SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.14 número4Por un giro reflexivo en la “enseñanza” de la metodologíaGlobalización, espacio y ritualización: De la plaza pública al mall índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Articulo

Indicadores

  • No hay articulos citadosCitado por SciELO

Links relacionados

  • No hay articulos similaresSimilares en SciELO

Bookmark

Espacio Abierto

versión impresa ISSN 1315-0006

Espacio Abierto v.14 n.4 Maracaibo oct. 2005

 

Los movimientos ambientales en América Latina como respuesta sociopolítica al desarrollo global

Nancy Santana Cova*

*Núcleo Rafael Rangel. Universidad de Los Andes. Trujillo, Venezuela. E-mail: nsantanacova@cantv.net

Resumen  

Ante el agotamiento en América Latina del proyecto político-ideológico del Estado como interventor y benefactor, así como su incapacidad para continuar asumiendo autónomamente sus responsabilidades, se dibuja con relativa fuerza en los escenarios emergentes que orientan la transición de contexto latinoamericano al siglo SXXI, un nuevo actor, la Sociedad Civil. La actuación de este nuevo actor, bajo la figura de Movimientos Sociales -pacíficos, urbanos, feministas, populares, ecologistas- se perfila como importante fuerza política que ha asumido tanto la denuncia y la critica al “Sistema” y a los valores compartidos de la modernidad como un reclamo de nuevos espacios de participación en la solución de muchos de los problemas que ha engrandado “la modernización”, entre ellos el deterioro ambiental y el crecimiento de la pobreza. En el caso de los movimientos ambientales se analizará la particularidad de las demandas sociopolíticas que se plantean como una respuesta social a los cambios globales y las implicaciones de trastocamiento de los espacios vitales.

Palabras clave: Movimientos sociales, movimientos ambientales, modernidad, deterioro ambiental.

Environmental Movements in Latin America as a Socio-Political Answer to Global Development

Abstract

Faced with the exhaustion of the political-ideological project of the State as intervener and benefactor in Latin America, as well as its inability to continue assuming its responsibilities autonomously, a new actor, Civic Society, is viewed as emerging with relative force in the developing scenarios that orient the transition of the Latin American context towards the 21st century. This new actor’s performance (under the figures of peaceful, urban. feminist, popular, and ecological social movements), represents an important political force which has assumed both the accusations against and the criticism of the “system” and of the shared values of modernity in its claim for participation and new spaces for the solution to many of the problems that modernization has engendered. Among them are environmental deterioration and the growth of poverty. In the case of environmental movements in particular, the socio-political demands that are proposed as a social answer to global changes and the implications of affecting vital spaces will be analyzed.

Key words: Social movements, environmental movements, modernity, environmental deterioration.

Recibido: 15-01-04/  Aceptado: 13-07-05

Introducción

El presente trabajo tiene como objetivo fundamental discutir y analizar el proceso de conformación, en los últimos treinta años en el contexto latinoamericano, de un nuevo actor sociopolítico como son los movimientos sociales, ante el agotamiento del modelo de Estado, específicamente del Estado Benefactor, así como el progresivo fracaso que están teniendo los partidos políticos como instancias de intermediación entre el Estado y el resto de la sociedad.

Estos movimientos significan hoy, mucho más que novedosas formas organizativas y de acción, dirigidas a la denuncia y a la crítica severa de las orientaciones políticas e ideológico-valorativas de lo que ha sido el ejercicio de la Modernidad. Estos se han constituido en torno a la intención de crear voluntad colectiva para promover la participación ciudadana; de tener presencia en la opinión pública y de generar respuestas y proyectos societales alternativos ante la cada vez mayor incapacidad de los Estados de resolver los asuntos que le conciernen. En efecto, los nuevos movimientos sociales surgen como grupos de presión y, como respuesta a situaciones problemáticas que atentan contra la vida y la seguridad de las personas- la contaminación, las guerras, las armas nucleares, entre otros aspectos -, o que no resuelven las necesidades reales de amplios sectores sociales -hambre, desempleo, pobreza-.

En términos generales, los movimientos sociales actúan en el campo de lo político y, en representación de intereses populares o de sectores afectados, utilizan las movilizaciones, la denuncia y la generación de conflictos como estrategias de acción. Al utilizar estos mecanismos de acción se estaría reconociendo la existencia de lo que Touraine (1998) señala como “el opositor”, representado no sólo en el Estado, sino en un sistema organizacional, un sistema político o en un proyecto de “desarrollo socioeconómico”.

Los movimientos de inspiración ambientalista asumen, en principio y de manera general, las características arriba señaladas y, presentan dentro de sus grandes orientaciones valorativas su oposición a la lógica y la dinámica del desarrollo capitalista, hoy en su fase neoliberal que busca en esencia el crecimiento económico, a través de la utilización de, por un lado, sistemas productivos empleadores de tecnologías contaminantes, que atentan contra el capital natural existente a nivel planetario y por el otro, la promoción de un sistema de valores que promueve el consumo material ilimitado.

En el contexto Latinoamericano el ambientalismo, como nuevo movimiento social, no es uniforme, muy por el contrario presenta rasgos diversos y complejos. En este sentido, Viola (1992:140-1) distingue al ecologismo, movimiento que se autoidentifica como sector radical y, “asocia estrechamente su desarrollo al surgimiento de los partidos verdes”; se refiere además al ambientalismo, como “grupo de interés” que “asume la búsqueda de la estabilidad del orden social” y como “movimiento histórico” que parte del concepto de que “la civilización contemporánea resulta insustentable en el mediano y largo plazo en virtud de cuatro principales factores: crecimiento poblacional exponencial, disminución de la base de recursos naturales, sistemas productivos que utilizan tecnologías polucionantes y de baja eficiencia energética y, por último un sistema de valores que propicia la expansión ilimitada del consumo material”.

En efecto, Viola (1992:141) al asimilar el ambientalismo a movimiento histórico resalta que éste ha asumido distintas “configuraciones” y establecido distintos “sistemas de oportunidades políticas”, de acuerdo a las circunstancias sociopolíticas, la identificación del opositor y, el tipo de alianzas que deban realizar con fines de demandar mejor calidad de vida o denunciar los riesgos y consecuencias que derivan los problemas ambientales a nivel global.

A los efectos de concreción del presente trabajo se utilizará como estrategia metodológica la revisión, selección y análisis del material bibliográfico y hemerográfico que sobre el tema se dispone a los fines de analizar el contexto y las particularidades que asumen los movimientos sociales en América Latina y, concretamente los movimientos ambientales, ante los problemas socioambientales globales; así como sus mecanismos de relacionamiento e intermediación que éstos han desarrollado ante los Estados y otros actores, para ganar nuevos espacios de participación en la búsqueda de solución a los problemas engendrados por la modernidad.

I. La crisis de la modernidad y los movimientos sociales

El panorama sociopolítico que exhibe hoy una gran parte del contexto latinoamericano, producto del proyecto económico y político de la modernidad -Industrialización, Urbanización, Democratización, Interconexión Cultural dada por la expansión de los sistemas de comunicación y complejización de la sociedad- se enmarca dentro de lo que ha dado en llamarse la crisis del modelo de desarrollo tecno-científico y burocrático.

La base del desarrollo económico -técnico- burocrático de las sociedades modernas pareciera constituirse en los criterios de eficacia, eficiencia y rendimiento, percibiéndose de esta manera la sociedad moderna, como sinónimo de racionalidad.

Al respecto Morin (1982: 293-4) define la racionalidad como “el establecimiento de una ordenación entre la coherencia lógica (descriptiva, explicativa) y una realidad empírica” y la racionalización como

…la construcción de una coherente y totalizante noción del universo a partir de datos parciales o de una visión parcial, o de un principio único. Así, la visión de un único aspecto de las cosas (rendimiento, eficacia), la explicación en función de un factor único (lo económico o lo político), la creencia de que los males de la humanidad se deben a una sola causa y un solo tipo de agentes, constituyen racionalizaciones.

Estas definiciones permiten entender, cómo a nivel de la práctica social de la Sociedad Industrial se justifica, por ejemplo, desde el punto de vista ideológico la explotación de la fuerza del hombre, la depredación de los recursos naturales, la sustitución del hombre por la máquina, en aras de una mayor eficacia o del incremento del rendimiento, necesarios para atender una creciente demanda de “bienestar”. Lo que explica que este “orden de cosas” tenga una razón de ser, una explicación lógica, o más concretamente ideológica, con graves consecuencias éticas.

El imperativo económico y utilitarista de la Sociedad Industrial hacen ver la ciencia y a la técnica como instrumentos idóneos, no sólo para el alcance del “progreso de la humanidad”, con lo cual la dominación, explotación y explicación científica de los fenómenos de la naturaleza pasan a ser momentos de un mismo proceso definido como “objetivo” y, según necesario.

A pesar de venderse el progreso técnico como un hecho que se encuentra cumpliendo la misión de estar al servicio de la humanidad, se verifican inmensas contradicciones como el hambre, la contaminación del aire, tierras y aguas, el desempleo y subempleo, la amenaza de radiación nuclear y la pobreza generalizada, problemas todos que evidentemente ponen en peligro la vida planetaria.

Ante este cuadro nos encontramos frente a lo que Touraine (1998:12-3) señala como

…una ruptura entre el mundo instrumental y el mundo simbólico, entre la técnica y los valores... se debilitaron los vínculos que, a través de las Instituciones, la lengua y la educación, la sociedad local y nacional establecía entre nuestra memoria y nuestra participación impersonal en la sociedad de producción, y nos quedamos con la gestión sin mediaciones ni garantías, de dos ordenes separados de la experiencia...lo que denominábamos política, la gestión de los asuntos de la ciudad o la nación, se desintegró de la misma manera que el yo individual. Gobernar un país consiste hoy, ante todo, en hacer que su organización económica y social sea compatible con las exigencias del sistema económico internacional, en tanto las normas sociales se debilitan y las instituciones se vuelven cada vez más modestas, lo que libera un espacio creciente para la vida privada y las organizaciones voluntarias.

En efecto, ante el agotamiento del modelo de Estado y concretamente del Estado de Bienestar, así como el fracaso de los partidos políticos como instancias de intermediación entre el Estado y la sociedad, se visualiza una gran dificultad, por no decir incapacidad para atender exigencias de tipo político -social como empleo, redistribución del ingreso, bienestar y seguridad social, entre otros; así como una alta dosis de ingobernabilidad de la democracia. Ante tal situación, las redes del mercado parecieran dibujarse como la “alternativa” para la solución de los grandes problemas sociales y el ejercicio de un buen gobierno.

Esta injerencia del mercado ha merecido la crítica al papel jugado por el Estado, en tanto regulador de las relaciones que se establecen entre los agentes económicos, lo que ha debilitado el potencial de algunos actores, entre estos, el movimiento sindical obrero, en lo que tiene que ver las reivindicaciones económicas y sociales de este sector.

Al respecto Gómez Calcaño (1992:11) señala que las limitaciones

…a la acción reivindicativa organizada y a la formulación de proposiciones de políticas económicas o sociales alternativas, han dejado el campo libre a las conductas de protesta violenta y desorganizada que se han extinguido sin dejar otras huellas que una ampliación de la distancia – y la desconfianza entre las capas sociales integradas y las excluidas.

En este espacio surge lo que Lander (1995:24) denomina “nuevos ámbitos de lo político asociados a la problemática de los nuevos movimientos sociales”. En tal sentido, el autor aclara que no solamente se trata del surgimiento de nuevos espacios organizativos ligados o asociados al tipo de problema o a la comunidad donde surgen, independientemente del Estado y los partidos políticos;

…sino más bien de ámbitos de creación de sentido que logran presencia en la opinión pública o incidencia en la sociedad y, por otra parte, como temas y problemas en relación a los cuales se puede actuar, incidir, crear voluntad colectiva sin pasar por los partidos ni por su mediación, y sin que tengan que validarse como proposiciones en el horizonte de un proyecto societario y su correspondiente línea estratégica.

Como se ve estos nuevos espacios de intermediación y actuación más allá del Estado y los partidos políticos han venido surgiendo y apoderándose de los espacios públicos como una repuesta a la cada vez más creciente incapacidad del Estado de resolver las inequidades que derivan, entre otros asuntos, la función distributiva del Estado. Se trata entonces de entender la dinámica y las modalidades que asume la participación ciudadana en la construcción de los espacios públicos y en las nuevas formas de representación social.

En este contexto es posible visualizar en la historia política latinoamericana, la presencia de una diversidad de actores sociales representando distintos sectores sociopolíticos -sindicatos, movimientos vecinales, ONG’s, redes sociales...entre otros-, luchando no sólo por ampliar su capacidad de organización y participación política y social sino también intentando intervenir en la definición de proyectos societales alternativos.

Han sido variados los criterios y motivaciones que han tenido los distintos actores sociales para insertarse en los diferentes espacios públicos a través de la participación ciudadana, más allá del ejercicio del voto o del intento de esfuerzos organizativos locales orientados a la mejoría de las condiciones de vida.

Cunill Grau(1997: 76) señala al respecto que la “exclusión social e inclusión política son los signos que enmarcan los esfuerzos por ampliar la participación ciudadana, inserta en un proceso que busca redefinir el rol y las funciones del Estado a favor de una supuesta revalorización de la Sociedad Civil”, expresada mediante la figura de los nuevos movimientos sociales.

Al respecto Lander (1995: 25) define los nuevos movimientos sociales como

…pequeñas organizaciones que no crecen necesariamente, ni se articulan en organizaciones representativas o federativas, que no siempre tienen permanencia en el tiempo., que no se autodefinen por su pertenencia de clase, siendo a veces policlasistas y otras no, que no buscan enemigos pero cuya resistencia y autonomía crea conflictos que envuelven distintos y combatientes opositores u “otras partes.

Y no obstante y de modo creciente, estos grupos (y también sus temas y valores, independientemente de actores organizados) crean o desencadenan hechos políticos que pueden alcanzar trascendencia nacional, o incluso internacional.

La sociedad civil resulta ser hoy en día el nuevo actor sociopolítico, significa “el pueblo en movimiento” (Flores, 2004:199), asumiendo la representación de determinados grupos sociales ante la incapacidad del Estado y la pérdida de credibilidad y representatividad de los partidos políticos y / o las distintas instancias del poder público, para atender los requerimientos de estos grupos. Utilizan fundamentalmente la presión y la denuncia, pero también la solidaridad como mecanismos de acción, pudiendo pensarse que son sectores anárquicos, no obstante su actuación se orienta de manera central a llamar la atención acerca de algunos temas específicos, o bien en torno a las omisiones, excesos, hechos de corrupción y lesiones, entre otras irregularidades, cometidas por los órganos públicos contra algunos sectores de la población, especialmente los más vulnerables, los bienes públicos o el ambiente.

Un rasgo característico de este nuevo actor sociopolítico lo constituye el hecho de comportarse como grupos de interés o de presión asumiendo, en algunos casos, desde el punto de vista organizativo la forma de Organizaciones no Gubernamentales, aún cuando muchas veces no estén formalmente conformadas, para reivindicar distintas formas de Derechos Humanos o denunciar diversas modalidades de discriminaciones. Además se valen de las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación y de la conformación de redes para, no sólo, trascender las fronteras locales, regionales, nacionales y hasta internacionales, sino para potenciar los impactos de las acciones y los espacios de participación colectiva, lo que plantea la posibilidad de redimensionar y democratizar de manera constante los problemas, los temas y los escenarios de movilización.

Vistos de esta forma los movimientos sociopolíticos con estas características y potencialidades pudiera decirse que constituyen hoy una forma distinta de hacer política, lo cual involucra una redefinición de los mecanismos de participación y de movilización colectiva.

No obstante la definición y discusión que se hace con respecto a los movimientos sociopolíticos, es importante destacar la trascendencia de algunos de ellos, en términos de su impacto político y de los límites geográficos donde estos se conforman. Es el caso de los nuevos movimientos sociales de inspiración ambientalista, donde la búsqueda de reivindicaciones ecológicas forma parte de un proceso que vincula el discurso y la acción a un objetivo como es la sobrevivencia a escala planetaria.

La complejidad y diversidad de movimientos sociales como estos, adquiere en la última década del pasado siglo formas de redes sociales, donde se constituyen y establecen distintas y variadas formas de expresión, actuación, organización y, formulación de proyectos societales alternativos que buscan fundamentalmente maximizar los niveles de efectividad y de impacto que plantean estos movimientos.

Melucci (1988), García-Guadilla y Blauert (1994), citados por García-Guadilla y Silva Querales (1999:9), señalan que las redes sociales han sido utilizadas para analizar aquel tipo de movimiento social que produce su propio lenguaje con la finalidad de interactuar alrededor de prácticas que plantean intereses comunes. A su vez Melucci (1985) citado por García-Guadilla y Silva Querales (1999:9) define la red como “...grupos o individuos que comparten una cultura conflictiva y una identidad colectiva”.

Al respecto Touraine (1998:100) señala que los movimientos sociales son más que grupos de interés o de presión política; su papel principal es “cuestionar orientaciones generales de la sociedad”, comúnmente...”combinan un conflicto propiamente social con un proyecto cultural, que siempre se define por referencia a un Sujeto”, en este caso,...”el Sujeto se revela por la presencia de valores morales que se oponen al orden social”. (1998:104). Añade el autor, que los dos aspectos inseparables de un movimiento societal son las

…referencias morales y la conciencia de un conflicto con un adversario social...El discurso moral del movimiento societal habla de libertad, de proyecto de vida, de respeto por los derechos fundamentales, factores que no pueden reducirse a ganancias materiales o políticas (1998:105)

Así, cuando los miembros de un movimiento social participan en un ámbito como éste, lo hacen bajo el criterio de acabar o superar una situación que se presenta como inaceptable, desde el punto de vista moral, lo que los lleva a desplegar acciones de protestas colectivas contra lo que se concibe como amenazas externas.

Es el caso entre muchos, de los movimientos por la paz en oposición a la guerra y sus implicaciones económicas, geopolíticas, militares y sociales; de las organizaciones económicas de base, en franca oposición a las leyes del mercado, y especialmente de los mercados globalizados; de salud alternativa, frente a los sistemas privatizados y deshumanizados de salud; vecinales como formas autónomas de organización local y de ejercicio de la ciudadanía, frente a las estructuras verticales y tradicionales, de mujeres en contra de la dominación masculina, pero fundamentalmente buscando por un lado su definición como sujetos, separadas del hombre y en igualdad de condiciones con éste y, por el otro su reivindicación identitaria y, las ambientales en franca oposición a la lógica del desarrollo capitalista neoliberal que intenta obviar los controles políticos del crecimiento económico, atentando contra la biodiversidad y el capital ecológico, pero además su lucha se orienta hacía la formulación de un planteamiento relacionado con la responsabilidad y el compromiso de las comunidades por alcanzar una vida ambientalmente digna y sostenible en el tiempo. Los movimientos ambientales orientan sus acciones sustentados en valores como el derecho a la vida y la paz, la diversidad cultural y la libertad humana.

Veamos más ampliamente en qué han consistido los movimientos ambientales en América Latina, así como la lógica y la dinámica concreta que estos han asumido.

II. Los movimientos ambientales en América Latina

Vivimos actualmente momentos cruciales de agotamiento, cuestionamiento y búsqueda de cambios paradigmáticos. El empirismo científico-tecnológico que ha predominado y justificado el desarrollo industrial en aras del “bienestar colectivo” de las sociedades modernas, compromete hoy toda posibilidad de vida futura, debido a los efectos destructivos que sobre el ambiente ha tenido la práctica productiva-consumista dominante que rige el mundo moderno.

Bien lo señalaba en la década del setenta del pasado siglo, el Club de Roma cuando alertaba a los gobiernos acerca de las terribles consecuencias que sobre el ambiente tenía el crecimiento económico descontrolado en los países industrializados, con nefastas implicaciones para la especie humana. Es a partir de este llamado de alerta que la ecología comienza a ampliar su visión y objeto de estudio dedicándose a analizar, además de las interrelaciones de las poblaciones animales y / o vegetales, a verificar las implicaciones entre el ambiente y las culturas, así como la búsqueda de alternativas ante los impactos ambientales negativos que ocasionan los procesos de explotación, producción y consumo.

En efecto, el patrón de desarrollo industrial de los países del Norte se organizó sobre la base de la utilización y sobreexplotación despiadada de los recursos naturales, con resultados conocidos por todos: uno de los saldos más negativos del SXX es el que refiere a la pérdida de la biodiversidad, especialmente en Latinoamérica, donde se encuentra la más importante reserva planetaria de este tipo. Otro de los más graves problemas ambientales es el que está relacionado con el cambio del sistema ecológico a nivel global, con implicaciones serias de degradación de ecosistemas; de contaminación de suelos, aguas, tierras y aire; de erosión de los suelos agrícolas, de extinción o peligro de extinción de importantes especies biológicas, de deforestación de inmensas reservas forestales y la pérdida de germoplasma de especies agrícola importantes, pero tal vez una de las más graves consecuencias del deterioro ambiental es el vinculado al problema del crecimiento de la pobreza y del hambre en el mundo.

Ante la dimensión del problema ambiental en el mundo y, especialmente en América Latina, surgen como respuesta los nuevos movimientos ambientales, donde se considera el ambiente como un nuevo derecho de ciudadanía, como un problema político que requiere de la participación de la población en la gestión ambiental y, en la organización social para la satisfacción de sus necesidades y el mejoramiento de la calidad de vida de las comunidades.

El ambientalismo, como proyecto político alternativo en América Latina plantea un nuevo ámbito de participación en la medida que ha logrado penetrar la opinión pública y capitalizar la voluntad colectiva, para organizarse, actuar e incidir más allá de los partidos sobre los problemas de orden ambiental que afectan a una colectividad, pero que en algunos casos trasciende al ámbito internacional.

A su vez, el ecologismo surge en los noventa del siglo pasado, como un movimiento a favor de un orden mundial no violento y de denuncia de los problemas ambientales que ocasiona la industrialización, se ha abocado a la solicitud de incorporación de sus demandas, premisas ecológicas y visiones particulares de sociedad en la conformación de la plataforma política de numerosos partidos de corte tradicional, incluso en la creación de partidos verdes o ecológicos, lo que les ha valido para ganar puestos en los parlamentos de algunos países que integran la Comunidad Europea, Japón y Estados Unidos. Estos relativos avances políticos les ha servido para ejercer presión a nivel de la toma de decisiones, en aspectos relacionados con el cierre o traslado de industrias pesadas contaminantes hacia regiones del tercer mundo, como es el caso de las siderúrgicas, o las industrias de carbón, madera, textiles y papel; así como el traslado de desechos sólidos altamente contaminantes desde naciones industrializadas hacia América Latina como parte de la exoneración de pago de la altísima deuda externa que mantienen nuestros Estados. Esto por supuesto, no resuelve el problema sino que lo traslada, en condiciones de desventaja para los países receptores, a otro lugar del único pulmón vegetal que existe.

En los últimos años los movimientos ambientales en América Latina han alcanzado ciertos logros y tenido impactos más o menos significativos, sin que esto implique que se haya podido modificar el patrón capitalista global de producción – consumo dominante, donde el crecimiento económico y el dominio de los mercados sigue siendo la clave del “éxito”, en términos de “bienestar material”.

Es el caso por ejemplo de la incorporación del tema ambiental en las agendas nacionales e internacionales, donde se han introducido además regulaciones importantes relacionadas, por ejemplo con la explotación de los recursos naturales - entre estos los pesqueros, mineros y forestales -, y el uso de los agroquímicos y manejo de desechos tóxicos, con el redimensionamiento o cancelación de proyectos de construcción de grandes represas hidroeléctricas, vialidad, servicios, algunas de ellas de carácter binacional, la explotación de reservas mineras; o bien el desarrollo de patrones de desarrollo tecnológico alternativos menos contaminantes y utilizadoras de mano de obra.

No obstante, es necesario llamar la atención acerca del surgimiento, a raíz de la celebración de la Cumbre de la Tierra en 1992 de lo que Karliner (1997), citado por De Venanzi (2001), señala como el “medioambientalismo empresarial”, lo cual significó el proceso de apropiación progresiva por parte de grandes corporaciones del discurso ecológico y, específicamente de la sustentabilidad ambiental, buscando con ello dificultar la actuación de los movimientos y organizaciones constituidos precisamente para la defensa y recuperación del ambiente.

Según Karliner c.p De Venanzi (2001) las corporaciones en sus respectivos procesos productivos continúan destruyendo la naturaleza, pero ahora incluyen el tema ecológico y/o modifican de manera insignificante algún momento del proceso productivo o de comercialización como un mecanismo, que les ha dado resultados, para disminuir las presiones y, sobre todo mejorar sus posiciones en el mercado, presentando productos que supuestamente son “ecológicos, naturales, no contaminantes, sin aditivos químicos...”.

El llamado a la búsqueda de la sustentabilidad ambiental ha promovido además la estructuración de otro tipo de actividad empresarial -industria ambiental-, generadora de inmensas ganancias y, dedicada no sólo, al transporte y procesamiento de residuos sólidos y/o tóxicos, sino al tratamiento de aguas residuales y la descontaminación del aire.

Esto hace pensar que al contrario de haberse conseguido disminuir la acción contaminante o impactar la acción depredadora de los recursos naturales, por parte de las corporaciones, estas han logrado desarrollar un falso “movimiento ambientalista” al asumir las banderas ecológicas para su propio beneficio, generando campañas publicitarias encargadas de enmascarar los daños a la naturaleza, de promocionar tanto el enverdecimiento de sus procesos y productos, como de demostrar la posibilidad que tienen éstas de asumir y reparar los daños ambientales; lo que obliga a suponer que el objetivo de la sustentabilidad ambiental a nivel global sigue siendo una esperanza para los pueblos y comunidades, no obstante no queda muy claro si las grandes corporaciones persiguen el mismo objetivo, tal y como se demostró en la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sustentable ( Río + 10), efectuado en el 2002 en Johannesburgo.

Entendemos que, como movimientos, los ambientalistas y ecologistas, específicamente los estructurados en el ámbito latinoamericano, han trascendido desde hace bastante tiempo el plano discursivo. En este sentido, diversas han sido las características y modalidades de acción que han desarrollado, entre estos cabe destacar el fortalecimiento de estrategias de trabajo estructurado en redes de carácter informal y heterogéneo, en cuanto a sus integrantes y orientaciones valorativas, pero notándose que en situaciones coyunturales se hacen visibles y formales, con la finalidad de conducir acciones concretas, participar en procesos institucionales importantes en los Estados donde han logrado incorporar reglamentaciones, visiones, valores distintos y demandas específicas, lo que los ha convertido en actores sociopolíticos bien particulares.

Otro aspecto a señalar es la alta utilización de las redes electrónicas como mecanismo de denuncia, disminuyendo, de alguna manera, la modalidad desarrollada alrededor de las grandes movilizaciones. Estas movilizaciones han tendido a ser mas locales y puntuales, siempre orientados a favorecer a los sectores excluidos, como en el caso de América Latina de los “sin tierra”; a denunciar los impactos que sobre los recursos naturales y los sectores sociales tiene la instrumentación de algunos megaproyectos, como han sido para el caso de Venezuela “el tendido eléctrico a Brasil” y el “Plan de manejo de la reserva forestal de Imataca”; a movilizarse ante la inexistencia, déficit y / o mal funcionamiento de los servicios públicos, por su incidencia en el deterioro de la calidad de vida de la población.

En este sentido, se percibe que el discurso y la presión de los movimientos ambientalistas y ecologistas ha ido calando poco a poco y, teniendo resultados específicos en determinadas instancias, lo que se ha evidenciado en algunas ocasiones en actividades locales concretas de autogestión para la solución de problemas de servicios básicos; la consideración e incorporación de la variable ambiental en distintas áreas como la “planificación económica y urbanística”, la educativa, la científico-tecnológica y la legislativa, como fue en esta última área para el caso de Venezuela la introducción en la “Constitución de la República Bolivariana de Venezuela” de la noción del “desarrollo sustentable”, noción que ha sido incluida en otras Constituciones Latinoamericanas como Colombia, Brasil, Perú y Argentina ; esto permite deducir que, derivado de la dinámica asumida en los últimos tiempos por estos movimientos, se han ido conformando, aun cuando no de manera dominante, nuevas referencias, así como distintos marcos valorativos.

De acuerdo con la modalidad organizativa o diversidad que asumen estos movimientos, Viola (1996) señala la presencia de organizaciones ambientales no gubernamentales, de grupos comunitarios ambientalitas, de redes ambientalistas quienes arman su estructura de participación junto a otros actores (otros movimientos sociales, investigadores, entre otros), movimientos indígenas y campesinos, entre los que cabe destacar el movimiento indígena de Chiapas- México y los “sin tierra” en Brasil, los ambientales urbanos orientados a la mejoría de los servicios públicos y en general de la calidad de vida de las comunidades, así como sociedades científicas de carácter conservacionista.

Desde el punto de vista ideológico García-Guadilla y Blauert (1994) y Viola (1996) plantean que al considerar la orientación ideológica y la praxis concreta desarrollada, es posible catalogar estos movimientos como “conservacionistas, ecologistas y ambientalistas”. Los primeros se dedican a luchar en contra de la depredación y a favor de la utilización racional de los recursos naturales, los ambientalistas orientan su acción contra la contaminación ambiental derivada del desarrollo industrial y de la utilización de tecnologías contaminantes y depredadoras del ambiente y, los ecologistas siguen un comportamiento semejante de lucha a los movimientos ambientalistas, pero preconizando valores culturales y patrones de actuación más radicales y contestatarios de transformación del orden económico imperante.

Frente al planteamiento del desarrollo sostenible como alternativa colocada por los organismos internacionales para enfrentar los problemas socioambientales confrontados a nivel global, los movimientos sociales ambientales han alertado con relación a la falta de definición acerca de las responsabilidades que tienen los países del Norte, con respecto al daño ambiental y sobre todo el establecimiento de compromisos en relación con los mecanismos a emplear para aminorar los efectos perversos que el modelo tecno-científico y económico ha provocado sobre el ambiente y los sectores sociales menos favorecidos.

Ante la opción del desarrollo sostenible, los movimientos ambientales latinoamericanos han venido promoviendo acciones y corrientes de opinión orientados hacía la constitución de alternativas concretas y acuerdos negociados, para el diseño e instrumentación de políticas por parte de los Estados, que impidan o disminuyan las lesiones al ambiente y mejoren la calidad de vida de la mayoría de la población; opciones que buscan la construcción de caminos propios y específicos de sostenibilidad social, política y ambiental.

Como último punto vale la pena destacar en este contexto el esfuerzo que viene realizando un sector del movimiento feminista desde la década del 90 del pasado siglo, en América Latina y en otras regiones del tercer mundo (aún cuando el surgimiento de este movimiento es de data anterior) como es el Ecofeminismo, en el sentido de poner en relieve el intento de contribuir con la posibilidad de construcción de una nueva sociedad, denunciar “la dinámica de dominación planteados en todos los estratos de la cultura occidental y, con ello develar los mecanismos y conexiones existentes entre la dominación y destrucción de la naturaleza, así como la dominación y violencia contra la mujer” (Santana, 2000: 45).

Al respecto Santana (2000) señala que, destacadas ecofeministas latinoamericanas han estado proporcionando desde sus países, respuestas concretas de mejoramiento del ambiente a nivel local, con proyectos de recuperación, saneamiento y conservación de los servicios básicos de las comunidades, en el entendido que estas respuestas tienen todavía poco impacto en lo que significa contribuir, desde el ecofeminismo, en la construcción de una nueva cultura planetaria, teniendo como eje principal la recuperación de la Tierra y el mejoramiento ambiental, como requisitos importantes para la consecución de mayores niveles de calidad de vida.

El ecofeminismo plantea el potencial intrínseco que tienen las mujeres para defender la Naturaleza, bajo el supuesto de que la relación con ésta es de protección y respeto, al reconocer que así como las mujeres son dadoras de vida, la naturaleza es proveedora del alimento de sus hijos (Mérola, 1992).

Desde esta perspectiva es necesario resaltar además, la participación del movimiento feminista y concretamente ecofeminista en importantes cumbres, conferencias y foros, donde han formulado planteamientos y propuestas específicas relacionadas con la pobreza, la seguridad alimentaria, la contaminación, a favor de la paz y los derechos humanos, en contra de las guerras, las armas nucleares, el terrorismo y los gastos de militarización, entre otros temas, lo que vislumbra las potencialidades que tienen movimientos como éste, en la búsqueda de alternativas para la garantía de vida planetaria en el futuro.

Reflexiones Finales

Luego de la revisión y análisis del material bibliográfico y hemerográfico considerado es posible derivar las siguientes conclusiones:

1. Ante el agotamiento del modelo del Estado como ente benefactor de la sociedad y, de la pérdida de fuerza de los partidos políticos como mediadores entre los sectores dirigentes y las comunidades, surgen los movimientos sociales como nuevos ámbitos de acción de lo político.

2. Los movimientos sociales actuales significan una corriente política y de producción de conocimientos importante, de referencia mundial que se ha dedicado fundamentalmente a denunciar, no sólo los nefastos impactos que ha tenido el monopolio del mercado, en el sentido de enriquecer más a los ricos y empobrecer más a los pobres, sino de poner en evidencia los daños irreparables ocurridos contra el ambiente. Las acciones de denuncia han traspasado las fronteras políticas e ideológicas al poner en evidencia los contravalores éticos y culturales que imponen el mercantilismo y el afán desmesurado de lucro de unos pocos en detrimento de la mayoría.

3. Los nuevos movimientos sociales en América Latina constituyen iniciativas independientes de acción social, que han logrado trascender en la opinión pública e incidir en los espacios de significación sociopolítica concreta, en la medida que han conseguido capitalizar la voluntad colectiva para actuar e impactar sobre los problemas de interés común, basados en nuevas alternativas societales.

4. Entre los nuevos movimientos sociales se encuentran los movimientos ambientales que plantean como eje fundamental la búsqueda de alternativas y nuevos espacios de acción política, para la superación de las contradicciones que deriva la relación sociedad –naturaleza en el marco del modelo de desarrollo capitalista.

5. A pesar de la complejidad y diversidad, en cuanto a sus modalidades de organización, orientaciones valorativas e ideológicas, de los movimientos ambientales que hoy ejercen presión en América Latina y, de los relativos avances alcanzados, estos no han logrado romper, ni siquiera debilitar el esquema de producción-consumo capitalista neoliberal. Por lo que los grandes problemas de deterioro ambiental a nivel global, la pobreza y el hambre en vastos sectores sociales continúan esperando por su solución.

6. No obstante lo anterior, los movimientos ambientales se han constituido en las últimas décadas en actores sociopolíticos estratégicos, donde han logrado negociar con los Estados y otros actores institucionales sus demandas de sostenibilidad ambiental y mejoramiento de la calidad de vida de las comunidades.

7. Las grandes corporaciones han instrumentado diversos mecanismos de cooptación para disminuir las presiones y denuncias que hacen los movimientos ambientales, así como para evadir sus responsabilidades de deterioro ambiental y depredación del capital natural, existente en las regiones del tercer mundo y especialmente en América Latina, entre estos, han asumido el discurso ecológico y, específicamente el discurso del “desarrollo sustentable”; así mismo han logrado desarrollar nuevas industrias y/o modificar de manera aparente algunas etapas de sus procesos productivos o de comercialización, apareciendo en el mercado con “nuevos” productos de carácter “ecológico”, no contaminantes y por supuesto aparentemente no dañinos para la salud.

Referencias Bibliográficas

1. CUNILL GRAU, N. (1997) Repensando lo Público a través de la Sociedad. Nuevas formas de Gestión Pública Social. Caracas: CLAD-Nueva Sociedad.        [ Links ]

2. DA COSTA FERREIRA, L e VIOLA, E. (Organizadores) (1997) Incertezas de Sustentabilidade na Globalizaçao. Campinas- Brasil: Editora da Unicamp.        [ Links ]

3. DE VENANZI, A. (2001) “Medio Ambiente y Sistema – Mundo: La Degradación Ecológica y el Enverdecimiento de los Negocios” en Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales. Vol. 7 N° 1 Caracas. FACES / UCV. pp. 133-148.        [ Links ]

4. FLORES OLEA, V. (2004) Tiempos de Abandono y Esperanza. México: S. XXI editores.        [ Links ]

5. GARCÍA GUADILLA, M. P. (2001) “El Movimiento Ambientalista y la Constitucionalización de Nueva Racionalidades: Dilemas y Desafíos” en Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales Vol. 7 Nº 1. Caracas: FACES / UCV. pp. 113-132.        [ Links ]

6. GARCIA GUADILLA, M. P. (Coordinadora) (1991) Ambiente, Estado y Sociedad: Crisis y conflictos socio-ambientales en América Latina y Venezuela. Caracas: Universidad Simón Bolívar- CENDES.        [ Links ]

7. GARCÍA GUADILLA, M.P. y SILVA QUERALES, N. (1999) “De los Movimientos Sociales a las Redes Organizacionales en Venezuela: estrategias, valores e identidades” en Revista Politeia Nº 23. Caracas: Instituto de Estudios Políticos-UCV. pp 7-27.        [ Links ]

8. GARCIA-GUADILLA, M. P. y BLAUERT, J. (Editoras) (1994) Retos para el Desarrollo y la Democracia: Movimientos Ambientales en América Latina y Europa. Caracas: Fundación Friedrich Ebert de México-Nueva Sociedad.        [ Links ]

9. GÓMEZ CALCAÑO, L. (1992) “Movimientos sociales y Democratización en América Latina” en Cuadernos del CENDES Nº 19. Caracas: CENDES-UCV. pp 9-40.        [ Links ]

10. KHOR, M. (2002) “Diez años después de Río” en: Revista del Sur N° 127 / 128. Montevideo- Uruguay: Instituto del Tercer Mundo. pp. 13-4.        [ Links ]

11. LANDER, E. (1995) Neoliberalismo, Sociedad Civil y Democracia. Ensayos sobre América Latina y Venezuela. Caracas: UCV-CDCH.        [ Links ]

12. LANDER, E. (1994) “Opciones civilizatorias, movimientos ambientales y democracia”. En: GARCÍA-GUADILLA M.P y BLAUERT J. (1994) Retos para el Desarrollo y la Democracia: Movimientos Ambientales en América Latina y Europa. Caracas. Fundación Friedrich Ebert de México. Editorial Nueva Sociedad.        [ Links ]

13. MEJÍA, M. (1999) Reconstruyendo la Transformación Social. Movimientos sociales y educación popular. Bogotá: Editorial Magisterio. Colección Mesa Redonda.        [ Links ]

14. MÉROLA, G. (1992) “ECOFEMINISMO: De la Ecología a las Ecociudades”. En Diario Últimas Noticias. Suplemento Cultural N° 1244 (22-03-92) Caracas: pp. 14-5.        [ Links ]

15. MORIN, E. (1982) Ciencia con conciencia. España: Anthropos.        [ Links ]

16. SANTANA, N (2000) “El Ecofeminismo Latinoamericano. Las Mujeres y la Naturaleza como Símbolos” en Revista Cifra Nueva N° 11. Trujillo Venezuela: ULA –NURR- CDCHT. pp. 39-48.        [ Links ]

17. SILVA, S. (2000) “A política e os movimentos sociais: O contexto dos discursos, da representaçao social e do conflito” en Caderno de Estudos Sociais. Vol. 16. N° 1. Recife-Brasil: Instituto de Pesquisas Sociais. Fundaçao Joaquim Nabuco. pp.147-172.        [ Links ]

18. TOURAINE, A. (1998) ¿Podremos vivir juntos? México: Fondo de Cultura Económica.        [ Links ]

19. VIOLA, E. (1992) “El Ambientalismo Brasileño. De la denuncia y concientización a la institucionalización y el desarrollo sustentable” en Revista Nueva Sociedad N° 122. Caracas: Editorial Texto. pp. 138-155.        [ Links ]