mancomunada de gobiernos, ciudadanos organizados, ONG, profesionales y expertos de la comunicación y del derecho para intentar proponer una estrategia comunicacional que de cabida a todas las posibilidades de interacción mediante redes telemáticas y nuevos medios digitales en un clima de mayor confianza y seguridad, para potenciar de ese modo las grandes posibilidades que ellos ofrecen para el intercambio democrático, cooperativo y participativo.

PROBLEMAS A RESOLVER PARA DEMOCRATIZAR LA COMUNICACIÓN EN LOS NUEVOS MEDIOS

Los múltiples problemas por resolver en cuanto a las comunicaciones en la realidad actual de América Latina, necesitan de una redefinición de Políticas de Comunicación que oriente la introducción y posicionamiento de los medios telemáticos en la región, para que en una visión integral desde lo político-cultural, se puedan definir las prioridades y tomar decisiones alejadas de lo meramente tecnológico o financiero y dar mayor importancia a los contenidos, a la participación democrática de la sociedad civil, a los problemas de desarrollo sustentable (Pineda, 1996), y a la dimensiónconstitutiva de la cultura que tiene la comunicación y las tecnologías de la información (Sunkel, 2003).

Una de las primeras contradicciones a enfrentar, ante la incidencia de la sociedad de la información en la región y el desarrollo de tecnologías digitales, es la que tiene que ver con los procesos de centralización comunicativa y de información, posibles mediante las redes y los nuevos medios, favorecidos por la globalización económica, industrial y financiera que tiende a mover el comportamiento de las comunicaciones modernas en el panorama global.

Frente a esa realidad, América Latina tendrá que definir estrategias regionales que reduzcan la posibilidad de que ese panorama sea homogéneo para todos los países, regiones, grupos e individuos de la zona. Pero, dichas estrategias no pueden ser lineales, unilaterales, ni impuestas porque existe una heterogeneidad racial, lingüística, económica y cultural que deberá considerarse en las políticas democráticas de la comunicación.

En ese sentido, un interlocutor válido para esta región, como la UNESCO, en el año 2001, durante su Conferencia General habló de la necesidad de considerar en el debate internacional sobre políticas de comunicación, el multilingüismo y el acceso universal al ciberespacio, y ha incluido en su agenda además de los tradicionales temas sobre la libertad de expresión, derechos humanos y democracia, los relacionados con el acceso a la información pública, las brechas digitales y la exclusión digital a modo de reorientar su Programa de Comunicación e Información (Fuenmayor, 2004; Gramajo, 2003).

Además, se requiere enfrentar el problema de los desequilibrios, las distancias no sólo de acceso a la información y a la comunicación, sino los grandes abismos económicos y sociales, para poder articular una propuesta de políticas que busque la reducción de la exclusión digital, la cual no sólo depende de la existencia o no de infraestructuras tecnológicas, del acceso a las modernas opciones telemáticas, de las iniciativas de sectores económicos, sociales, políticos y gubernamentales para desarrollar propuestas de inserción en la sociedad de la información y en la cultura digital, sino fundamentalmente de cambios en la vida y cultura de la gente, de los ciudadanos. En la agenda internacional de organizaciones como la ONU, por ejemplo, desde 1999 ya se ha incluido el tema de los abismos comunicacionales como central, sobre todo a través de su Programa para el Desarrollo Humano (PNUD) donde se presentan contundentes cifras sobre la marginación informativa y comunicacional (Mattelart, 2002).

Iniciativas internacionales como las dos Cumbre sobre la Sociedad de la Información, celebradas en Quito, en Junio de 2002 y en Ginebra en Diciembre de 2003, organizadas por la ONU; los dos Congresos online del Observatorio para la sociedad de la información y la cibercultura, celebrados en el 2002 y 2004; el Foro Universal de las Culturas realizado en Barcelona, en Mayo de 2004 y la próxima Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información a celebrarse en Túnez, a finales de 2005, son una muestra de que otros actores manifiestan su preocupación por los temas que atañen a esa nueva agenda en el campo de la comunicación y la información, vinculados especialmente con la democracia social , los derechos de la ciudadanía en Internet y la gestión de la administración pública a través de redes telemáticas.

Por eso, resulta indispensable y prioritario pensar en una política democrática para los nuevos medios que se vuelque a resolver con urgencia la educación de la población de la región frente a las tecnologías de la información y la comunicación, y eso no se reduce exclusivamente a educar para el manejo y uso de los instrumentos sino que va más allá y requiere grandes cambios en el proceso educativo en todas sus etapas, para poder lograr la apropiación crítica de dichas tecnologías. Por lo que se necesita también de una política educativa articulada a las comunicaciones que incluya fundamentalmente la educación digital de los niños, los jóvenes y las mujeres.

Sobre este aspecto habría que ayudar a fortalecer las acciones emprendidas por varias organizaciones latinoamericanas que buscan garantizar los derechos de género o de las mujeres para el uso de las TIC, entra las cuales cabe mencionar las siguientes: la Red Cyberela, de radios comunitarias de Brasil; la Asociación de Comunicadoras de Radio Interactiva Femenina de Costa Rica; la Asociación Modemmujer de México, con su red de comunicación electrónica especializada en uso social de las TIC; el Programa de Apoyo a redes de mujeres de APC (APC-WNSP) global, que promociona el trabajo on line de las mujeres para el cambio social; la Fundación de Mujeres en Igualdad, de Argentina y Enredadas en la Red, de España, que apoya el acceso de las mujeres asturianas a Internet (La Iniciativa de la Comunicación, 2005).

Resulta asimismo de gran importancia considerar el tema de la solidaridad digital como condición que favorece el desarrollo, la adaptación y la asimilación de nuevos medios en el contexto de América Latina, y que contribuya con la vigilancia tecnológica, en el sentido de unir esfuerzos y visiones sobre hacia dónde debemos orientar la incidencia de las tecnologías y la sociedad de la información en nuestra región, para evitar en parte que nuestro destino en este campo esté determinado solamente por las decisiones que toman sectores ajenos a nuestras realidades y necesidades.

En ese sentido, ya en América Latina se están adelantando acciones por parte de ONGs y ciudadanos organizados para contrarrestar los efectos neoliberales de la sociedad de la información y de las políticas de las grandes corporaciones, que quedaron evidenciadas en la Cumbre de Ginebra al no apoyarse la propuesta de Senegal para la creación de un Fondo para la Solidaridad Digital. Es así como estos nuevos actores han propuesto un documento alternativo titulado: «Construir la sociedad de la información que atienda las necesidades humanas».

A ello habría que unir el trabajo pionero de entidades como la World Association for Chistian Communication (WACC), la Agencia Latinoamericana de Información (ALEI), la Asociación Mundial de Radios Comunitaria (AMARC), de Montreal, las cuales lanzaron la Campaña por los Derechos de la Comunicación en la Sociedad de la Información (CRIS); así como las iniciativas desarrolladas por la ALER (Asociación Latinoamericana de Radios Comunitarias); la Coordinación Nacional de Radio y los Telecentros o Cabinas Públicas del Perú, y los recién creados Comités de descentralización de la Informática en Brasil (De Sousa, 2004).

Todas esa experiencias lo que ponen en evidencia es que el asunto de la democratización de las comunicaciones en el contexto de la sociedad de la información y ante el surgimiento de los nuevos medios, no sólo será el resultado de la definición de una política comunicacional que dé cuenta de las actuales realidades, sino de una estrategia regional producto de un proceso de integración que incluya las prácticas educativas, culturales y comunicativas en un proyecto integral de desarrollo para la región.

Por paradójico que parezca y siguiendo el pensamiento reivindicativo de la Utopía, de Antonio Pasquali (2003: 71-72), «nuestras desestructuraciones y retrasos hacen de Latinoamérica la región del mundo hoy más predispuesta a la invención y al ensayo de inéditos modelos de comunicación social». Por lo cual, si bien es cierto que queda todo por hacer en el tema de las políticas de comunicación, no debemos perder las esperanzas y volver a la utopía entendida como una actitud de futuro posible.

CONCLUSIONES

Es evidente que nos encontramos ante un panorama comunicacional diferente al que rodeó la aparición del movimiento del NOMIC en los años 80 en la agenda internacional de las comunicaciones, el cual tiene que ver, además, con los cambios políticos, económicos y sociales, con el desarrollo de los medios digitales y de la red Internet y todas las potenciales que ambos abren para los procesos de comunicación y de información en este siglo.

Por ello, se considera que el interés por la democratización de los nuevos medios debería volcarse especialmente hacia la apertura de la red, pero no sólo limitarse a los problemas de acceso sino a potenciar su uso y la participación de los sectores y comunidades más desprotegidas y marginadas. Lo cual requiere, en el fondo, de una reconfiguración del papel del Estado como eje articulador de los intereses privados, los estatales y los de los ciudadanos y las grandes mayorías.

Las políticas de comunicación contemporáneas no pueden ser homogéneas sobre todo en América Latina, sino múltiples, de manera que puedan articular lo global con lo local, dentro de los límites de un espacio no tanto físico sino relacional, es decir, el espacio de las redes que hace posible las interacciones humanas entre grupos a distancia en el ciberespacio.

Se requiere además, que dichas políticas respeten la heterogeneidad lingüística, étnica, cultural y social de la región, y busque reducir las brechas o abismos de exclusión social y digital.

Para lo cual hace falta definir una estrategia regional que, con una visión integral en lo político y cultural, despliegue procesos de educación de la población latinoamericana en cuanto al uso y aplicación de los nuevos medios en la resolución de problemas de su vida cotidiana y social, enmarcados dentro de un proyecto de desarrollo sustentable.

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