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Ensayos Históricos

versão impressa ISSN 1315-0049

Ensayos Históricos v.21 n.21 Caracas jun. 2009

 

EL PAPEL DE LOS MILITARES EN VENEZUELA 1945-1948

Diana Pérez

Instituto de Estudios Hispanoamericanos

Resumen:

Un aspecto clave y controversial del período conocido en la historia venezolana como el trienio adeco (1945-1948), es la forma en la cual el partido Acción Democrática realzó el papel de los militares como héroes de la patria, por haberse aliados con ellos para sacar del poder a Isaías Medina Angarita el 18 de octubre de 1945, aunque tres años más tarde esos “segundos libertadores” harían lo mismo, pero esta vez en contra de sus aliados adecos al destituir a Rómulo Gallegos el 24 de noviembre de 1948. De allí que sea relevante el análisis que la historiografía venezolana ha hecho sobre esas dos fechas clave para resaltar como los adecos jugaron a una glorificación de la actuación militar el 18 de octubre de 1945, con el fin de propugnar la legitimidad de ese suceso sin pensar que esos mismos militares los sacarían del poder; siendo importante analizar ese relevante debate tanto político como historiográfico.

Palabras clave: Historiografía, octubrismo, legitimidad, militares, trienio adeco.

The Military Role in Venezuela (1945-1948)

Abstract:

A key and controversial issue during the three-year governement (1945-1948) of the “Accion Democratica” party (AD), it is the way in which AD enhanced the military role as homeland heroes. AD and the military became allies in a Coup d’Etat against Isaías Medina Angarita on October 18th, 1945. Three years later, these “second liberators” did the same, but at that time against their “adecos” allies. They overthrew Rómulo Gallegos on November 24th, 1948. For that reason, it is relevant how Venezuelan historiographic has analysed those key dates and to highlight how the “adecos” played a role in order to glorify the military intervention on october 18th, 1945, by legitimizing that fact, without thinking that the same military would overthrew them. It is important to analyse this political and hitoriographical debate.

Keywords: Historiography, Octubrism, Legitimacy, Military, AD’s three-year government.

Le rôle des militaires au Venezuela 1945-1948

Résumé:

La manière dont le partie politique Acción Democrática (AD) a rehaussé le rôle des militaires comme des héros de la patrie est un point clé et polémique pendant la période de l’histoire vénézuélienne connue comme le triennat “adeco” (1945- 1948). Le parti politique AD et des militaires ont allié pour le Coup d’État au président Isaias Medina Angarita, le 18 Octobre 1945. Mais, trois ans plus tard, ces “deuxième libérateurs” l’ont fait à nouveau, mais contre leurs alliés, cette fois contre le président Romulo Gallegos, le 24 novembre 1948. Cela l’importance de l’analyse que la historiographie vénézuélienne a fait de ces deux dates clés; Surtout le rôle que les “adecos” ont joué en glorifiant la participation des militaires le 18 Octobre 1945, en légitimant cet événement, malheureusement sans penser que les mêmes militaires arrivaient au pouvoir aussi. Il est important l’analyse de ce remarquable débat, tant dès point de vue politique comme historiographique.

Mots-clés: Historiographie, Octobrerism, Légitimité, Militaires, Triennat Adeco.

Un aspecto clave del período conocido como el Trienio Adeco (1945- 1948), fue la preocupación de los adecos por darle legitimidad al golpe de estado mediante el cual sacaron del poder a Isaías Medina Angarita 18 de octubre de 1945, por ello utilizaron la táctica de realzar a los militares que junto a ellos lo derrocaron; siendo bastante común las caracterizaciones de héroes, segundos libertadores o herederos de la gloria de Bolívar. Por eso es sumamente difícil bajo esa óptica adeca explicar la actuación de esos mismos militares el 24 de noviembre de 1948, cuando sacaron del poder al presidente Rómulo Gallegos. Esa es la razón por la cual es importante analizar el debate historiográfico sobre la legitimidad de las actuaciones de esos militares el 18 de octubre de 1945, y el debate sobre la significación de la actuación militar en el golpe contra Rómulo Gallegos. Las obras que se utilizaron fueron variadas y en su mayoría son reflexiones, un aspecto primordial es el componente pro octubrista representado por Rómulo Betancourt y Ana Mercedes Pérez, quienes fueron los principales propagandistas de la gloria de los militares que derrocaron a Isaías Medina Angarita, por eso la importancia de autores como Luis Castro Leiva, Steve Ellner, Manuel Caballero entre otros quienes desmontan esa visión y realizan análisis destacados sobre esos hechos.

Legitimidad de la actuación militar en el 18 de octubre de 1945

Un aspecto fundamental para comprender la significación del 18 de octubre de 1945 en el imaginario venezolano, es analizar cómo la historiografía venezolana ha tratado la actuación militar en ese período, ya que a través de ese estudio se puede apreciar su utilización como soporte y sostén, de las transformaciones políticas que se desencadenaron a partir de esa fecha. Además ayuda a comprender la trascendencia de la posición de los militares en los avatares políticos venezolanos, generando siempre el desbordamiento de las pasiones y su utilización como garantes y preservadores de los procesos políticos, bajo el seudónimo de Revoluciones. En este caso se resalta su relevante actuación en los sucesos del 18 de octubre, y los esfuerzos realizados por la historiografía octubrista por darle sustento a su decisión de participar en el derrocamiento de Isaías Medina Angarita.

El tema de la legitimidad de la actuación militar es apasionante, complejo y polémico porque en primer lugar sirvió de fundamento a la legitimidad misma del gobierno del Trienio, lo que se traduce en el hecho de que haya sido analizado por activistas políticos, que buscaban respuestas al cambio en el rumbo del país, (premisa principal del gobierno del Trienio en alianza con los militares). Para entenderlo es prioridad utilizar el libro de Ana Mercedes Pérez titulado, La verdad Inédita (historia de la Revolución de Octubre), el cual consiste en una serie de entrevistas a militares que participaron de forma destacada en el 18 de octubre de 1945. En primer lugar es oportuno citar dos párrafos de la introducción de su obra, para comprender el por qué decidió realizar esa investigación. “Yo he entrado en esos cuarteles de mi Patria, después que el golpe de Octubre nos puso a tono con la democracia y puedo asegurar que he sido la detective espiritual de los nobles sentimientos que animan nuestro Ejército (...) La palabra subterfugio acumuló en mi voluntad. Debía salir en cualquier momento de mi mente, cuando menos lo esperaba. Me sentía poseída de admiración-es la verdad-, por el magistral golpe militar que dio al traste en 24 horas con tanta comedia política y que destruía en cierto modo la deprimente frase: ‘Hay crisis de hombres’. Yo tenía que vencer aquellas resistencias a favor de nuestra historia contemporánea a quien la mujer venezolana no le debía nada como no fueran falsas promesas...”1

Esos intentos por legitimar esa actuación militar se debía, a que estos históricamente fueron mal vistos por su apoyo a los anteriores gobernantes, por lo tanto la historiografía octubrista representada, en este caso por activistas políticos y partidarios del régimen, desde el principio tuvo como su norte servir de sustento al rescate de la figura del militar como garante y propulsor de los cambios que el Trienio promovió. Esto puede apreciarse en el próximo extracto de la entrevista que le realizó al Capitán Francisco Pacheco: “-¿No dudaron nunca de la pureza de intención de algunos de sus compañeros? -Nunca; porqué ninguno de los oficiales comprometidos puso a precio de prebendas y recompensas el honor de su palabra empeñada y el sacrificio que hacía para la defensa de una tradición gloriosa en nuestra Institución Armada y de un pasado de sacrificios que culminó en la libertad para nuestro pueblo. -¿Podría usted sintetizarme la finalidad esencial de esta Revolución? -Como primer punto, la de restituir al pueblo el supremo derecho de darse sus gobernantes en elecciones libres, por sufragio directo, universal y secreto, para que así el tesoro público no pueda ser más botín que se reparten personeros de la desvergüenza nacional, como fueron los que gobernaron a Venezuela hasta el 18 de octubre. Y como si se le hubiese olvidado algo, hace una pausa para añadir lo siguiente: -No pedimos nada por nuestro sacrificio, porque nos consideramos suficientemente pagados con el bien que disfrutan nuestros conciudadanos. Como pueblo en armas, el Ejército no puede ser indiferente a las preocupaciones y a las angustias del resto de la colectividad venezolana.”2

Es oportuno reflejar que el mencionado libro, se publicó para darle legitimidad a las actuaciones militares que sacaron a Isaías Medina Angarita del poder, por ende esa obra no puede ser analizada al igual que otros estudios con criterios de investigación, siendo su principal propósito intentar glorificar esas actuaciones, basándose en un primer momento en los ideales que sirvieron de base para el golpe de 1945, como lo manifiesta el Capitán Carlos Morales cuando explica cuáles eran sus objetivos:

“-¿Cómo fue abordado el tan delicado tema: “un golpe de Estado”? -En principio nos dimos a hablar cordialmente sobre los graves desaciertos que estaba cometiendo el Gobierno y en comentarios generales llegamos al tema de la delicada situación que estaba viviendo del país. Pérez abordó con franqueza el objeto de nuestra entrevista: “¿por qué no se vienen con nosotros a un movimiento cuyas bases primordiales serían la dignificación del país y la depuración de sus Fuerzas Armadas”? Nuestro compañero expuso en forma clara y categórica los ideales que se sintetizan en los 5 siguientes puntos: “1º.-La finalidad suprema del movimiento es implantar en un orden general de cosas en donde imperen la honradez, la justicia y la capacitación.

2º.-El movimiento tiene como objetivo inmediato el lograr la compactación de los oficiales de las Fuerzas Armadas que sean moralmente sanos e intelectualmente capaces, para de esta manera poder actuar eficazmente en provecho a la finalidad ya expuesta .

3º.-El movimiento no está destinado a llevar a las Fuerzas Armadas al ejercicio integral del poder; persigue el propósito de llevar a los altos cargos a hombres honrados y capaces, que tengan el respaldo de la auténtica opinión popular.

4º.-Se deja constancia categórica de que los intereses particulares de los integrantes del movimiento quedan al margen de toda consideración, en todo momento se trabajará únicamente en beneficio de los intereses de la Nación y de los intereses de las Fuerzas Armadas.

5º.-Este movimiento militar está destinado a encabezar un movimiento de concentración nacional contra el actual estado de cosas. En consecuencia, se está tomando contacto con organizaciones civiles que comulgan plenamente con las ideas ya expuestas y que están dispuestas a dar apoyo pleno y a secundar la acción de las Fuerzas Armadas.”3

Como se puede apreciar los intentos por darle legitimidad a la actuación militar del 18 de octubre de 1945, han sido tratado fundamentalmente por actores de los acontecimientos como los reseñados por Ana Mercedes Pérez, quienes se encuentran envueltos dentro de las interpretaciones gloriosas de esos hechos, siendo características del Trienio y que tienen una influencia resaltante en la historiografía venezolana.

Una muestra evidente son las opiniones de Marcos Pérez Jiménez en el mencionado libro, donde responde lo siguiente:

“-¿Podría usted sintetizarme los motivos principales de esta Revolución? -El descontento del Ejército....! Estábamos postergados a servir de guardia pretoriana o de policías al servicio del Presidente de la República, quien nunca tomó en cuenta que al prestigio de Venezuela en el Continente han contribuido siempre sus hombres de armas. El Ejército no tenían ascendientes dentro de la Patria cuando en todas partes ocupa un plano de mayor relieve. Nuestro patriotismo estaba cada vez más decaído. -Pero, ¿por qué no hablaron con el General Medina sobre el particular? -No faltó quien le insinuara algo, pero siendo él producto del mismo ambiente que se combatía, no podía comprender nuestras aspiraciones. Que el Ejército fuera una institución netamente nacional, era algo que estaba muy lejos de su conciencia. Afortunadamente, éste es un movimiento universal en el que no podemos dar un paso atrás, como tampoco puede darlo ninguno de los Gobiernos venideros. En Venezuela estaban acostumbrados a que el Estado les servía a ellos y no a considerarse servidores del Estado. Pero ya va desapareciendo esa creencia.”4

De lo anterior es evidente que existen puntos comunes entre los conspiradores, sobre la legitimación del derrocamiento de Isaías Medina Angarita, de allí que sea relevante como se ha tratado de rodear la actuación militar de un manto de buenas intenciones, dentro del cual se hicieron esfuerzos por considerar al 18 de octubre de 1945, como una fecha gloriosa en la historiografía venezolana. En esto juega un papel preponderante Rómulo Betancourt en su obra Venezuela, Política y Petróleo, donde intenta darle legitimidad a esa actuación militar, siendo sumamente interesante sus apreciaciones al defender el carácter legítimo del levantamiento militar, ya que estos tenían clara su misión. De allí que Acción Democrática estuviera obligada apoyarlos en el derrocamiento de Medina Angarita el 18 de octubre de 1945.

“Nos hubiéramos revelado mediocres conductores políticos de haber atrancado presurosamente las puertas de nuestra Casa Central cuando tocaron a ella oficiales de todas las armas, a repetir lo que a diario martillaban nuestras voces en la plaza pública: que era ya incompatible con la dignidad de la nación la persistencia de un régimen personalista, usurpador de la soberanía popular, empecinado en negarle a los venezolanos el derecho de escoger a sus gobernantes en libres comicios.”5 Como vemos el preeminente dirigente político trata no sólo de darle legitimidad a esa actuación, sino que hace notable la importancia de la posición

de los militares en ese momento; dejando en evidencia que la misma era totalmente positiva para el país, siendo contradictorio que AD no los apoyara y trabajara junto con ellos, para cambiar la cruda realidad del país. “Sucesivas entrevistas con grupos militares nos llevaron a la conclusión de que había hombres de vocación democrática, convencidos de que el Ejército no debía ser fuerza deliberante y de la solución del sufragio libre, como única fórmula racional para efectuar cambios de Gobierno. Otros se nos revelaron desde el primer momento como ambiciosos desorbitados. Pero unos y otros nos produjeron la impresión muy clara de que estaban dispuestos a ir a la acción violenta, con o sin nosotros, porque además de los factores de orden general que influían sobre su decisión, esta encontraba asideros en la forma como se comportaba el régimen frente a las Fuerzas Armadas.”6 Es decir, para Betancourt la actuación militar estaba totalmente justificada al igual que el apoyo que tuvieron de los dirigentes adecos, porque muchos de los militares compartían las ideas de Acción Democrática. Esto demuestra como la visión de legitimidad fue fundamental para los militares el 18 de octubre, por eso Rómulo Betancourt realza las características de éstos, además de señalar cómo ambos tenían la misma percepción de la realidad política y compartían, pese al carácter aventurero de un grupo de ellos los mismos sueños e ideales para Venezuela. “...Y estos últimos con sinceridad y los primeros rumiando su secreto descontento, es lo cierto que todo el grupo militar admitió nuestra tesis, sostenida con segura firmeza, de que AD, era un partido popular y revolucionario, con vocación y voluntad de Gobierno, y no un club de teorizantes anémicos; y de que no formaríamos parte de ningún orden de cosas en calidad de parientes pobres, introducidos de contrabando al Palacio de Miraflores por la puerta del servicio doméstico, sino que aspirábamos a tomar el control de los instrumentos políticos y administrativos requeridos para la celebración de unas elecciones libres y para iniciar un programa de audaces reformas sociales. En otras palabras: que en manos nuestras debían estar las palancas de comando del Gobierno de facto, si a la fórmula extrema del golpe de Estado se llegaba, mientras la nación manifestara en unas elecciones generales su soberana e inapelable voluntad.”7 Siguiendo con esas visiones es interesante contextualizar los intentos de la historiografía octubrista, por realzar el papel de los militares en el derrocamiento del gobierno de Isaías Medina Angarita, alejándolo de una sublevación militar común, ya que se necesitaba diferenciarlo haciendo de éste un suceso único en la historia, como lo afirma una vez más Rómulo Betancourt, en la siguiente cita hecha por Luis Castro Leiva.

‘Y el país se vio al borde de la guerra civil, prolongada y creciente, entre las dos facciones personalistas, animadas por idénticos objetivos antinacionales, y jefaturas respectivamente, por los Generales Medina Angarita y López Contreras. La respuesta del pueblo soberano, la República airada de Venezuela a quienes persistían en considerarla feudo suyo, fue la eliminación definitiva de ese régimen, de la vida política de la Nación. El procedimiento extremo a que se apelara, fue provocado por quienes se negaron obstinadamente a abrir los cauces del sufragio libre, para que por ellos discurriera el vehemente anhelo de los venezolanos de ejercitar su soberanía eligiendo directamente a sus gobernantes.’8 Pero existen otros estudios que han analizado las causas del alzamiento militar de 1945, desde otra perspectiva alejada de la legitimación que intentaron darle los actores políticos del momento. El estudio de Corina Yoris Villasana sobre el 18 de octubre, da puntos de vistas diversos tomando como fuentes a trabajos sobre el período como el de Oscar Battaglini: “Por otra parte, existe la tesis que atribuye la intervención de los militares a la protección del interés corporativo u organizacional de las Fuerzas Armadas. Según esta tesis, los militares insurgen en la política en la medida que aparecen claros indicios de deterioro en sus reivindicaciones salariales, ascensos y uso de los militares en funciones policiales. Vimos cómo, durante el largo período gomecista, esta función policial fue prioritaria en las Fuerzas Armadas. Y, al parecer, durante el gobierno de Medina, todavía quedaban algunos rasgos de estos aspectos que deterioraban la imagen de los militares. Sin embargo, no era un aspecto dominante durante los años que van del 41 al 45. Sobre este argumento, Oscar Battaglini señala acertadamente que: ‘Pero lo más curioso de todo esto es que quienes organizan y realizan el golpe de Estado son oficiales que, en su mayoría, estaban siendo o habían sido beneficiados por los planes de estudio que el Ejército venía impulsando dentro y fuera del país; quienes además de haber ascendido habían pasado algunos de ellos a ocupar puestos relevantes en la estructura burocrática del Ejército. Todo eso, en una estrecha y normal concordancia con sus edades, estudios de especialización realizados y el tiempo de permanencia en la Institución Armada’.”9 Yoris Villasana no pretende realizar conclusiones definitivas, pero sí se interesa en desmontar premisas como las que sugieren, que el descontento de los militares se debía a los bajos sueldos. Esa causa es refutada por la autora al no verla acorde con la realidad, ella no la toma como un factor de legitimidad del golpe de 1945.

“Los sueldos de los militares eran bajos durante el gobierno de Medina. Cuando los sueldos de los militares son bajos, entonces ellos [los militares] derrocan a los gobiernos que propician esos sueldos. Por tanto, los militares derrocaron a Medina. Esa premisa implícita es, por decir lo menos, muy injusta con las Fuerzas Armadas en general. El argumento no resiste el análisis, puesto que la verdad de la premisa tácita no está muy clara ¿Aceptaría cualquier militar esa verdad como irrefutable?.” 10 La autora se va adentrando en el tema de la legitimidad de la actuación militar llegando a criticar diversas premisas historiográficas, como las expuestas por Manuel Caballero, ya que desde su punto de vista hubo factores que no fueron estrictamente militares e influyeron en los sucesos. “...Que la negativa del voto popular haya restado legitimidad al gobierno de Medina, es altamente discutible. Coincidimos con Manuel Caballero, quien dice que a los militares les importó un bledo esta legitimidad años después al derrocar a Gallegos; afirma que ese argumento sobre la legitimidad lo introdujo Betancourt, aspecto que también compartimos; sin embargo, donde no estamos de acuerdo es en la contraposición de los supuestas soluciones militares: la de los generales-presidentes y la de los tenientillos. No parece tan simple, o tan reduccionista. Biaggini no era un militar. Parecería que además se contrapusieron otras situaciones: entre ellas el regionalismo. Afirma el Dr. Ramón J Velásquez que, en una conversación de Medina, éste decía que entre la férrea lucha militar y la no menos férrea lucha regionalista, prefería combatir a aquella y ceder ante ésta.” 11 Por lo tanto, para Yoris Villasana el factor de legitimidad no fue importante para los militares, pero sí para los adecos especialmente Rómulo Betancourt, quienes intentaron rodear de un manto de pureza la actuación militar para alejarla de los levantamientos militares clásicos, por ser una necesidad para ese nuevo gobierno que tenía como bandera principal la democracia. Ese objetivo lo explica Luis Castro Leiva una vez más en su obra, El dilema octubrista, con una cita donde Rómulo Betancourt se esfuerza en legitimar la acción militar, por tener como premisa darle al Pueblo el derecho a elegir a sus gobernantes a través del sufragio. “Del lado del partido, la institucionalización se condensa en la concepción de Betancourt que levantó en su momento, según dice la versión taquigráfica, grandes aplausos: ‘El esquema clásico del pronunciamiento latinoamericano nos venía del cuartelazo español: el hombre de presillas que asaltaba el poder, descuadraba la constitución y establecía un gobierno dictatorial y castrense. Ese esquema, en Guatemala como en Venezuela, ha sido rectificado por la juventud militar. Esos jóvenes militares fueron a la revolución; se jugaron gallardamente sus vidas, no para sustituir un autócrata que hablaba a nombre del ejército, por una autocracia militar, sino para abrirle al pueblo el cauce limpio que lo conduzca hacia el sufragio libre’.”12 Los planteamientos de Castro Leiva sirven para comprender como pese a no realizar una obra estrictamente histórica, sino de tipo político – reflexiva, si se aproxima a una de las principales preocupaciones de la historiografía octubrista, como es legitimar la actuación militar para diferenciarla de los golpes de Estado tradicionales, ya que el Trienio defendió premisas como el sufragio universal. Además había que no vincular la fecha del 18 de octubre de 1945, con la culminación de una conjura militar, se debía explicar la participación de Acción Democrática como la expresión de la unidad cívico-militar en pro de la felicidad de la patria. “Sí a esto se añade el socio-estructuralismo neo-marxista del partido del pueblo, se comprende que la institucionalización política dependía de un concierto de lazos intelectuales demasiado precarios. Más propiamente, el asunto se transformó en una tensión latente sobre el conflicto del affaire marital previo al octubrismo: ¿Quien buscó a quién y por qué se encontraron? Ilustrativo de ese conflicto general de interpretaciones sobre el liberalismo implícito es una referencia de Betancourt. La hace cuando contra-argumenta ante las tácticas divisorias que sobre los militares comenzaron a ejercer los detractores de AD y de la alianza representada por la Unión Patriótica Militar: Betancourt recuerda con énfasis la secuencia de las solicitudes de legitimación: ‘Y es bueno decir que si la juventud militar se acercó a nosotros muchos meses antes del golpe de octubre, fue porque teníamos una trayectoria limpia de lucha sin desmayos (los aplausos ahogan la voz del orador)... de lucha sin desmayo contra la corrupción política y el desbarajuste administrativo (ovación). Pero todas esas maniobras han fracasado, y hoy se ve el espectáculo estupendo de que nos presentemos más unidos que nunca los civiles y los militares sobre cuyos hombros pesa la responsabilidad de mantener esta situación. Antes nos acercó el vínculo ideológico; ahora nos ha unido la fraternidad nacida de un mismo desvelo compartido, de una misma lucha sin descanso durante estos doce meses dramáticos’.” 13 Como vemos el tema militar ha sido muy polémico, principalmente porque los octubristas han intentado legitimar esa actuación, lo que se le ha hecho bastante difícil, ya que las verdaderas intenciones de los adecos y militares son producto de variadas interpretaciones, debido a la dificultad de

entender esa extraña alianza; la cual ha sido objeto de suspicacias que giran en torno a la figura de Rómulo Betancourt, como lo explica Elías Pino Iturrieta, en la siguiente cita: “La detracción se regodea en su asociación con los militares para derrumbar un régimen dispuesto a ceder a mediano plazo. Se insiste en presentar como incomprensible que un líder democrático quien sabe de la existencia de logias militares de tendencia autoritaria, nacidas en la década anterior en el sur del continente, acepte la invitación de los cuarteles para tomar el poder. A menos que existan fines inconfesables. En cuanto pocos en sano juicio encuentran la alternativa de poner en comunión el ideario de un partido civil moderno con el catecismo de la Unión Patriótica Militar, no es extraño que se termine pensando lo peor. ¿Acaso existe un convenio entre los militares y la plebe dirigida por Betancourt, para apuntalar una etapa de desafueros? ¿Se prepara una dictadura cabal para el futuro inmediato? ¿Se llevan bien, o se van a separar? Cualquier cosa se puede esperar de una pareja tan dispareja. Los propios compañeros civiles llegan a mostrarse aprensivos frente a la unión. Así, por ejemplo, Gonzalo Barrios, quien propone que saquen a Gallegos del país en el momento del golpe para que nadie pueda mancillar esa reserva moral asociándolo con el movimiento. El propio Gallegos habla con dejo de vergüenza del ‘atajo’ que debieron tomar para acceder al poder. Si así sienten los habitantes principales de la mansión presidencial sentimientos peores se deben experimentar en las casas situadas en la otra acera.” 14 De los aspectos anteriores queda claro como los adecos se han esforzado por darle una legitimidad a sus actuaciones, de tal forma que la historiografía refleja esa actuación como un hecho único e irrepetible, de esa forma esos militares se les verá como seres desprendidos, cuya única intención era terminar con un gobierno que no cumplía, ni cubría los deseos del pueblo. Pero aún más polémico, será la forma en que a los militares del 18 de octubre, se les pretendió dar una nueva imagen, con características parecidas a las de unos nuevos libertadores, que ha desencadenado un debate historiográfico muy interesante que será presentado a continuación.

El imaginario octubrista alrededor de la actuación militar del 18 de octubre de 1945

Un elemento fundamental para comprender la legitimación de la actuación militar en el 18 de octubre de 1945, es apreciar como la historiografía resalta la glorificación que durante el Trienio se le dio a ese evento, ya no sólo había que destacar las causas legítimas de esa insurrección, sino que se le debía dar una nueva cara a esos militares, diferenciándolos de la tradicional visión negativa que tenían las Fuerzas Armadas. Para esta misión es oportuno mencionar a Rómulo Betancourt, quien en la siguiente cita deja bien claro, qué aspecto quiere que se recuerde en la historiografía sobre la nueva función de los militares en el país, como preservadores de la democracia liderizados bajo el pensamiento bolivariano. Quedando claro su deseo de que ese aspecto sea uno de los más resaltantes del gobierno del Trienio, como los militares del 18 de octubre de 1945 fueron la vanguardia en la lucha por los cambios políticos que el país quería.

“Demostraremos visible interés en el mejoramiento profesional y técnico de las Fuerzas Armadas, pero les reconocíamos sólo la función que les asignan los ordenamientos legales democráticos: la de institución de carácter profesional y técnico, subordinada al Poder Ejecutivo, sustraída a toda injerencia en la forma como se orientara la gestión política y administrativa. Actitud ésta enraizada en la más ortodoxa tradición bolivariana. Es del Libertador aquella frase que resume toda una doctrina de permanente vigencia: Desgraciado del pueblo donde el hombre armado delibera. Y sin que esa manera de apreciar la función de las Fuerzas Armadas tendiera a menospreciarlas o deprimirlas. Por lo contrario, nunca en Venezuela, donde las prolongadas autocracias militares abrieron profundas zanjas entre el hombre de blusa y el de uniforme, hubo como en aquellos años de vida democrática mayor simpatía en el pueblo hacia quienes prestaban servicios a la República dentro de los cuarteles. Multitudes fervorosas aplaudieron el desfile militar que se hizo, junto con otros festejos, para conmemorar el primer aniversario de la Revolución. Por primera vez, en muchos años, acaso desde los días en que las tropas libertadoras entraron a Caracas en 1813, había expresado el pueblo identificación tan sincera y espontánea con el ejército, al cual consideraba custodio armado del proceso revolucionario en marcha.”15

En esa misma tendencia encontramos el próximo análisis del historiador Manuel Caballero, quien contextualiza la forma como el Trienio adeco realzó el papel de los militares, esos militares gloriosos que tres años después los derrocarían. Lo relevante de esa reflexión es apreciar como la historiografía venezolana, toma ese hecho como un objeto de debate para el estudio del papel de los militares en los golpes de 1945 y 1948, dado el carácter de próceres con raíces históricas que se les dio a los líderes del movimiento octubrista. “Para las fuerzas armadas, eso no fue fácil discernirlo en el primer momento, por la gloria del vencedor. Entre el 18 de octubre de 1945 y el 24 de noviembre de 1948, tuvo lugar un proceso de prestigiamiento, si no de idealización popular estimulada por AD, de los líderes militares de la primera conjura. Como sucede que en aquel momento AD era la ‘mayoría más grande’ en toda la historia de Venezuela, casi el 80 por ciento del electorado, también era multánime ese prestigio que un elogio tan repetido creaba alrededor de los militares victoriosos. Así, Pérez Jiménez, Vargas, Delgado, se convirtieron en héroes populares.”16 La cita anterior refleja cómo los adecos intentaron limpiar no sólo la imagen de los militares sino que la historiografía resalta, cómo se les dio un nuevo papel, más popular y cercano a los deseos del pueblo. Ello lo explica Luis Castro Leiva al tratar de analizar cómo los adecos llamaron a los militares del 45 “preservadores de la democracia”.

“Ese cauce hacia el sufragio presuponía la recuperación (por vía de la constitucionalización del poder insurrecto y del militar) de la soberanía. De acuerdo con esto institucionalizarse era aún más liberal que la dignificación profesional. Se trataba así de concebir las Fuerzas Armadas como las defensoras de la libertad. Al otorgarles una misión liberal y trazarles un curso de acción que, dicho sea de paso, mantuvieron hasta el año de 1948, el partido hizo realmente deliberantes a quienes de facto ya querían serlo antes del 18 de octubre del 45.”17 Como hemos visto hasta el momento Luis Castro Leiva, nos ha aportado obras de tipo reflexivas destinadas a analizar la significación y consecuencias de las fechas objeto de estudio, para ello es preciso citar la opinión de Ramón J. Velázquez, la cual es utilizada por Castro Leiva, como expresión de la visión que en el imaginario colectivo, tuvo la actitud militar de 1945, que se basó en la imagen que los adecos quisieron darle a esos militares, lo cual luego del golpe contra Gallegos generó una percepción debatida por la historiografía, en donde se critica la forma en que fue manejado el tema militar durante el Trienio Adeco. ‘...El reclamo fundamental del país en esta década de los años cuarenta era el voto universal, directo y secreto para la elección de los poderes públicos. Yo recordaba en días pasados como todos los venezolanos de 1945, creíamos en el voto universal como el milagro de la purificación de nacional. Y pensábamos que respetado el voto de las mayorías en Venezuela se liquidarían todos los males tradicionales del nepotismo, del amiguismo, del peculado, del tráfico de influencias del engaño y de la farsa que atribuíamos exclusivamente al origen oligárquico de los sucesivos regímenes que habían ejercido el poder. Bella inseguridad alentó nuestra fe y creó una de las más hermosas y ya lejanas etapas de la dramática existencia venezolana.’18

Sin duda alguna la historiografía ha estudiado de forma bastante crítica la glorificación de la actuación militar durante el Trienio, que actores políticos como Rómulo Betancourt han reflejado como un logro de ese proceso, siendo la muestra más confiable de la legitimación de los sucesos del 18 de octubre de 1945. Esto lo explica en la próxima cita Luis Ricardo Dávila. “La otra identidad referida es aquella: Pueblo- Ejército. Ambos fueron protagonistas del 18 de octubre. En rigor, más el segundo que el primero. Uno a través de AD, el otro de la Unión Patriótica Militar (UPM). ‘Contra ese régimen insurgieron unidos Ejércitos y Pueblo’, será una afirmación jamás abandonada por Betancourt. Es que en política no se puede olvidar los factores de poder y su correlación de fuerzas. A pesar de este postulado conocidísimo de Betancourt se olvidaron algunos de ellos-o, quizás, no se quiso o no se pudo entender sus intereses-y el resultado fue aquel 24 de noviembre.” 19 La anterior cita refleja un dilema que será expuesto en una próxima idea, ¿cómo ha explicado la historiografía la actuación militar del 24 de noviembre de 1948? Pero para entender, el por qué de esa diatriba es oportuno volver a citar a Dávila, quien nos explica la representación de esa fecha, y cómo el componente militar tuvo diversas significaciones nunca antes vistas en la historia venezolana. “Si bien en la historia venezolana, pueblo y ejército habían transitado por aceras opuestas, en el sentido de la orientación que le imprimían sus jefes a este último; el 18 de octubre vino a unir sus senderos así fuera sólo durante los días y las horas de un trienio. La insurgencia de la oficialidad militar contra el medinismo fue respuesta a sus precarias condiciones socio-económica y al bloqueo institucional a que estaban expuestos. Digamos esto para ni siquiera tener que insistir en unas escuetas ‘Bases Programáticas’ escritas en 1945 por los mismos de la UPM, donde proponen un orden de cosas compuesto por trivalidades como ‘la honradez, la justicia y la capacitación’. En estas condiciones de pobreza programática, buscan contacto con AD por ser la única fuerza política organizada que hacía oposición al gobierno de Medina y juntos encarnan la insurgencia contra un régimen considerado como ‘repudiado por la conciencia de todos los venezolanos libres’ (la expresión es usada repetidamente por Betancourt).”20 El aspecto más resaltante de la obra de Dávila es la forma como caracteriza la misión histórica encomendada no sólo a los militares sino al pueblo y al partido, dentro de la cual Rómulo Betancourt se vale de paralelismos históricos, para respaldar las acciones del gobierno adeco como una continuación de la obra de Bolívar, lo que es analizado por Dávila de la siguiente forma:

“Esto no era frase retórica, insistía el orador, sino una convicción: ‘lo que siento y me brota de lo profundo de la conciencia’. En funciones de poder, cuatro años más tarde, se recordaría la promoción. Al frente de un gobierno revolucionario, apelar a Bolívar y proyectar su credo a la obra en ciernes sería cuestión vital. Ahora los octubristas no hablarán de iniciar ‘la segunda independencia nacional’ a secas, darán el salto hacia la definición: ¿Cuál independencia? La respuesta no se presta a dudas: ‘la independencia económica’. Estamos, entonces, en presencia de un gobierno revolucionario dirigido por los segundos libertadores. El cordón umbilical con Bolívar sigue tan vivo como en los años de las ‘Cívicas Bolivarianas’; sólo que ahora el mediador es el partido cuya ‘gesta educadora e integradora’ será comparable a la ‘Gesta de la Independencia.’ La difusión durante el trienio de símbolos semejantes, acompañados de conmemoraciones, fiestas, cambio de los nombres de las calles y plazas, celebraciones populares de los aniversarios del 18 de octubre, celebración con gran pompa de la fecha de fundación de AD, aquella fastuosa fiesta con motivo de la toma de posesión de Gallegos; en fin, la difusión de ritos colectivos va construyendo un nuevo lenguaje simbólico que asegura nuevas formas de comunicación con las masas. Y en ese lenguaje, además de afirmarse las acciones del poder, se reconocerá la sociedad. Todo esto será complementado con la creación de instituciones-símbolo que sirven de cemento al orden de la acción y al de la representación.” 21

Sin duda alguna estos estudios reflejan los intentos por parte de la historiografía octubrista por sobredimensionar el papel de los militares, para ello es interesante regresar al trabajo de Ana Mercedes Pérez quien al ser una protagonista de los hechos y ferviente defensora del Trienio, nos da la siguiente visión del 18 de octubre fecha en la cual a su juicio los militares jugaron un papel importante, histórico y digno de ser fieles herederos de los padres libertadores. “A los 20 meses de haberse efectuado el golpe de octubre, en plena ebullición democrática, cuando la nueva Carta Fundamental de la República reposa en manos del pueblo venezolano y ya conquistada su soberanía se apresta a elegir su Presidente, sale este compendio de hechos históricos... Numerosos acontecimientos políticos han sembrado desde entonces en el suelo patrio diversas corrientes y diversos sentimientos, porque la Revolución de Octubre sufre aún el proceso de su consolidación. Venezuela ha removido sus raíces, ha abierto sus escondidos cauces y los surcos están esperando el generoso abono. Venezuela marcha hoy hacia la conquista de su porvenir, con revolución y sin ella, cumpliendo el destino universal de los grandes pueblos, su destino que ella conquistó con sangre. Los palpitantes sucesos, las recientes manifestaciones personales estampadas en esta obra, nos hacen pensar en su evolución espiritual, desenvolviéndose en el íntimo proceso sociológico que se venía operando desde años, más allá de las castas, de las hegemonías y del caudillismo.”22

Como ya se ha comentado Ana Mercedes Pérez utilizó su obra como un instrumento propagandístico para la justificación de las acciones militares, ella en su obra expresa el carácter glorioso que se le dio al 18 de octubre por eso culmina su obra con una cita de Rómulo Gallegos, en la cual queda en evidencia lo novedoso y relevante de esa actuación militar, que él eminente escritor diferencia, resalta y sobredimensiona como un hito y una nueva etapa en las relaciones cívico-militares. ‘Miedo se le podía tener a aquel Ejército de entonces, borda de valentones malencarados; pero sin inferirle alguna ofensa no se puede decir que lo infunda en oportunidad de ejercicio de derechos, este de ahora, al frente del cual están hombres de mentalidad evolucionada y de espíritu gallardo. Y es con estos hombres nuevos, dignos de que en ellos se deposite esperanza, con quienes ‘Acción Democrática’ viene corriendo su jornada de responsabilidad lealmente compartida. Compañeros nuestros en posiciones de gobierno y nosotros aquí, hoy y ante la historia. Porque nuestro civilismo no ha sido nunca anti-militarismo en el sentido de repudio del militar como tipo humano, sino una posición de conciencia política ante principios suficientemente analizados y cuando en algún ciudadano debemos indagar cómo se comporta ante esos principios, no reparamos en el traje que lleve, sino averiguamos que corazón le late bajo ese traje.’23

Esa posición de crítica hacia la propaganda adeca que glorificó a los militares de octubre, sirvió como sostén de la legitimidad del 18 de octubre, por ello ha sido criticada por actores políticos. Un ejemplo es Rodolfo José Cárdenas, en su obra El Trienio populista 1945-1948, donde manifiesta como militante del partido COPEI fuertes divergencias, en cuanto a los paralelismos históricos (con los padres de la patria) que los adecos le dieron a sus actuaciones. “A COPEI en el Trienio Populista pude llamarlo COPEI en el Trienio de la Segunda Independencia, porque AD decía que la Revolución de Octubre era la Segunda Independencia, con lo cual los militares (Marcos Pérez Jiménez, Carlos Delgado Chalbaud, Julio César Vargas, Rincón Calcaño, etc.) y los adecos (Rómulo Betancourt, Gonzalo Barrios, Pérez Guerrero, Héctor Hurtado, Carlos Dascoli, etc.) eran los segundos libertadores, que nos habían libertado de la ignominia andina. No lo llamé así por respeto a los Padres de la Patria.”24 Para ello, Cárdenas nos da una evaluación de lo negativo de traer a los militares a la escena política, esa es su principal critica hacia el gobierno del Trienio, él realza como con Juan Vicente Gómez, y durante los gobiernos de Eleazar López Contreras e Isaías Medina Angarita, los militares empezaron a cumplir sus funciones y no eran determinantes en las decisiones políticas, eso cambió con los adecos lo que para él fue perjudicial. “Al lado de tantos hechos negativos, Juan Vicente Gómez le dejó al país, entre sus aciertos positivos, la eliminación del militar como ente político, la desaparición de los caudillos regionales y el acuartelamiento de la tropa. Tanto López Contreras como Medina Angarita mantuvieron a los militares en su sitio, en los cuarteles. El 18 de Octubre de 1945 puso a los militares fuera de los cuarteles, a jugar papeles políticos. No fueron solamente el Ministro de la Defensa en papel de miembro político de la presidencia colegiada llamada Junta Revolucionaria de Gobierno y el Ministro del Interior. También fue una estrategia equivocada de Acción Democrática. La consigna militar básica de Acción Democrática, para envolver al Ejército en su política, para adequizar al Ejército, fue aquélla de “Pueblo y Ejército unidos” que tanto utilizó Betancourt y Acción Democrática. Era el sustituto de la consigna que se perseguía y se adornaba y camuflageaba: “Acción Democrática y Ejército Unidos”, no solamente porque la otra consiga era “AD el partido del pueblo”, sino porque Acción Democrática entró en campaña de proselitismo y adequización del Ejército.”25

Este autor nos da una visión de la forma proselitista que los adecos le dieron a su trato con los militares, ahora estos “Nuevos Libertadores” y el partido AD eran uno solo, esto es criticado como hemos visto por los estudios historiográficos de especialistas y de activistas políticos, ya que esa presunta hermandad fue ficticia e irreal, elemento que Rodolfo José Cárdenas analiza a continuación: “Ni de cerca ni de lejos se le acercó nadie a Acción Democrática en su temática militar durante el Trienio AD hizo innumerables alusiones, expresiones, comunicados, relaciones con las Fuerzas Armadas. “El niño pobre ante el juguete caro”, y AD estaba estrenando juguete con los militares. De ahí le salieron a Betancourt las debilidades con los militares, sintiéndose caudillo militar y restregando a cada rato que era el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. Sería insólito que el presidente de Estados Unidos, en una sola alocución, tuviera que recordar que él es jefe de las Fuerzas Armadas Nacionales. Pero en Venezuela algunos presidentes civiles tienen que cacarear que son jefes de las Fuerzas Armadas Nacionales para que esa dignidad no se le olvide a los militares. Otros lo han hecho para darle envidia a algunos políticos rivales que habrían dado media hora por reclinar sus cachetes en las presillas de las Fuerzas Armadas Nacionales. Las Fuerzas Armadas Nacionales se convirtieron, por la gracia de Acción Democrática, en el tabú más manoseado de Venezuela. Las adecas se hacían lenguas por los tenientes y los capitanes, y los líderes adecos se hacían pis por los tenientes coroneles, sobre todo en los días que precedieron al 24 de noviembre de 1948.”26

Esa misión histórica como hemos visto ha sido analizada no sólo por políticos como Rodolfo José Cárdenas, también se contó con análisis como los de Manuel Caballero y Luis Ricardo Dávila, quienes han refutado la visión adeca que se intento imponer durante el Trienio, ya que esos militares fueron los mismo que tres años más tarde, derrocaron a sus aliados adecos. La importancia de opiniones como la de Rodolfo José Cárdenas, radica en que al ser un activista político caracteriza de una forma bastante crítica la forma equivocada como los adecos plantearon su relación con los militares durante el período, ya que esos octubristas gloriosos, reencarnación de los padres de la patria, derrocaron a Rómulo Gallegos el 24 de noviembre de 1948. De allí que sea primordial explicar las interpretaciones que la historiografía venezolana, ha dado en torno a esa actuación militar.

Debate en torno a la significación de la actuación militar en el golpe del 24 de noviembre de 1948

La actuación militar ha generado fuertes polémicas en la historiografía, donde las posiciones políticas han jugado un factor preponderante como ha quedado demostrado anteriormente, debido a que la gran mayoría de las obras sobre este tema fueron escritas por preeminentes dirigentes políticos y por protagonistas directos de los hechos. De allí que los análisis históricos sean pocos, pero importantes haciendo que su estudio sea complejo generado por su carácter de testimonio o reflexión más que de análisis. Por lo tanto se comenzará por citar a Rómulo Betancourt quien en su ya nombrado libro, Venezuela, política y petróleo, hace una reflexión sobre el derrocamiento de Rómulo Gallegos el 24 de noviembre de 1948, relacionado a cómo esos militares que el 18 de octubre de 1945 tuvieron una actitud gloriosa tres años más tarde sacaron del poder a sus aliados del 45, lo que ha generado controversia sobre esa conducta militar, a lo cual Betancourt responde que el 18 de octubre era indetenible y la participación de Acción Democrática fue importante porque le dio un manto democrático. “Las páginas que preceden bastan para demostrar que la Revolución venezolana del 18 de octubre de 1945 fue culminación de un proceso histórico indetenible. Y que sin la audaz actitud nuestra de conducirla y canalizarla, siempre hubiese estallado, pero con las solas características del motín cuartelario. En esta forma, se intenta una respuesta a las interrogantes formuladas sobre la conducta de los hombres de Acción Democrática que actuaron en la gestación del 18 de octubre. Explicación que ya resultaba urgente, porque gente americana de solvente ideología se venía preguntando y nos venía preguntado sí el contragolpe reaccionario del 24 de noviembre de 1948 que derrocó al gobierno constitucional de Rómulo Gallegos, no hubiera podido evitarse de haber adoptado nosotros una actitud expectante, de aséptico marginamiento, en la violenta jornada de octubre de 1945. Pero falta por decir que si el origen mismo de ese golpe de Estado es materia controvertible, tal debate resultaría escarceo académico, y hasta teológico, ante el hecho cumplido de la democratización institucional, del saneamiento inexorable de las prácticas administrativas y de la política petrolera enérgicamente nacionalista, realizada por el Gobierno que de aquél nació.”27 Rómulo Betancourt resalta los logros del Trienio adeco y rehúsa el dilema sobre la actuación militar en el golpe de Estado contra Rómulo Gallegos, él prefirió desvincular ambas fechas y no ahondar en esa polémica. Ello se evidencia en la próxima cita del prólogo de su libro, donde pretende destacar que ambas fechas no pueden verse como consecuencias directa una de la otra. “Se argumenta que el 18 de octubre de 1945 hizo posible el 24 de noviembre de 1948, fecha en que fue derrocado el gobierno de Rómulo Gallegos. Ese argumento no resiste el menor análisis. Es como si se inculpara a quienes hicieron la Revolución Francesa de la institución de la República por el Imperio napoleónico. O a los libertadores venezolanos de 1810 de las prolongadas autocracias de Páez, los Monagas y Guzmán Blanco. La historia de los pueblos no sigue una línea recta, como en las modernas autopistas. El proceso evolutivo de las naciones se realiza en zig–zag, con caídas y recuperaciones. Lo que importa es señalar el carácter positivo o negativo, lo que se avanzó o se retrocedió, en cada etapa del devenir de un país, y procurar que no se repitan los errores y fallas que lo hicieron retrogradar hacia el pasado cuando ya estaba enrumbado por la buena vía de la democracia y de la reforma social.”28

Como se ve Betancourt no sólo trata de separar ambos hechos, sino de valorar la actuación militar y la de los adecos el 18 de octubre de 1945, en base a los logros de los tres años de gobierno; aspecto que Luis Ricardo Dávila explica como un elemento esencial que los octubristas han utilizado como defensa de su alianza con los militares en 1945. “Poco importaba que estas “profundas transformaciones” se truncasen el 24 de noviembre de 1948, antes de comenzar a dar sus frutos. Imperativamente tendría que reconocerse en el futuro que en escasos tres años –continúa nuestro interlocutor- “se echaron las bases de una Venezuela de nuevo signo animada de un entusiasta ímpetu creador”. Basta con esto. Basta con que sus objetivos se arropasen con atuendos simbólicos como el “entusiasta ímpetu creador”,o como aquellos más moralizantes de la “angustia patriótica y voluntad de servicio”, para fundar un estilo y un lenguaje. O mejor aún, para fundar una etapa de la sociedad a través de un nuevo lenguaje. Esto está claro desde los primeros momentos en el poder (¿Y, mucho antes, quizás?).”29 Como se ha demostrado a lo largo del presente trabajo, sobre estos hechos la historiografía venezolana presenta dos visiones en este caso podemos encontrar posiciones diferentes a las de Rómulo Betancourt, o mejor dicho la contraria a la historiografía octubrista, para ello contamos con Nora Bustamante quien respalda la tesis de las diferentes interpretaciones de las dos asonadas militares, basándose en el momento en las se dieron y el motivo de esas insurrecciones. “... La diferencia entre los golpes de octubre de 1945 y de noviembre de 1948 en Venezuela, estuvo en que el primero de ellos se le lavó su pecado original de asonada golpista, al adherírsele el partido Acción Democrática, que a su vez justificó esa adhesión como el medio para llegar a la elección directa y secreta del Presidente de la República, aparentemente primer y más importante objetivo de una aventura de raíces tan hundidas en terrenos no democráticos, que debía llegar finalmente a ser lo que en un principio desapareció tras la máscara democrática: la toma del poder por la violencia y su ejercicio posterior con el apoyo de las armas.”30 Nora Bustamante defiende la tesis de la similitud del origen de ambas insurrecciones, no las ve como hechos aislados, sino como consecuencias directa una de la otra, de allí que cite las explicaciones dadas por Betancourt ante los diferentes alzamientos militares que se dieron antes del 24 de noviembre de 1948, a su vez argumenta el nexo de los sucesos dado que ambos estuvieron dirigidos por los mismos personajes claves. “Se ha discutido mucho el punto de la naturaleza de ambos golpes, en el sentido de sí es la misma o diferente. Nuestro criterio ya expuesto anteriormente es que tienen la misma naturaleza porque el segundo es consecuencia del primero. Tanto uno como otro fueron dirigidos por Delgado Chalbaud y Pérez Jiménez y entre ambos hubo una serie de intentonas fracasadas que vienen en apoyo de esta tesis al construir los mismos eslabones golpistas entre 1945 y 1948. Así lo reconoce Betancourt con motivo del alzamiento que tuvo lugar en Valencia el 11-12-46, al ser entrevistado para el diario El País y preguntársele: ¿Cómo se explica usted que los gestores de este movimiento hayan estado también en la revolución de Octubre? El presidente de la Junta contestó: ‘Ese es un fenómeno que no es en Venezuela únicamente donde se ha presentado... Se ha presentado en todos los países donde ha habido golpes de Estado; quedan sectores que por estas o aquellas razones, no se sienten satisfechos con el rumbo que se le da a la gestión de la cosa pública por resentimiento o ambiciones personales, y entonces procuran repetir el movimiento. En Guatemala por ejemplo, donde hubo un golpe de Estado, se sucedieron dos o tres movimientos de esta índole’...”31

En este sentido la respetable historiadora nos ubica en el dilema que sufrieron los adecos el 24 de noviembre de 1948, cuando los compañeros militares que los respaldaron tres años antes lo sacaron del poder. Su tesis es que ambos tuvieron la misma significación y causa, ella desestima el componente glorioso y de legitimación que se les endilgó a los militares en 1945, como lo expresa a continuación. “...Para quienes piensan que el golpe del 24-111948 tuvo una significación distinta al 18 de octubre de 1945, la opinión de unos de los militares comprometidos en éste, confirmada a escasos tres meses del golpe octubrista por un miembro de la Junta al considerar exagerado al Comunicado de ésta con motivo de uno de los intentos subversivos de los muchos que se debelaron entre las dos fechas claves, debilitará su posición, al comprobarse no sólo que la juventud militar que derrocó a Medina, fue la misma que obligó a Gallegos a entregar el mando, sino que lo hicieron por las mismas causas, con la diferencia de que el 18 de octubre se pensó que las razones de los civiles que lo apoyaron, podrían fortalecer las otras propiamente militares, y no fue así, pues la misma constitución de la Junta Revolucionaria reflejó la preeminencia de las primeras.”32

Con el objetivo de defender su hipótesis Nora Bustamante se coloca en el momento post-golpe 1948, para escenificar las fuertes diferencias de ambos bandos en lo relacionado a la defensa del golpe del 24 de noviembre, como una segunda etapa del octubrismo, ello lo reconstruye a través de las declaraciones de uno de los líderes militares, en la cual ubica esa actuación militar como una continuación de los ideales de octubre. “Había llegado el momento de la divergencia entre los socios civiles y militares, protagonistas del golpe de Estado del 18 de octubre de 1945. Ahora los primeros piden a Estados Unidos que no se reconozca al nuevo gobierno y los segundos a la vez que tratan de lograr el reconocimiento, señalan en un comunicado aparecido en la prensa el 25-11-48 los motivos que los llevaron a realizar la segunda fase del golpe octubrista. En este manifiesto se puntualiza: ‘El 18-10-45 el Ejército Nacional actúa contra un orden de cosas que la nación consideraba viciada... El partido AD continuó los vicios políticos que caracterizaban a los gobiernos anteriores’. Para los militares golpistas de 1945 y de 1948, no tienen importancia las conquistas logradas en el bienio adeco-militar, ni en el gobierno de Gallegos encabezadas por la consecución del sufragio universal, directo y secreto, considerado en aquel entonces como la panacea para solucionar todos los problemas venezolanos, causa esgrimida en primer lugar, para justificar el golpe contra Medina; porque ellos tenían sus propios motivos para insurgir contra aquel régimen.”33

Esta tendencia no es sólo apoyada por Bustamante, existe una importante cantidad de estudiosos y protagonistas de los hechos que hacen una similar lectura de éstos, como Juan Bautista Fuenmayor, político de la época que comparte la visión de la conexión y relación de ambos sucesos, al punto que manifiesta que esa ruptura se veía venir, ya que las ambiciones militares se habían desatado y los adecos no podrían contener esas pasiones. “Para cualquier político medianamente experimentado, es una verdad indiscutible que, cuando se produce un golpe militar como resultado de contradicciones internas de la institución armada, nuevos golpes habrán de sobrevenir forzosamente. El desate de las ambiciones actúa como ariete para romper la disciplina militar, y cada quien piensa que ha sido preterido en el reparto de los hombres, prebendas y cargos dirigentes. Tal era el caso de Venezuela en aquella oportunidad; y, dada la peculiar mentalidad de los hombres de uniforme, la situación se presentaba preñada de graves amenazas. Betancourt había destapado la Caja de Pandora y de ella habrían de salir muchas y desagradables sorpresas.”34

Por lo visto la historiografía ha analizado de forma más profunda el elemento militar que los protagonistas y actores políticos, de allí que retomemos a Steve Ellner quien nos da una percepción de la situación militar post 1945, que sirve para entender el distanciamiento de los adecos y sus aliados militares, él plantea que la alianza AD-Militares que el Trienio promovió en base a una nueva misión histórica, nunca existió, sino que es un indicativo del recelo con el cual se veía el pasado comunista de Rómulo Betancourt en el sector castrense. “Para el golpe de octubre del 45. Betancourt ya había abandonado completamente sus previas creencias ideológicas y había convencido a los elementos más conservadores de la sinceridad de su rechazo al comunismo. Sin embargo, éstos estaban plenamente convencidos de que la estrategia basada en el ocultamiento de metas, a la que se había adherido los izquierdistas en las décadas previas, había sido heredada por AD. Durante el trienio, el expresidente López Contreras y otros ardientes anti-comunistas hicieron frecuentes referencias –e incluso volvieron a publicar- las correspondencias privadas de Betancourt que habían sido incautadas por el servicio secreto de Gómez para recordarle al público que no se podía confiar en AD en el poder. Además, una de las quejas mayores de los militares que planearon el golpe, expresaba en las declaraciones que siguieron al golpe del 48, era que ‘elementos extremistas’ que gozaban de gran influencia en AD y el gobierno amenazaban la estabilidad de la nación.”35

Como vemos Ellner se coloca dentro de la posición de la mayoría de los autores que han analizado el tema, él indica que la aparente unidad y fraternidad entre los militares y adecos durante el trienio era ficticia, no sólo existía desconfianza entre ellos sino que había rivalidades. Esto nos sirve para comprender la actuación de esos militares gloriosos y héroes de la patria en el derrocamiento de Rómulo Gallegos. “En segundo lugar, los militares rebeldes veían a los ‘extremistas’ de AD inclinados a restringir su capacidad de toma de decisiones y someterlos a los dictados del gobierno e incluso del partido. Al contrario de lo que muchos de los que apoyaban al gobierno del trienio ingenuamente creían, los jóvenes oficiales que participaron en el golpe de octubre no estaban satisfechos con la representación militar original en el gabinete, y les disgustaba la erosión de su influencia durante el transcurso del trienio. Ellos sabían que AD. con su vocación para el poder y su amplia base, inevitablemente usurparía la autoridad de las fuerzas armadas y estaría en una posición más firme para vencer cualquier resistencia militar que la que había tenido los gobiernos anteriores. Por esta razón muchos militares sintieron temor ante la amenaza pública de Betancourt, reiterada más tarde en privado a los militares conspiradores por el entonces secretario de organización de AD. Alberto Carnevalli (y que resultó tan sólo un blusff), una huelga general para detener la conspiración contra Gallegos.”36

Pero este análisis no es sólo de Steve Ellner también Karl Krispin se ubica en esa posición, este autor afirma que no existía una unidad de criterio entre los oficiales, basado en un artículo de Miguel Acosta Saignes titulado “Los Militares y Acción Democrática”, en la cual el autor intenta explicar el panorama de inestabilidad al cumplirse tres años de la salida de Medina del poder, lo que deja claro las grandes diferencias y rivalidades de los otrora aliados. ‘... cuando después del 18 de octubre desaparecieron los antiguos generalatos y coronelatos que se habían ganado en el mejor de los casos en guerras civiles y en muchos otros a causa de menesteres antagónicos de la guerra, quedaron precisamente a la cabeza de nuestra institución armada jóvenes militares de carrera ¿Es posible pensar que todos poseyesen las mismas ideas y las mismas tendencias? Tal vez había una mayoría democrática, más como lo ha observado certeramente en estos días un periódico de oposición, los repetidos golpes de origen cuartelario a los cuales ha tenido que enfrentarse el régimen revolucionario demuestran que la unanimidad no ha existido.’37 Tanto Ellner como Krispin convergen en cuanto al factor de los elementos conservadores dentro de las Fuerzas Armadas, que veían con desconfianza al partido Acción Democrática. Ello sirve para desmontar la glorificación del golpe de estado contra Isaías Medina Angarita, debido a que ese período de tres años no fue de paz y armonía, las rivalidades y confrontaciones no eran desconocidas por eso el golpe de 1948 no puede ser visto como sorpresivo. “Para José Giacopini Zárraga la ruptura de la alianza estuvo causada por varios factores. Cuando Medina capituló, las fuerzas armadas permanecieron básicamente inalteradas, por los eventos del Golpe. Su contexto seguía siendo conservador con una fuerte orientación regional [esta idea es compartida por S.E Finer en su explicación del Golpe de Noviembre]. Estos militares conservadores irían a chocar con Acción Democrática. El acuerdo alcanzado entre la UPM y Acción Democrática era un acuerdo de cúpula de ambas organizaciones. (...) En seguida se sucedió la lucha por ganar espacios de poder más firmes y tratar de desplazar al aliado. Acción Democrática había estado en la oposición por tanto tiempo que no le era fácil colocarse en la nueva situación que implicaba ser partido de gobierno. Por ende continuó agitando esta vez desde el gobierno atesorando inmediatamente la fama de sectaria y radical. La alianza entre unas fuerzas armadas conservadoras y un partido de centro-izquierda se demostraba precaria.”38 Karl Krispin destaca que esa desconfianza se debió a que para nadie era un secreto las intenciones adecas de infiltrar las Fuerzas Armadas, aspecto que Rómulo Betancourt no ocultó sino que promovió; un ejemplo es la existencia de listas donde se dividía a los oficiales en buenos y malos, además el destacado dirigente adeco no sólo no confiaba en los militares, él pensaba que había que promover la división de éstas, de allí que no sea descabellado explicar el golpe de 1948 como una continuación de los ideales de octubre. “La lucha de poder entre Acción Democrática y los militares fue, de hecho, planeada por Betancourt quien defendía que la disminución de los militares redundaría en la hegemonía de AD. Desde el momento de la composición de la Junta, Betancourt hiló fino para limitar la presencia militar cuya composición original total se había planteado en término de tres o cuatro miembros a diferencia de los siete que terminó negociando Betancourt. Del mismo modo planeó el que cada miembro de la Junta estuviese a cargo de un ministerio para evitar la influencia de individualidades: Betancourt hizo purgar de las fuerzas armadas a muchos de sus oficiales no comprometidos con la UPM: a ésta hizo llevar entre otros, al grupo de sargentos alzados junto a Perdomo contra Medina. La promoción de elementos identificados con la Junta se hizo patente para obtener lealtades. Muchas familias ligadas a AD animaron a sus jóvenes hijos y familiares a que siguiera las carrera militar. La estrategia era infiltrar las glorificación del golpe de estado contra Isaías Medina Angarita, debido a que ese período de tres años no fue de paz y armonía, las rivalidades y confrontaciones no eran desconocidas por eso el golpe de 1948 no puede ser visto como sorpresivo. “Para José Giacopini Zárraga la ruptura de la alianza estuvo causada por varios factores. Cuando Medina capituló, las fuerzas armadas permanecieron básicamente inalteradas, por los eventos del Golpe. Su contexto seguía siendo conservador con una fuerte orientación regional [esta idea es compartida por S.E Finer en su explicación del Golpe de Noviembre]. Estos militares conservadores irían a chocar con Acción Democrática. El acuerdo alcanzado entre la UPM y Acción Democrática era un acuerdo de cúpula de ambas organizaciones. (...) En seguida se sucedió la lucha por ganar espacios de poder más firmes y tratar de desplazar al aliado. Acción Democrática había estado en la oposición por tanto tiempo que no le era fácil colocarse en la nueva situación que implicaba ser partido de gobierno. Por ende continuó agitando esta vez desde el gobierno atesorando inmediatamente la fama de sectaria y radical. La alianza entre unas fuerzas armadas conservadoras y un partido de centro-izquierda se demostraba precaria.”38 Karl Krispin destaca que esa desconfianza se debió a que para nadie era un secreto las intenciones adecas de infiltrar las Fuerzas Armadas, aspecto que Rómulo Betancourt no ocultó sino que promovió; un ejemplo es la existencia de listas donde se dividía a los oficiales en buenos y malos, además el destacado dirigente adeco no sólo no confiaba en los militares, él pensaba que había que promover la división de éstas, de allí que no sea descabellado explicar el golpe de 1948 como una continuación de los ideales de octubre. “La lucha de poder entre Acción Democrática y los militares fue, de hecho, planeada por Betancourt quien defendía que la disminución de los militares redundaría en la hegemonía de AD. Desde el momento de la composición de la Junta, Betancourt hiló fino para limitar la presencia militar cuya composición original total se había planteado en término de tres o cuatro miembros a diferencia de los siete que terminó negociando Betancourt. Del mismo modo planeó el que cada miembro de la Junta estuviese a cargo de un ministerio para evitar la influencia de individualidades: Betancourt hizo purgar de las fuerzas armadas a muchos de sus oficiales no comprometidos con la UPM: a ésta hizo llevar entre otros, al grupo de sargentos alzados junto a Perdomo contra Medina. La promoción de elementos identificados con la Junta se hizo patente para obtener lealtades. Muchas familias ligadas a AD animaron a sus jóvenes hijos y familiares a que siguiera las carrera militar. La estrategia era infiltrar las Fuerzas Armadas.”39

Para reafirmar su tesis Krispin se ubica en el contexto de octubre de 1948, momento en el cual la situación hacía indicar que esa supuesta unidad era ficticia, los enfrentamientos desestabilizaban el gobierno, los militares rechazaban a Rómulo Betancourt, quien se alejaba del régimen para darle mayor estabilidad y evitar una posible ruptura constitucional, lo que sirve para comprender las rencillas y diferencias entre los militares y adecos, bastantes alejados de la unidad que el Trienio trató de promover. “Para octubre de 1948 las fracturas no sólo estaban en el gobierno sino entre los militares. En vista del descontento con el gobierno de AD que había causado demasiados alzamientos y conspiraciones, el alto mando a cargo de Pérez Jiménez trataba de controlar la situación militar. Los mandos intermedios amenazaban con desbordar los altos mandos por lo que la actividad de Pérez Jiménez durante octubre y noviembre se concentró en mantener la unidad interna a través de su control frente al peligro de escisión y rebelión en la oficialidad media. En octubre Betancourt había regresado al país del cual se había ausentado desde julio con el propósito de evitar posibles percepciones de su influencia en el gobierno de gallegos por parte de la opinión pública. Dada la situación de deterioro de la situación militar, AD lo había mandado a llamar con vistas a que su retorno contribuyera a saldar la descompuesta realidad. A su regreso traía cartas de Mario Vargas, aún convaleciendo en los Estados Unidos, dirigidas a sus ‘leales’ urgiéndoles respeto por mantenerse dentro del orden constitucional.”40 Sobre esta polémica el historiador Manuel Caballero continúa con la tesis de vincular ambas fechas, como ya hemos visto la historiografía no le parece extraño o inexplicable el deslinde de los adecos y los militares el 24 de noviembre de 1948, de allí que él mencione la vinculación de ambas asonadas, no las ve como hechos sin ninguna unión o nexo, son desde su punto de vista expresiones de un mismo proceso. “Igual podría haber conducido a otra cosa que al trienio; igual podría haberse dado (algo así estaba previsto) el 24 de noviembre, pero no del 48 sino del 45.

Destacar la relación entre el 18 de octubre de 1945 y el 24 de noviembre de 1948 es también enfrentar la versión betancurista del primer suceso; es afirmar que no se trata de dos hechos separados, mucho menos opuesto, sino de dos puntas de un mismo proceso. Porque el 18 de octubre fue un golpe militar no unánime (hubo resistencia armada) con apoyo civil, el 24 de noviembre fue la misma cosa, esta vez sin apoyo civil y, por lo menos en el momento mismo, con unanimidad militar...”41

Para este historiador como ya se ha mencionado ambos sucesos forman parte de un mismo proceso, a través del cual las Fuerzas Armadas comenzarán a tener un nuevo y diferente papel en la sociedad venezolana, ese rol será el de partido político, lo que las ha hecho verse obligadas a participar con su poder militar en las contiendas políticas del país. “No es muchas la gente que, transcurrido el tiempo, considere que haya sido beneficioso para el país el 24 de noviembre, aunque, como es lógico, haya gente (cada vez en menor cantidad) que defienda el 18 de octubre. Pero lo que no se subraya con suficiente insistencia es que, haciendo abstracción de los males reales o supuestos que pudo haber traído al país, la participación en ambas conjuras terminó siendo extremadamente perjudicial para las fuerzas armadas. Apartemos toda otra consideración, para decir que lo que fue el haberse convertido, después de sus dos intervenciones victoriosas en octubre del 45 y en noviembre del 48, en un partido político. Que al serlo armado, sólo tiene dos opciones, siempre: o ser el instrumento de la guerra civil, o sea de la guerra entre partidos irreconciliables, sangrienta e inexplicable, o ser el instrumento de la tiranía.”42

Los debates en este renglón han versado, sobre las opiniones octubristas representadas por Rómulo Betancourt, quien realizó grandes esfuerzos por explicar, la forma cómo esos militares gloriosos del 45 pudieron sacarlos del poder tres años más tarde, él lo hace tratando de ver esas fechas como hechos separados, lo que Manuel Caballero refuta. Un aspecto digno de destacar es que la historiografía ha analizado estos hechos desde una posición bastante critica del Trienio, porque durante ese gobierno se intento dar a los militares una imagen de “nuevos héroes de la patria”, que será criticado, como una simple táctica adeca, ya que según los analistas, en la realidad esa fraternidad nunca existió, en ello radican las visiones sobre el derrocamiento de Gallegos y la explicación de las actuaciones militares contra sus otrora aliados.

Conclusión

En este artículo se realizó un análisis del papel jugado por los militares en los golpes de estado que sacaron del poder a Isaías Medina Angarita y Rómulo Gallegos, acontecimientos donde se desatan opiniones contrapuestas sobre, ¿cómo se les trató de dar a los militares del 18 de octubre de 1945 una posición de preservadores de la democracia?, lo que aumenta el debate ya que esas mismas Fuerzas Armadas derrocaron a Rómulo Gallegos en 1948. Por lo tanto encontramos que este tema estuvo ligado a tratar de darle fundamento político e ideológico, al régimen conocido como el Trienio y que poco a poco ha sido desmontado por la historiografía.

Los adecos en este punto se han esforzado por darle una legitimidad a sus actuaciones, de tal forma que la historiografía refleja esa actuación como un hecho único e irrepetible, de esa forma esos militares se les vio como seres desprendidos cuya única intención fue terminar con un gobierno que no cumplía, ni cubría con los deseos del pueblo. Esa misión histórica como hemos visto ha sido profundizada no sólo por políticos como Rodolfo José Cárdenas, también se contó con análisis como los de Manuel Caballero, Luis Castro Leiva y Luis Ricardo Dávila, quienes han refutado la visión adeca, que se intentó imponer durante el Trienio, ya que esos militares fueron los mismo que tres años más tarde, derrocaron a sus aliados adecos. Ese debate se aprecia en la forma como autores protagonistas de los hechos, en este caso Rómulo Betancourt, han interpretado la conducta de los militares el 24 de noviembre de 1948 al separar ambos golpes de estado. Ese es el punto de quiebre, ya que por otra parte Manuel Caballero contextualiza ese acontecimiento como parte de un mismo proceso. Esta explicación es la base de las réplicas a las reflexiones octubristas sobre su salida del poder. Por último se puede afirmar que este tema siempre se ha visto sumergido en la conflictividad política, ya que Acción Democrática es un partido cuyos líderes fueron protagonistas de gran parte de la historia contemporánea venezolana. Por ello ese período ha sufrido desde el punto de vista historiográfico de todas esas luchas políticas, es decir muchos de lo que se ha escrito sobre el mismo, está contaminado de esas tendencias y debe ser investigado a profundidad antes de tomarse como fidedigno.

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9.YORIS VILLASANA, Corina, 18 de octubre de 1945: Legitimidad y ruptura del hilo constitucional. Caracas, Academia Nacional de la Historia, 2004.        [ Links ]

Notas

1 Ana Mercedes Pérez, La verdad inédita (historia de la Revolución de octubre). Caracas, Ernesto Armitano, 1975 p 12-13.

2 Ibídem, p 24-25.L

3 Ibídem, p 51.

4 Ibídem, p 61.

5 Rómulo Betancourt, Venezuela, política y petróleo. México, Fondo de Cultura Económica, 1956, p 226.

6 Ídem.

7 Ibídem, p 227.

8 Luis Castro Leiva, El dilema octubrista. Caracas, Cuadernos Lagoven. 1988, p 40-41, tomado de Rómulo Betancourt Trayectoria Democrática, Vol. I, p 5.

9 Corina Yoris Villasana, 18 de octubre de 1945 (legitimidad y ruptura del hilo constitucional). Caracas, Academia Nacional de la Historia, 2004. p 119. tomado de Oscar Battaglini, El Medinismo. Caracas, Monte Ávila Editores, 1997. p 131-132.

10 Ibídem, p. 121.

11 Ibídem, p 149.

12 Luis Castro Leiva, Ob. cit., p 24, tomado de Rómulo Betancourt Trayectoria Democrática de una Revolución, Vol. I, p. 79.

13 Ídem, tomado de Rómulo Betancourt, Ibídem, pp. 80-81.

14 Elías Pino Iturrieta, “Movimiento de rotación” en La revolución de octubre, Caracas, CELARG, 1998, p. 146.

15 Rómulo Betancourt, Ob. cit, p. 522.

16 Manuel Caballero, “¿Revolución o pronunciamiento?” En La Revolución Octubre, pp. 34-35.
17 Luis Castro Leiva, Ob. cit, p. 24.
18 Ibídem, p 66.Tomado de Ramón J Velázquez, en Venezuela Moderna, pp. 64-65.
19 Luis Ricardo Dávila, Imaginario político venezolano. Caracas, Alfadil/Publiandina, 1992, p 36. 
20 Ibídem, pp. 36-37.
21 Ibídem, p. 64. 
22 Ana Mercedes Pérez, Ob. cit., p. 417.
23 Ibídem, p. 421. 
24 Rodolfo José Cárdenas, COPEI en el Trienio populista 1945-1948. Madrid, Hijos de E. Minuesa, 1987, p. 13.
25 Ibídem, pp. 467-468. 
26 Ibídem, p. 692.

27 Rómulo Betancourt, Ob.cit., p. 243.

28 Ibídem, p. 15.

29 Luis Ricardo Dávila, Ob.cit., p. 33. 
30 Nora Bustamante, Isaías Medina Angarita: Aspectos históricos de su gobierno. Caracas,Gobernación del Distrito Federal, 1998, p. 483.

31 Ibídem, pp. 482-483.

32 Ibídem, p. 463.

33 Ibídem, p. 482.

34 Juan Bautista Fuenmayor, Veinte años de política 1928-1948. Caracas, Miguel García e hijo, 1979, p. 307.

35 Steve Ellner, La izquierda no comunista en el poder 1945-1948”, en Revista Tierra Firme. Caracas, abril-junio, 1992, Nº 38, pp. 158-190.

36 Ibídem, p 178.

37 Karl Krispin, Golpe de Estado: Venezuela 1945-1948. Caracas, Panapo, 1993. p 92.

38 Ibídem, p 97.

39 Ibídem, pp. 97-98.

40 Ibídem, p. 100. 
41 Manuel Caballero, Ob.cit., p. 33.

42 Ibídem, p. 35.