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Ciencias de Gobierno

versión impresa ISSN 1316-371x

Ciencias de Gobierno v.9 n.17 Maracaibo jun. 2005

 

Medios de comunicación y conflicto social en Venezuela

García Samaniego, Francisco Roberto*

* Politòlogo. Miembro del centro de investigaciones de política comparada (CIP-COM) de la Universidad de los Andes. Magíster de postgrado en Ciencias Pilítica, CEPSAL-ULA 2004. E-mail. franciscogarcia_samaniego@hotmail.com.

Resumen

Cuando nos planteamos lo social, y en especial sus conflictos políticos y económicos, tratamos de procurar lograr explicaciones de cambio aunque sólo sea de manera teórica. Porque lograr hacer realidad las propuestas de mejoras sociales y económicas no sólo parte de la razón, parten de una voluntad política y de verdaderos líderes dispuestos a cumplir con sus proyectos. Y es precisamente en éste punto en donde los Medios de Comunicación e Información nos pueden aportar sus beneficios (más no sus aspectos negativos) para superar el conflicto social en Venezuela para tratar de mejorar la desesperanza en determinados momentos de tensión social luego de la toma del poder político del Estado por parte de Hugo Rafael Chávez Frías y su Movimiento político Quinta República (MVR) en diciembre de 1998 que de manera clara está en busca del control del poder simbólico para su proyecto político.

Palabras clave: Medios de comunicación, información, Mass-media, Democracia, Neopopulismo, Globalización, sociedad del riesgo.

The Mass Media and Social Conflict in Venezuela

Abstract

When we make statements about society, especially about its political and economic conflicts, we try to develop explanations about change even if they are only theoretical, because making proposals for social and economic improvements real does not depend only on reason, it also depends on political will and true leaders who are ready to accomplish their projects. It is precisely on this point that mass communication and information media can contribute their benefits (not their negative aspects) to overcoming social conflict in Venezuela and trying to improve the hopelessness that has occurred in certain moments of social tension since Hugo Rafael Chávez Frías and his party, Movimiento V República (MVR Fifth Republic Movement) took power in December, 1998, clearly seeking symbolic control of power for his political project.

Key words: communications media, information, mass media, democracy, neopopulism, globalization, society of risk.

Finalizado: Febrero, 2005  Recibido: 23-03-2005  Aceptado: 02-04-2005

I. Responsabilidad de los Medios de Comunicación en Venezuela

En Venezuela se ha vivido una de inestabilidad e incertidumbre política en una etapa de transición que se ha prolongado. Y ha sido un caso en América Latina que se presenta distinto a las formas tradicionales por sus matices neopopulistas y autoritarios de nuevo cuño1. Asimismo, de allí la importancia del rol que los medios de comunicación (Mass-Media) en especial la TV, radio y prensa, han tenido dentro del debate y confrontación política actual que se presenta de suma importancia para la discusión política de la opinión pública. Vale decir, los Mass-Media están influyendo de manera preponderante en el debate político, y su respectiva toma de decisiones dentro de las democracias en construcción. Pero se advierte que la discusión política generada dentro de los parlamentos, Asambleas (caso venezolano), o Congresos sigue siendo la máxima para establecer consenso dentro de las democracias representativas para la solución de sus conflictos2. Ello como punto de partida.

Asimismo la discusión público-política que se genera, en y hacia los medios, parte de una representación colectiva que éstos ejercen sobre grandes masas de ciudadanos receptores de sus mensajes. En muchos sentidos discursivos, los medios han adquirido una preeminencia importante frente a las instituciones tradicionales creadas en la primera modernidad. Y ello está cambiando las bases de representación política de la democracia. Es decir, los medios de comunicación masiva electrónicos han logrado desde la puesta de los satélites en orbita (finales de los sesenta) para acá, una mayor cobertura en los ámbitos internacionales, nacionales y locales. Posición que les permite (gracias a sus grandes inversiones) ampliar su radio de acción dentro de la función discursiva y deliberativa en las democracias, tanto consolidadas como por consolidarse. Ello se observa con mucha más profusión por la discusión social que se genera en los ciudadanos, y ello tiene impacto en el cumplimiento de la gestión pública que se presenta deficiente tanto en los partidos como en las instituciones, por el déficit de la democracia.

De allí que los políticos profesionales y los líderes busquen escenificarse en la palestra pública que los medios de comunicación masiva le proporcionan, y de ése modo poder hacer llegar a los ciudadanos sus proyectos y planteamientos políticos a un colectivo en especial, tanto local, nacional como internacional.

Dadas las tendencias políticas en la actualidad, “la exposición periódica mediática como periodista o integrante del espectáculo prácticamente garantiza un ingreso exitoso a la política nacional y local”…”Sólo los políticos que saben moverse en los medios son capaces de conservar sus cargos políticos, y eso mientras no se perfile otra personalidad mediática capaz de superar sus niveles de popularidad” (García Jr, 2004:121).

Sin embargo, Francisco Laporta ha puesto el dedo en la llaga denunciando la perversa desnaturalización que sufre la prensa libre tanto cuando se somete al poder ejecutivo como cuando trata de competir con él, ejerciendo un poder paralelo e incontrolado sobre los ciudadanos. Y si esta corrupción periodística se generaliza, también se pervierte la democracia, que no puede funcionar sin una prensa libre e independiente3.

Asimismo para el tema que nos ocupa podemos destacar nuevas formas interpretativas como el término metapolítica, término que se presenta de suma importancia a la hora de establecer las nuevas formas de pensar la democracia. Es decir, la metapolítica se presenta desde tres dimensiones: medios, política y democracia4, y por ello, en los actuales momentos de profundos cambios globales y locales entorno a las estructuras del Estado, no podemos pensar ninguna de ellas sin el concurso de las otras.

En nuestras democracias en la región (siempre en continuo conflicto de transición y establecimiento) el papel y rol de los Mass-Media pone el barómetro para la discusión de las agendas dentro de las democracias.

Incluso, sin los medios, el político en nuestra época se haya a la deriva para publicitar sus reivindicaciones políticas y sociales5. Es decir, las democracias y en especial en nuestra región, se presentan conflictivas e inseguras, por neopopulistas autoritarios de nuevo cuño, políticos anti-instituciones fuera de la forma partido de conducir la democracia que no permiten la producción y reproducción de estructuras institucionales estables cooperativas para el desenvolvimiento de la política y lo político en la praxis social.

Estos liderazgos personalistas se valen de la crisis social y del agotamiento de la democracia, para proyectarse como “los salvadores y rescatadores de los valores perdidos” en un mesianismo, proyectado en la pantalla chica de los medios y publicitado en muchos de los diarios de gran tiraje nacional. Casos que se han vislumbrado en países como Ecuador, Argentina, Perú, Bolivia y Venezuela en la última década.

De hecho las sociedades que viven en sistemas políticos con altos niveles de desconfianza, y en donde, los actores políticos no garantizan los acuerdos, pactos, reglamentos y los derechos humanos, es muy difícil lograr construir, y generar confianza en los ciudadanos para crear Capital Social6, tanto político, como económico. Por la falta manifiesta de los agentes y actores políticos, para crear un ambiente idóneo para la cooperación de capacidad asociativa en sus gobiernos. Lo que termina generando la crisis de la gobernabilidad.

Así las cosas, y como bien lo señala Sandro Macassi Lavander en reciente escrito: “crecientemente los medios de comunicación sustituyen a la comunicación política, constituyéndose ellos mismos en escenarios, en actores y en catalizadores de la comunicación política” (Macassi, 2002:106).

Asimismo, los medios de comunicación e información se reconfiguran como los actores en competencia de la comunicación política en el juego de las negociaciones (arena política) políticas dentro de los sistemas de gobierno. Bien sean éstos democráticos o autoritarios, porque en los regímenes autoritarios o dictatoriales por lo general los medios se legan (de manera forzada) al régimen para aprovechar las prebendas que éste les facilita, o por leyes creadas para su control. Aunque para el caso venezolano y bajo el desgobierno de Chávez, han sido los medios los que le están dando la batalla frontal. Incluso, estos son los que han logrado dinamizar el descontento de los ciudadanos, provocando en la población exigir más responsabilidad hacia los políticos por la enorme corrupción e inoperancia del desgobierno de Hugo Chávez.

En tal sentido, para Alfredo Ramos Jiménez; “el régimen del chavismo se instala desde entonces como desgobierno, en el sentido de que las tareas de gobierno son desplazadas y sustituidas por acciones y decisiones encaminadas a la preservación de las posiciones de poder legítimamente adquiridas: en otras palabras, el titular del Gobierno y sus colaboradores dejan de gobernar a fin de mantenerse en el poder” (Ramos J., 2004: 22).

Ahora bien, “los medios de comunicación, por su parte, operan en la primera etapa de los conflictos pues son los primeros en visibilizar o no las necesidades de los grupos sociales, en dar publicidad a las demandas colectivas, o en dar voz y autoría social a los líderes que las representan” (Macassi, 2002:106).

En todo caso en la Venezuela de estos tiempos se percibe el auge y caída de la popularidad y legitimidad de Hugo Chávez y su grupo. Y no en vano, tanto su auge como su pérdida de popularidad fueron, y es, propiciada por los medios de comunicación masiva, bajo las demandas de la sociedad civil en Venezuela.

La raíz del declive popular del presidente de Venezuela se debe a su posición de confrontación con todos los sectores vivos de la nación, incluyendo los medios de comunicación. De allí, estos medios de comunicación venezolanos con un gran poder económico y social actúan como la oposición más aguerrida. Al reconocerles este papel a los medios de comunicación, se presenta una debilidad institucional en la función de los partidos políticos en Venezuela como gestores políticos para la resolución de los problemas sociales en la construcción y establecimiento de la democracia7.

Ahora bien, la democracia en Venezuela la están reestructurando los medios y la unión (por cierto de suma debilidad institucional) de distintos partidos políticos, reunidos entorno a la Coordinadora Democrática (CD). En efecto, la eficacia dentro del discurso manejado por los medios de comunicación e información y su influencia en la mayoría de la sociedad civil adversa al “proyecto revolucionario” de Chávez a resultado en la repolitización de la sociedad en general para deslegitimar el poder político del actual presidente del Gobierno. Es allí, en donde los medios como representantes del disgusto colectivo toman la palestra pública actuando como una oposición hacia la función de gobierno por la grave crisis de gobernabilidad y la baja institucionalización de los partidos políticos adversos al régimen.

Cabe destacar que en Venezuela en los últimos tiempos se ha transformado en un país con una gran confrontación político-social y mediática a raíz de un populismo de nuevo cuño. Ello a su vez, afecta el imaginario colectivo, encendiendo las pasiones de lado y lado. Tanto para los opositores al régimen, como a los adeptos a él. Por su parte, Alfredo Ramos Jiménez ha observado el hecho de que el “ingrediente posmoderno del populismo puede encontrarse también en ciertos avances de la video-política o la política-espectáculo en los años recientes” (Ramos J., 2002:29).

Ahora bien, el escenario lo prestan los medios, problematizando mucho más el problema de lo que en realidad suele ser. Ello es así, por los constantes ataques que el presidente lanza a los actores y sectores en pugna que realiza bajo un verbo provocador de la anarquía, transformando al Estado venezolano en un Estado Trasgresor de sus propias bases constitucionales. Pues para el caso que nos ocupa, Venezuela, desde 1998 resulta que siempre ha sido el gobierno el que busca la confrontación en vez de tratar de hacer gobernable el sistema político y mejorar la democracia representativa y pluralista. Por ello su desgobierno, como se ha mencionado líneas arriba.

En búsqueda de un análisis más desprendido de las pasiones que despierta éste polémico debate, debemos afirmar la importancia que ha jugado en un principio Hugo Chávez Frías para repolitizar a la sociedad civil venezolana que venia de una apatía política, o de una desafección política hacia los asuntos públicos de interés en la vida colectiva. Eso ha sido positivo para la democratización de la cultura política, pero también ha sido la camisa de fuerza para el propio presidente el cual se encuentra fuertemente renuente a escuchar las voces disidentes a su desgobierno por su personalidad autoritaria y su verbo demagógico.

Bien, desde los puntos de vista de la situación política que vive Venezuela en estos tiempos a partir del 11 de Abril de 20028, los medios se han radicalizado (y no sin razón) en busca de una salida negociada más no dialogada con el presidente y su equipo de trabajo que no han querido entender, ni comprender la grave conflictividad política, económica y social por la cual transita Venezuela desde 1998 hasta la actualidad. Y más aún, con la grave situación de poca credibilidad institucional luego de un referéndum revocatorio de mandato presidencial del 15 de agosto del año 2004, que ha estado teñido de acusaciones de fraude entorno a miembros de Consejo Nacional Electoral (CNE). Fenómeno político único en su tipo en Latinoamérica. Primero por la realización de dicho acto refrendario, y segundo por la comprobación técnica de un posible fraude fraguado por el gobierno ejecutivo.

Entre otras dificultades, y en contraste con el estudio de Marcos Novaro; “El prototipo es, el demagogo populista de las lindes electorales que promete más de lo razonable, introduce la arbitrariedad personal allí donde debería regir cálculos estrictos de costo-oportunidad, y que se muestra endemoniadamente convencido de ciertas ideas que no tienen comprobación empírica”9. De ésta manera, los populismos se establecen en el Estado democrático presidencialista de gobierno. Valiéndose el líder neopopulista de la fuerza que le otorga el poder ejecutivo, y para lograr su victoria se hace de un carisma que aprovecha al máximo por la despolitización ciudadana; que se originó por la crisis en la función de los partidos políticos tradicionales. Fenómeno presente en nuestras instituciones Huecas o mal institucionalizadas, como ya lo había anunciado Larry Diamond, y, a su vez; La política contemporánea es cada vez más una compleja articulación de técnicas”10. De ahí deviene una suerte de democracia plebiscitaría por principio demagógico que fundamentan los outsiders de la política proyectada en los medios de comunicación.

Por lo tanto, y en cierto modo, cabría decir que los medios de comunicación, y bajo su influjo en la representación política, logran cambiar la cultura política (tanto en el ámbito positivo como en el negativo) del comportamiento político dentro de los países en donde éstos actúan dependiendo de la situación de conflictividad entre gobierno, ciudadanos y medios de comunicación11. Y permite al ciudadano acceder (no todos por supuesto) a los medios para manifestar sus criterios y puntos de vista.

Hoy más que nunca, es necesario recrear la vinculación entre Estado y mercado, corporaciones transnacionales multimedia, procesos de concentración industrial y desarrollo económico local regional, estudiando las nuevas formas de partidos cosmopolitas (Beck, 2002) dentro y fuera de las fronteras a fin de diseñar alternativas de control democrático a la comunidad.

Bien se puede pensar que los nuevos liderazgos en su gran mayoría se presentan ante los ciudadanos con una personalidad carismática, más no de tipo racional legal (Weber) que comporta una plataforma partidista. Por empezar “de esta manera, el populismo, parecería un pretexto, a un membrete a falta de otro mejor, para referirse a una diversidad de temas”12. Los cuales por su diversidad se deben plantear en el contexto sociológico político de cada sociedad en donde aparezca el fenómeno del populismo o, neopopulismo como forma para explicar los modos de conducción de un gobierno determinado por su líder, porque responde a nuevos liderazgos políticos, cuyo significado no es muy claro de definir.

Felipe Burbano de Lara se pregunta, y la comparación con lo acá esbozado se nos presenta pertinente. “¿Hasta dónde son populistas o neopopulistas estos liderazgos, y a partir de qué empiezan a ser fenómenos con identidad propia, con rasgos nuevos y específicos?”13.

Se podría responder, siguiendo, por su puesto, a Felipe Burbano de Lara; que la forma clásica del populismo respondía a las masas urbanas, como por ejemplo los Descamisados en la Argentina de Perón; En el caso del neopopulismo, responde a la insatisfacción de los ciudadanos descontentos-despolitizados-cansados, con la forma partido de llevar el manejo del Estado. De hecho el término neopopulismo con sus practicas neoliberales y excluyentes desplaza el término clásico de populismo, complicando aún más su clara definición para la política como ciencia y para las soluciones dentro de las administraciones publicas del subcontinente.

Los neopopulismos, “se trata de una forma de liderazgo muy personalizada que emerge de una crisis institucional de la democracia y del Estado, de un agotamiento de identidades conectadas con determinados regímenes de partido y ciertos movimientos sociales, de un desencanto general frente a la política, y del empobrecimiento generalizado tras de la década perdida”14.

Por sus consecuencias, “la crisis política en Venezuela se ha asociado principalmente a la agudización de los problemas políticos y económicos registrados desde 1989. Ésta, habría sido determinante tanto en la frustración de las expectativas depositadas en la democracia de partidos como en la decepción general respecto de los líderes que la habían encabezado. Más aún, el déficit fiscal, la recesión y la inflación, habrían actuado como ingrediente económico disolvente de las lealtades, favoreciendo la gran desafección hacia los políticos y la política”15.

En consecuencia, “los factores económicos de la crisis; sirven para explicar la caída institucional en las preferencias políticas, que se correspondieron a una repentina pérdida de interés de la población (como lo hemos llamado, la desafección a los políticos y la política) por la consolidación institucional y la democratización, urgida ahora por nuevos y alarmantes problemas socio-económicos”16.

Ahora bien, si en una época se despolitizaba la sociedad civil en Venezuela, a raíz de la poca credibilidad en los partidos políticos tradicionales. Ahora se presenta una repolitización dentro de la misma sociedad, cansada ésta de los abusos de poder por parte del presidencialismo excesivo neopopulista del presidente, que está tendiendo más a posiciones de carácter autoritario, que de tipo democrático.

II. Medios de comunicación y conflicto social

Cuando se plantea lo social y en especial sus conflictos políticos y económicos, tratamos de procurar lograr un cambio aunque sólo sea de manera teórica. Porque lograr hacer realidad las mejoras sociales y económicas no sólo parte de la razón, parten de una voluntad política y de verdaderos líderes dispuestos a cumplir con sus proyectos. Y es precisamente en éste punto en donde los medios de comunicación e información nos aportan sus beneficios para superar el conflicto social para tratar de mejorar la desesperanza en determinados momentos de tensión social.

En tal sentido para crear y generar Capital Social en nuestra región, es de suma importancia, respetar los pactos y acuerdos políticos, que hoy por hoy no se respetan, y mucho menos se ponen en práctica en gran parte de las estructuras burocráticas de los gobiernos. Que se basan en su práctica política cotidiana en generar desconfianza tanto a niveles internos del sistema, como a niveles externos de este. Porque lo fundamental para construir y lograr que la democracia funcione, es generando responsabilidad y asociación, basados en el respeto mutuo para hacer más prospera y confiable la vida en la democracia. Fenómeno que debe estar presente en las proyecciones políticas y programación de los medios en su comunicación política.

Indudablemente, “el flujo de la información política es un proceso vital en el sistema político. Los individuos, las organizaciones y los gobiernos dependen de información oportuna (incluso con prescindencia de su calidad, aunque siempre se exija exactitud) para tomar decisiones y coordinar actividades” (Peña, 2001:12).

En efecto, los medios de comunicación, conjuntamente con las instituciones democráticas pueden lograr una coordinación para las nuevas formas democráticas del siglo XXI que se presentan transnacionales pero a la vez locales. De allí establecer la solución de los nuevos conflictos en la sociedad global de riesgo (BecK, 2002) dentro del ideario cognitivo de los receptores de mensajes de las informaciones que a diario rotulan el mundo del pensamiento, de lo político, lo social, lo cultural y lo económico.

Lisa y llanamente, “es un hecho que ya no son los gobernantes, ni los políticos los que dialogan constantemente con la opinión pública; ni es la soberanía popular, la sociedad, la que dialoga directamente con los políticos y gobierno. El diálogo entre individuos y sociedad, sociedad y políticos, políticos y gobierno, se realiza, en buena medida, a través de los medios” (Osorio, 2002: 23).

No en vano ese cambio dentro de los patrones de comportamiento en la cuestión cultural mediática, exige a los actores políticos y sociales en Venezuela inmiscuidos en el desarrollo de las políticas, tanto culturales como económicas, el planteamiento que vaya en-pro de profundizar las bases de la democratización. Porque si bien Venezuela es un país democrático en su cultura política ciudadana, ahora transcurre por los precipicios del autoritarismo con tintes neopopulistas de nuevo cuño. En tal sentido para la Venezuela del futuro es importante superar este neo-populismo, autoritario clientelar, que bajo el engaño se ha instaurado en el poder elegido por voto popular en diciembre de 1998. Y que en estos tiempos de continuada crisis político institucional económica no cesa de violar el Estado de Derecho y los preceptos constitucionales.

Asimismo se destaca que; “en el caso de Venezuela, la movilización desestabilizadora de la oposición antichavista, cuyo punto culminante lo encontramos en el paro petrolero de diciembre de 2002-enero 2003, debe considerarse como la respuesta social a la deriva autoritaria del desgobierno de Chávez, en momentos en que éste incorpora en su proyecto medidas y decisiones de corte arbitrario (designación incoherente de sus colaboradores, solidaridad automática con aquellos que aparecen incursos en escándalos de corrupción, abandono de la prometida descentralización administrativa), que lo va alejando significativamente de la política democrática” (Ramos J., 2004: 23).

Ahora bien, las perspectivas políticas, económicas y sociales de hoy día, se deben enfocar en una discusión sobre las bases culturales de la sociedad venezolana como las formas de gestión pública y las formas mediáticas para que las decisiones sean cónsonas con las nuevas imágenes del mundo global y sus efectos en lo local. En todo caso, se requiere una noción política glocal (local-global) sustentada en una pluralidad de intereses que acentúe la interacción entre cultura y ciudadanía, video política y Mass-media, para la construcción de otro tipo de concepción de modernidad en la que los distintos sectores puedan convivir al interior de la sociedad venezolana y de las sociedades en general.

La razón del problema gira entorno a la personificación, sin apoyo partidista de los nuevos líderes outsiders. Por tanto, “los líderes políticos en vez de representarse en programas, estrategias e ideologías definidas, se transforman en personajes, asumiendo el papel de héroes o de hombres comunes que demuestran ser exitosos y carismáticos. Consecuencia de ello es la personalización de la política, a la que podríamos definir también como la instauración de una egocracia: un régimen de lucha política basada en la exhibición de un yo gigantesco, en la autovaloración de las cualidades individuales y en la consecuente desvalorización o incluso interiorización de los otros adversarios” (Cerbino, 2003: 25).

Los recientes acontecimientos en la región andina en países como Perú, Ecuador, Bolivia, Venezuela y en un país del cono Sur como Argentina, se están configurando a nuevas crisis políticas, y estas crisis suelen tener distintas causas y ser, ya sea, de naturaleza económica, social o política. En todo caso, plantean a los ciudadanos que las viven afrontar nuevas realidades y formas de participación para superar dichas crisis. Es entonces donde entran a jugar un papel relevante los Mass-media en la defensa de las demandas de los ciudadanos y en muchos sentidos hasta en la defensa de la propia democracia en pro de la generación del Capital Social.

En tal sentido, “Esta sistemática orientación por parte de los medios, que no diferenció actuación de personas del papel de las instituciones, unida a hechos de corrupción e ineficiencias, minó la confianza de la ciudadanía en sus expresiones legítimas de representación democrática y este proceso terminó fortaleciendo los medios” (Cañizales, 2003: 31).

Asimismo alcanzar distintos grados de profundidad para tener impactos diferenciados al interior del sistema político, además de la sociedad. Con todo, ese tipo de crisis no constituye un hecho excepcional en los regímenes y gobiernos democráticos. Nos atreveríamos a sostener que enfrentar estas crisis y resolverlas de forma adecuada y eficazmente es una condición de la estabilidad de la gobernabilidad que en muchos sistemas políticos se presenta con mucha debilidad a la hora de gestionar los acuerdos y superar la corrupción que agobia los sistemas en la región. De hecho, medios y política, medios y ciudadanos, medios y partidos, medios y gobierno, permitirán el desarrollo de un mejor control sobre el cumplimiento del oficio del profesional de la política. Es decir un mejor accountabilty.

En sí, la rendición de cuentas es, por una parte, un acto de reconocimiento y subordinación frente a la autoridad institucional y, por otra, una reafirmación de la soberanía ciudadana. Esto sólo es posible hacerlo de forma seria si existe un sistema de evaluación confiable y de información transparente. De otra forma, corre el peligro de transformarse en un ritual intrascendente, o en un proceso demagógico donde lo que menos interesa son los resultados de la administración pública.

Las crisis políticas, sociales y económicas que enfrentan los gobiernos pueden ser endógenas como exógenas. Las primeras son todas aquellas crisis que, por lo general, suelen ser producidas por la propia gestión gubernamental al no cumplir con determinadas políticas públicas, y promesas electorales, o por factores de corrupción. Y las segundas, son aquellas que los gobiernos deben enfrentar producto de factores internacionales, como los casos de flujos emigrantes, inmigrantes17, terrorismo u narcotráfico, o las producidas por los medios de información, y comunicación, dependiendo del conflicto.

Unas y otras deben ser adecuadamente procesadas y atendidas por los gobiernos. De no hacerlo los gobiernos se exponen a lo que los especialistas han denominado crisis de gobernabilidad, o sea (como ya se ha dicho) la incapacidad manifiesta por parte de las instituciones de atender, procesar, administrar o resolver, en forma adecuada una crisis interna o externa. Provocando con ello una crisis de gobernabilidad dentro de un sistema político que genera el desgobierno.

Ahora bien, los gobiernos para beneficio de sus sociedades deben contar con mecanismos institucionales democráticos para enfrentar las crisis de gobernabilidad. Fundamentalmente para que éstas no pongan en peligro, o se conviertan en una amenaza para el sistema político democrático, o para el normal funcionamiento de las instituciones democráticas.

Es evidente que estas mecánicas políticas opositoras impulsan una movilización social a través de diversas acciones colectivas, tales como: paros, cacerolazos, enfrentamiento con las fuerzas del orden, saqueos, marchas, mítines, apagones, huelgas nacionales o sectoriales. Y todas éstas maneras de manifestaciones debidamente transmitidas por los medios de comunicación e información, generan inestabilidad dentro del sistema político. Se crean de este modo acciones colectivas de protesta, ampliamente conocidas y practicadas en América Latina que en las últimas dos décadas han propiciado, el fin de las dictaduras militares, fin de los populismos demagógicos, el inicio de procesos de democratización y/o la instalación de gobiernos democráticos. Así como el agotamiento de gobiernos corruptos e ineficaces como pasó en Argentina del gobierno De La Rúa y como pasó en la Venezuela de Carlos Andrés Pérez II, y está pasando a la “revolución bolivariana” de Chávez. Ello para decir solo algunos casos. Pero lo cierto es que ha sucedido en muchos países de la región como en Perú (Fujimori, y en los actuales momentos la poca popularidad de Toledo); Ecuador (Bucaran, Jamil Maguad, luego victoria de Lucio Gutiérrez), y recientemente en Bolivia con la salida de Sánchez de Losada y la llegada al poder de un outsider de la política como Carlos Mesa. Fenómeno que se repite en todas las democracias andinas, bien sea en los niveles nacionales como en los locales.

Estos conflictos pueden contener distintos grados de legitimidad política en cuanto es la expresión de distintas demandas ciudadanas en torno a las malas políticas implementadas por sus gobiernos, provocando una situación de crisis de gobernabilidad, o sea, no sólo a la incapacidad de resolver la crisis que dio origen al conflicto, a la movilización social, sino que el gobierno pierde el control del orden interno de la sociedad irrespetando el Estado de derecho que es incapaz de garantizar.

En tal sentido, la gobernabilidad democrática en Venezuela a raíz del declive de los partidos políticos tradicionales y la disfuncionabilidad con respecto a la sociedad civil, no afianza el fortalecimiento de la legitimidad del sistema político. De modo que en Venezuela no se puede hablar de una gobernabilidad positiva en la medida en que el gobierno pueda simultáneamente mantener la legitimidad y promover el desarrollo socioeconómico18.

Por sus consecuencias, está mecánica de las crisis de la gobernabilidad política manejada en algunos aspectos por los medios de comunicación e información produjo el derrocamiento en Ecuador de Jamil Mahuad en 1999, la renuncia del presidente Fernando de la Rúa en Argentina, la caída en primera instancia del presidente Chávez en Venezuela el 11 de abril de 2002 y su posterior regreso al poder 3 días después. Así la renuncia de Sánchez de Losada, en Bolivia, el cual vivió la presión de grupos de indígenas liderizados por Evo Morales, y publicitado en los medios de comunicación, lo que causa su salida, luego de varios días de fuertes protestas callejeras que producen varios muertos, lo cual lleva a Carlos Mesa a la presidencia de Bolivia por ser el vice-presidente.

En estas situaciones de inestabilidad política señaladas, la mecánica tuvo éxito. En ellas triunfaron los opositores, conjuntamente con las políticas de los medios para tal fin.

Aunque para la corta caída de Chávez el 11 de abril de 2002, la oposición liderada por el presidente, para ese entonces de FEDECAMARAS Pedro Carmona Estanga, no logra consolidarse, por su radical destrucción al orden constitucional establecido por voto popular en la constitución de la República Bolivariana de Venezuela de 1999. Éste, es destituido por un nuevo y sorpresivo movimiento militar que demanda su renuncia y la entrega del gobierno de Carmona y devolver al recién destituido Hugo Chávez Frías, que retorna al poder el 13 de abril de 2002. Así todo vuelve, “aparentemente, la normalidad institucional democrática”. Sin embargo, el retorno de Chávez al poder, ha dinamizado el conflicto y el ataque hacia los medios de comunicación por parte del presidente.

Por su parte la respuesta del desgobierno de Chávez y su grupo ha sido la postulación de una Ley de Contenidos para regular y reglamentar la función de los medios de comunicación en Venezuela, y está propuesta legal se presenta viciada y llena de contradicciones para el libre ejercicio de los medios de comunicación en dicho país.

Entre tanto, los movimientos sociales, y la protesta social no son privilegio exclusivo de las izquierdas o de los sectores populares como muchas veces se tiende a pensar, sino que son acciones colectivas que pueden ser activadas y desarrolladas por distintos grupos y actores sociales, económicos y políticos existentes en la sociedad civil. La protesta social, y política desarrollada por los sectores dominantes a través de algunas organizaciones gremiales en Venezuela, como lo fueron: la obrera (CTV) y patronales (FEDECAMARAS), petróleos de Venezuela (PDVSA) en dicho país, conformaron un movimiento social blando de la derecha. El cual puso en marcha una estrategia política basada en un determinado repertorio de acciones colectivas destinadas a acumular fuerzas sociales y políticas adversas al régimen, con el objetivo de la realización de un paro general nacional transmitido y apoyado por la mayoría de los medios de comunicación e información de Venezuela, sin lograr éxito para la renuncia del presidente que era el objetivo propuesto. Y desarrollando una mecánica poco democrática, de la que el ejecutivo supo sacar ventajas en los predios internacionales para acusar a sus opositores de “Golpistas”.

No en vano, Andrés Cañizales ha observado que: “la pugnacidad en el discurso presidencial ha sido un elemento clave para entender la crisis venezolana. La importancia que le concede el mandatario a la repercusión mediática de sus acciones, y la misma necesidad expresa de que su discurso se expanda (y por ello apela a las cadenas) nos hablan de la estrecha relación sobre cómo se construye la política en nuestros días. La discusión a través de la televisión que Chávez le da a algunas decisiones suyas, llegando al extremo de que algunos colaboradores se enteraron que habían sido despedidos a través de la pantalla chica, lo que lleva a esta categoría: los medios no solo son el canal para articular la política, sino que la política misma se construye desde la dimensión mediática” (Cañizales, 2003: 34).

Sinembargo construir la política desde la dimensión mediática, plantea el amplio poder que hoy día poseen los medios de comunicación masiva, y puede llegar a convertirse en un procedimiento que, basado, en una estrategia que va de la mano de los poderes empresariales pueden, en pro de intereses privados, dinamizar o disminuir el conflicto, que para el caso venezolano fue, y es, el arma política prioritaria, tanto del ejecutivo como de la oposición. Ello sin mediar, en las consecuencias generadas para el buen desempeño y funcionamiento de la democracia.

El problema que enfrenta Venezuela en la actualidad se ha tratado de solventar, primero, luego del movimiento blando de derecha que generó el vació de poder en abril de 2002 con una mesa de negociación (para la oposición) y de diálogo (para el gobierno) que buscó solventar la grave crisis de gobernabilidad por la que atraviesa el ejecutivo y su deslegitimación ante la mayoría de los ciudadanos. Y en donde los medios jugaron un rol fundamental para el establecimiento de la agenda a discusión en la mesa de negociación. Segundo, llegar a un acuerdo político para la realización de un referéndum presidencial previsto en la constitución de Venezuela de 1999, propuesta por el propio ejecutivo y que ha sido un dolor de cabeza para Chávez por irregularidades en su realización que ha gozado de poca legitimidad por parte de la mayoría de la sociedad civil, acusando al gobierno de hacer trampa para relegitimarse en el poder por medio del referéndum que se llevó a cabo el 15 de agosto de 2004. Más que un referéndum dicho acto pareció un plebiscito. Por ello su legitimidad de origen cae en picada.

Aunado a los medios se encuentra la sociedad civil que demanda, tanto al gobierno como a la oposición soluciones políticas concretas para salir de la crisis política y económica que enfrenta Venezuela.

Si bien hemos venido analizando la confrontación medios y políticos en Venezuela. Debemos agregar por tanto, que para el desarrollo de la democracia en el siglo XXI son importantes los medios de información y comunicación como formas deliberativas y pluralistas dentro de una sociedad democrática. Negar la participación de los medios es negar los cambios que se están generando a raíz de la globalización económica y la globalidad política en torno a las nuevas formas de representación.

Baste decir aquí que nada nos protege mejor de los autoritarismos que el desarrollo de una acrecentada y sólida cultura política democrática representativa extendida por toda la sociedad civil y en los aparatos del Estado, especialmente en las Fuerzas Armadas, en los gremios y sindicatos, en las organizaciones sociales, en los partidos políticos, y, sobre todo, en la ciudadanía.

Pero para el debate que hoy nos reúne, nos apoyamos en la afirmación en la cual se expresa: “el nuevo poder de penetración adquirido por los espacios mediáticos, gracias a la confluencia de las tecnologías informáticas y de telecomunicaciones, sin lugar a dudas está modificando ampliamente los espacios en los cuales se desarrollan muchas practicas sociales” (Peña, 2002: 24).

En efecto la penetración de las tecnologías telecomunicativas como nos lo explica Peña Cedillo nos replantea lo institucional-tradicional hacia nuevas formas de interpretar la democracia y sus conflictos. En todo caso hablar ahora sobre la democracia sin ver los efectos que sobre ella tienen los medios de comunicación e información masiva, es dejar por fuera su necesidad para lograr que los ciudadanos y la sociedad civil organizada tengan un entendimiento con los poderes públicos y el Estado.

Asimismo y siguiendo la postura de Cañizales con respecto a la función de los medios, nos explica: “todo ello coloca a la ciudadanía y a la mayoría de los periodistas, bajo un fuego cruzado en el plano mediático, con un presidente completamente excedido en sus funciones y con unos medios literalmente dentro de la arena de la confrontación política. Este fenómeno tal vez sea el rasgo distintivo y expresión importante de la propia crisis política. Los medios han dejado de ser los canales mediadores por los cuales se hace (y se conoce) el relato de la crisis, para ser protagonistas de ese relato” (Cañizales, 2003: 36).

Ahora bien, para el establecimiento de una cultura política sólida en Latinoamérica es necesario el establecimiento de una política educacional clara y precisa. En éste sentido Marcelino Bisbal se pregunta: “¿qué desplazamientos cognitivos e institucionales están exigiendo los nuevos dispositivos de producción y apropiación del conocimiento a partir del interfaz que enlaza las pequeñas pantallas hogareñas con las pantallas laborales del computador y con las pantallas lúdicas de los video juegos?, ¿qué saben nuestras escuelas, incluso nuestras facultades de educación, sobre las hondas modificaciones en la percepción del espacio y del tiempo que viven los adolescentes, especialmente insertos en procesos vertiginosos de desterritorialización de la experiencia y de la identidad, y atrapados en una contemporaneidad que confunde los tiempos, debilita el pasado y exalta el futuro?, ¿Está la educación en América Latina haciéndose cargo de esos interrogantes?” (Bisbal, 2002: 2).

Al reconocerles ésta debilidad, las instituciones educacionales deben entender que para el futuro desarrollo de nuestra región es imprescindible comprender la necesidad de reestructurar los sistemas educativos para poder ser competitivos. Asimismo, el establecimiento de nuevas bases permitirá una mejor economía y ello repercutirá en una mejor democracia. Más sólida e institucionalizada bajo el apoyo deliberativo de los Mass-media.

En tal sentido podemos afirmar siguiendo a Raúl Trejo Delarbre: “los medios propician cambios políticos sin duda. Pero esa capacidad no implica que tales cambios sean necesariamente en un sentido democratizador, o que llegues a ser durable” (Trejo, 2000:16).

Hemos venido afirmando la necesidad de los medios en la función de la política, pero no podemos permitirnos el lujo de pensar que sin ellos no hay democracia. Los medios son necesarios como todos los componentes y actores políticos de la sociedad en la nueva era de la globalización e información. Lo que hemos querido significar acá es su necesidad para una mayor deliberación entorno a los intereses públicos que afectan los intereses privados de los ciudadanos y la sociedad civil.

En tal sentido, “los medios masivos en ningún sentido son panacea de nada. Pueden mejorarla, pero no sustituyen al menos del todo a la política” (Trejo, 2000:16).

De allí la importancia de establecer dentro de la democracia patrones políticos claros. En donde la función de los medios no solape la función política. El problema radica en la falta de credibilidad que el ciudadano común está profesando hacia los políticos y sus partidos. Éste fenómeno se registra en todas las democracias, tanto en las democracias consolidadas, como las que se encuentran en transición y en construcción.

En fin, para los políticos es necesaria su presencia en los medios, pero en especial en la TV y la prensa de gran tiraje. Lo que no debemos dejar pasar por alto es la necesidad que existe en toda Latinoamérica de afianzar la cultura política democrática de sólida base institucional, en donde lo político y la política tengan preeminencia a la hora de las negociaciones, y de esa manera evitar una mayor influencia de los medios a la hora del establecimiento de las agendas y la resolución de los conflictos políticos, económicos y sociales. Pero sí, aceptando su libre desenvolvimiento (de los medios de comunicación e información masiva) para la circulación de ideas y planteamientos democráticos que provengan desde otros entes opositores e ideológicos a los gobiernos.

En tal sentido, no todo es negativo, si de algo debemos estar complacidos con los medios de comunicación e información, es que le permiten al hombre como ciudadano destruir “los bastiones del aislacionismo cultural” (Monsiváis, 2000:213).

Además libera aquellos secretos que por tabúes se dieron en épocas pasadas, permitiendo así que nuestras generaciones amplíen su mapa cognitivo con respecto a todo lo relacionado con la educación, tecnología y cultura. Dando complejos procesos laicos, que han permitido liberarnos (aunque hoy todavía existen en muchas mentes) de dogmas opresores, de fascismos demoledores y de racismos. Está permitiendo que los feligreses decidan sin temor sus posturas religiosas y a las mujeres legalizar mucho más sus vidas. Lo que está implicando un reajuste en las formas de pensar el matrimonio o, las relaciones afectivas, entre muchos otros hechos de la razón práctica del mundo global mediático de la experiencia vivida del imaginario colectivo instituyente (Castoriadis, 2001: 96).

Para concluir digamos por lo tanto que los medios de comunicación e información telemáticos nos han reestructurado los modos de pensar y vivir en el mundo. También replantean las formas pasadas y tradicionales dentro de la función democrática de la política, pero, se debe advertir que los medios de información y comunicación nunca podrán superar la deliberación política cara a cara entre políticos profesionales, incluso, aunque éstos usen la pantalla chica, la prensa o la radio e Internet para discutir.

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Notas:

1 Véase, Ramos Jiménez, Alfredo (Editor) Los limites del liderazgo plebiscitario, en La transición venezolana. Aproximación al fenómeno Chávez. CIPCOM-ULA, 2002.

2 Para Bernard Manin: “Los medios de masas, no obstante, favorecen determinadas cualidades personales: Los candidatos exitosos no son los notables locales, sino lo que calificaríamos de personajes mediáticos, personas que tienen un mejor dominio de las técnicas de la comunicación mediática que otras. Lo que estamos percibiendo hoy no es una desviación de los principios del gobierno representativo, sino un cambio en los tipos de élites seleccionadas. Las elecciones siguen otorgando cargos a individuos con características distintivas; conservan el carácter elitista que siempre tuvieron. No obstante, una nueva elite de expertos en comunicación ha reemplazado al activista político y al burócrata del partido. La democracia de audiencias es el gobierno de los expertos en medios. Manin, Bernard. Los principios del gobierno representativo, Alianza Editorial, 1997, pág. 269.

3 Véase, Gil Calvo, Enrique. Exorcistas de escándalos. En Enrique Gil Calvo, Javier Ortiz y Manuel Revuelta. Repensar la Prensa, DEBATE, 2002.

4 Para más detalles sobre el término metapolítica, véase, Medios, Política y democracia, de Mauro Cerbino. En Íconos, Nº 16, Revista de FLACSO-Sede, Ecuador. Mayo de 2003.

5 De hecho, “La situación actual parece obedecer a dos causas. Primera, los canales de la comunicación política afectan a la naturaleza de la relación representativa: mediante la radio y la televisión, los candidatos pueden, de nuevo, volverse a comunicar directamente con sus circunscripciones sin la mediación de la red del partido. Ha pasado la época del activista y del hombre de partido”. Véase, Manin, Los principios del gobierno representativo, Alianza Editorial, 1997, pág. 269.

6 Para profundizar más sobre el término Capital Social, véase, Putnam y Coleman, sus estudios hacen referencia a la necesidad de construir Capital Social; bajo la confianza que los ciudadanos depositan en las instituciones, para de allí lograr acuerdos y propósitos para el buen desempeño de la democracia de calidad. De hecho, otros autores como, Pierre Bourdieu (+), Margaret Levi, Michael Taylor, Dietlind Stolle, Francisco Herreros, Henar Criado, Andrés de Francisco entre otros. Que en la actualidad están dando aportes sobre el desarrollo académico sobre el Capital Social como modelo de desarrollo autogestionario a contraposición de modelos económicos ya en desuso.

7 Véase para mayor análisis sobre la democracia, Ramos Jiménez, Alfredo. Las formas modernas de la política. Estudio sobre la democratización de América Latina. CIPCOM-ULA, Mérida 1997. También véase para el estudio sobre la democracia a Pasquino, Gianfranco. La democracia exigente. F.C.E 1999.

8 Día en que se realizó en Caracas-Venezuela una marcha de miles de opositores al régimen de Chávez la cual pretendió llegar hasta el Palacio de Miraflores para demandar la renuncia del presidente. La situación se torna violenta por los grupos Violentos afectos al presidente que impidieron el paso de la marcha, situación que desembocó en una balacera en donde mueren más de 19 personas. Precisamente esas muertes generan la caída de Chávez por sólo 3 días retornando al poder en la madrugada del 13 de abril de 2002.

9 Novaro, Marcos. Representación y liderazgo en las democracias contemporáneas. Argentina, 2000, p. 268.

10 Rivas Leone, José Antonio. “El outsiders Toledo”. El Nacional, sábado 9 de Junio de 2001, A/7.

11 Para Pierre-André Taguieff, “la comunicación televisiva se convierte en un sustituto de las practicas democráticas -algo así como la realización simbólica del sueño de la democracia directa”- Véase, Taguieff, Las ciencias políticas frente al populismo: de un espejismo conceptual a un problema real. Universidad Nacional de Quilmes, 1996, pág. 78. Y es la base de todo líder video-populista que aprovecha la televisión para su demagogia. O aprovecha la imagen para establecer su autoritarismo.

12 Burbano de Lara, Felipe. El fantasma del populismo aproximación a un tema (siempre) actual. FLACSO-Ecuador, Nueva Sociedad, 1998, p.9.

13 Ídem., p.10.

14 Ídem.,

15 Véase, García Samaniego, Francisco R. Crisis de representación y gobernabilidad en el sistema político venezolano, Colección de Documentos del Instituto Internacional de Gobernabilidad de catalunya, Nº 107, Barcelona-España, 2003.

16 Ídem.

17 Véase para mayor profundización sobre el debate de las migraciones a: Ludger Pries. La migración Internacional en tiempos de globalización, Revista Nueva Sociedad, Nº 164, noviembre – diciembre de 1999.

18 Véase, Alcántara Sáez, Manuel. Gobernabilidad crisis y cambio. Elementos para el estudio de la gobernabilidad de los sistemas políticos en épocas de crisis y cambio, 1994, Pág. 42.